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El municipio de La Cerollera se convierte en el primer paraíso fiscal del automóvil en España

Los paraísos fiscales están más cerca de lo que parece. Suiza, Mónaco o las Islas Caimán figuran entre los más conocidos, pero a 33 kilómetros de Alcañiz emerge un nuevo oasis para los cerebros de las finanzas. Sobre todo, para aquellos que trabajan para empresas con grandes flotas de vehículos. El pequeño municipio turolense de La Cerollera tiene censados tan solo 124 habitantes, pero cuenta con un parque móvil de alrededor de 26.000 vehículos, de los cuales 15.119 fueron matriculados en 2007. Y no es que cada vecino guarde en el garaje 210 turismos, que esa es la media que resulta de dividir los vehículos empadronados por el número de habitantes. Lo que ocurre es que el bajo coste del impuesto sobre vehículos de esta localidad no ha pasado desapercibido para las grandes compañías de transporte, que domiciliando sus coches, furgonetas o camiones en este rincón del Bajo Aragón consiguen ahorrar miles de euros al año.

El último informe de Automovilistas Europeos Asociados (AEA) sitúa a La Cerollera a la cabeza del ranquin nacional de vehículos por habitante, por delante de tradicionales paraísos ubicados en el entorno de grandes capitales como Madrid, Barcelona o Valencia. El éxodo de los parques automovilísticos empresariales hacia los pequeños núcleos rurales no solo ha repercutido en las arcas de un municipio aragonés. De hecho, entre los diez primeros lugares de esta lista aparece también Retascón. En el caso de la localidad zaragozana, que ocupa el sexto puesto, los habitantes censados son solo 95 y los vehículos matriculados en el último ejercicio fueron 1.351.

El fenómeno no parece pasajero, ya que la tendencia es claramente al alza. No en vano, La Cerollera tenía 2.524 vehículos en 2004 y la cifra actual ronda los 26.000. Solo en el último año, el parque móvil se ha multiplicado por dos. El crecimiento es espectacular y dista bastante del movimiento de matriculaciones que se ha registrado en el resto de paraísos nacionales. Tanto es así, que los cuatro situados por detrás del aragonés -Rajadell (Barcelona), Relleu (Alicante), Sarratella (Castellón) y Aguilar de Segarra (Barcelona)- tienen un incremento conjunto similar al alcanzado por La Cerollera a título individual.

Tarifas libres, con unos límites

La ley permite a cada ayuntamiento fijar libremente su tarifa dentro de unos márgenes. Y según el informe de la AEA, es esta discrecionalidad la que hace que un mismo vehículo pueda llegar a pagar hasta un 300% más, según el lugar en el que esté matriculado. Entre las ciudades españolas más caras figuran San Sebastián, Barcelona, Tarragona, Lérida, Palma, Cádiz y Castellón. En el extremo opuesto estarían Melilla, Ceuta, Soria, Zamora, Pamplona, Palencia, Cáceres o Huelva. En cualquier caso, hay un dato que revela hasta que punto los privilegios fiscales están modificando el mapa de matriculaciones en España: en solo diez municipios están inscritos el 20% de los vehículos de empresa del país.

"La búsqueda de estos paraísos fiscales del automóvil arranca en el año 2002, cuando desaparecen los distintivos provinciales de las matrículas", explica el presidente de AEA, Mario Arnaldo. "Se trata además de una práctica completamente legal -añade-, ya que la ley de haciendas locales no exige a las personas jurídicas tener el domicilio social en la localidad donde matriculan los vehículos".

De las capitales de provincia aragonesas, la más asequible es Zaragoza, donde un turismo medio (de 11 caballos fiscales) paga 56,40 euros al año. Por este mismo vehículo se pagarían 57,96 euros en Teruel. Los precios más caros se abonan en la capital oscense, con recibos de 65,30 euros. En cuanto a los vehículos pesados, (de más de 20 caballos fiscales) las tasas más baratas son las de Teruel, donde se cobran 206,70 euros al año. Le siguen Huesca y Zaragoza, con 218,3 y 223 euros, respectivamente.

Casi 50 euros de diferencia

Para un empresa con una importante flota (de camiones de transportes o de turismos de alquiler), las ventajas de matricular sus vehículos en lugares como La Cerollera o Retascón son enormes. En ambos casos, sus ayuntamientos han rebajado al máximo las tasas, estableciendo diferencias abismales con sus capitales de provincia. De hecho, un turismo de gama media (como un Renault Megane con motor 1.6) paga 8,52 euros anuales en estos dos paraísos fiscales aragoneses. Sin embargo, si el titular del coche reside en Teruel capital, el precio a pagar sube hasta 57,96 euros.

El ahorro de costes es tan importante, que las empresas del sector no dudan en abandonar la gran ciudad. Para los responsables municipales de estas pequeñas localidades, se trata además de unos ingresos caídos del cielo, por lo que plantean pocas trabas a los interesados. No en vano, ninguno de los más de 15.000 vehículos matriculados en 2007 La Cerollera desgastará el asfalto de sus calles.

El único fantasma que se amenaza a estos emergentes paraísos fiscales del automóvil es la competencia. Porque ya son muchos los alcaldes que están lanzado el cebo.

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