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Zaragoza

De zulo de un secuestro a local de ensayo

Los tres zaragozanos que lo capturaron estaban en paro y el sótano era un taller de motos.

El sótano del edificio de la calle Jerónimo Vicens, 13, en las Tenerías, donde estuvo el zulo de Quini.
El sótano del edificio de la calle Jerónimo Vicens, 13, en las Tenerías, donde estuvo el zulo de Quini.
E. CASAS

Manuel Royo ha cambiado el ruido de las motos en el sótano de su casa por la compañía de un grupo musical rockero que ensaya todas las semanas. Conocía a sus vecinos mecánicos y electricistas en paro que acabaron metidos en el secuestro del futbolista Enrique Castro 'Quini' para salir de la crisis de los años 80. Nunca pensó que dormiría encima de un amplio zulo al que los secuestradores zaragozanos llevaban todos los días bocadillos que compraban en el bar La Mazmorra y consiguieron una televisión para que viera partidos de fútbol.

"Tenía muy buena relación con Sendino (uno de los implicados) porque era electricista y si tenía un problema, me lo arreglaba. Eramos vecinos y ya no he vuelto a verlos después del secuestro", detalla Manuel Royo. Nadie sospechaba nada porque el taller de motocicletas era la tapadera perfecta para esconder al deportista asturiano en un habitáculo tapiado dentro del sótano. "Metían comida por el techo y subían por una escalera", explica el vecino.

"A Pellejero se le fue 'la mui' (confesó a la Policía) porque viajó a Suiza a por el dinero... Solo vi que hacían agujeros para pasar cables, pero todos pensábamos que Quini estaría en Francia. Esa noche vimos una pareja (de policías) por la calle y pensamos que iban a ser maricones. Empezaron a hacer ruidos, rompieron la puerta y no nos dejaron salir, pero a los diez minutos lo sacaron y se lo llevaron en el coche", recuerda Manuel Royo, un vecino que aún resiste alquilado en el piso, 30 años después del cautiverio que puso a Zaragoza en los periódicos, las radios y la única televisión.

"Agua pasada y todo enterrado"

Un hermano de uno de los implicados reside cerca de esta calle de las Tenerías, pero cuando lo localizamos, opta por olvidar. "Es agua pasada. Todo se ha olvidado y enterrado. Nos han llamado dos mil periodistas y siempre es la misma canción. Si Quini os manda a nosotros, nosotros os lo devolvemos a él", respondió. "Alguna vez llaman y lo ponen en un compromiso porque de eso ya no quieren hablar", contesta un familiar del cerebro del secuestro.

La paradoja es que la víctima Enrique Castro, que ha optado por el silencio con los medios después de cruzar el calvario del cáncer en 2007, pidió el año pasado en un acto de homenaje celebrado en Zaragoza con los árbitros aragoneses que le gustaría hablar con los secuestradores.

Uno de los abogados defensores de los acusados, Emilio Zegri, explica que fue un caso inolvidable porque los acusados "no eran sofisticados sino ingenuos al pedir el pago del dinero en Suiza". "Conseguí que el tribunal aplicara la eximente del estado de necesidad porque estaban en paro y Quini hasta parecía sufrir el síndrome de Estocolomo al perdonarlos. En la cárcel Modelo fueron presos modelo (envía un ejemplar del diario 'Dicen' que glosa el perfil de arrepentidos y trabajadores en prisión)", valora el letrado defensor. El fiscal rebajó la pena de 20 a 13 años.

El periodista José María Turmo vivió ese turno de noche con la pasión de la profesión periodística de entonces, que se vivía más de madrugada que por la mañana. "Nos llamaron desde la Jefatura de Policía y me tocó ir a cubrirlo para HERALDO. Fue una noticia de alcance y muy inesperada en todo el país. A mis hijos les cuento que Quini era entonces como si se tratara hoy de Messi. Se vivió una tremenda conmoción deportiva y social (2.000 personas lo esperaron esa madrugada en su casa de Barcelona)", señala Turmo.

Especial relación con la ciudad

El futbolista (actual segundo entrenador del Sporting) estaba demacrado cuando salió del zulo y declaró que había temido por su vida, pensó que no iba a volver a su casa con su mujer e ignoraba dónde se encontraba. A pesar de ese shock que sufrió en Zaragoza, el Brujo Quini mantiene una especial relación con la ciudad porque todos los años que regresaba a la Romareda lo aplaudían.

En el juicio celebrado en la Audiencia de Barcelona dos años después, el futbolista declaró: "Yo les perdono, si lo hicieron es porque a lo mejor no tenían otra salida o ellos no creían tenerla... si por mí fuera podrían irse ahora a sus casas con sus familias". Manuel Royo, el vecino, cuenta que un día Quini volvió al lugar. Siempre que pasa por Zaragoza, entra a rezar en el Pilar. Creyó que lo mataban y se abrazó a los secuestradores. Hoy podría ir a un concierto.

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