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EDUCACIÓN

El número de alumnos que solicitan cursar religión cae un 10% en una década

La Iglesia achaca el descenso a fallos como retrasos en la contratación de los profesores. Los padres critican que la asignatura alternativa carece de contenido formativo.

Las clases de religión católica en las escuelas públicas aragonesas han perdido un 10% de su alumnado en la última década en beneficio de la asignatura alternativa, que ha pasado de contar con el 37% al 47% de los escolares. El descenso se acusa en los niveles de secundaria y en las ciudades, según los datos del Ministerio de Educación, confirmados por la DGA y el Arzobispado de Zaragoza. ¿Marca esto una pérdida progresiva de interés por la doctrina católica?

Para la Iglesia, esa no es la causa, al menos, no la única ni principal. El deán del Cabildo metropolitano y delegado de enseñanza, Manuel Almor, reconoce que la existencia de un porcentaje de gente indiferente ante lo religioso -«marcada por la dictadura del relativismo»- influye. Pero lo hace también que haya «ciertos sectores» que creen que la religión debe estar fuera de la escuela. Y, sobre todo, que la enseñanza religiosa y sus profesores no estén «suficientemente apreciados», lo que acaba «deteriorándolos».

Como ejemplo, el deán recuerda que los profesores de religión de infantil y primaria dependen del Ministerio -los de secundaria, de la DGA- y que se han dado casos de colegios en los que esos profesionales no han podido incorporarse hasta finales de noviembre. «Nosotros proponemos a los docentes en julio, pero es Madrid quien los aprueba y en ocasiones lo hace tan tarde que el curso comienza sin tener resuelto este asunto. Es normal que esto enfade a los padres», se queja Almor. Como solución, propone que el Ministerio transfiera a la DGA las competencias de estos profesores.

Otra lectura aporta la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Aragón (Fapar), que aboga por una escuela laica con clases de religión fuera del horario lectivo, como asignatura extraescolar. «Resulta complicado determinar a qué se debe la pérdida de alumnado. Pero las cifras dejan claro que se pierden matriculados a partir del curso en el que se hace la primera comunión, y en secundaria, cuando ya no son los padres los que eligen por los alumnos», expone Ana Abán, presidenta de Fapar.

Los estudiantes que escogen religión la cursan durante hora y media a la semana en infantil y primaria y una hora al pasar a secundaria. Los que prefieren no matricularse en ella deben asistir a la asignatura denominada 'alternativa'. El contenido de esta no convence ni a los padres ni al Arzobispado. Los primeros consideran que carece de contenido: «No hay una verdadera opción que elegir, no se da una actividad realmente formativa. En la mayoría de los casos se dedica esa hora al estudio», cuenta Abán.

Los segundos indican que hay casos en los que la alternativa se da de tal manera que provoca «una discriminación a la religión en el sentido horario». Como ejemplos, Almor cuenta que se han dado casos en los que los colegios ponen religión a primera o última hora y a los que no la cursan les dejan irse a casa o salir al recreo. «En algunos institutos se pone por la tarde, con lo que los que hacen religión son los únicos que van después de comer. Con esto es difícil competir», añade.

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