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PATRIMONIO

El convento invisible de Ladruñán sale a la luz

Un campo de trabajo reunió en la pequeña localidad de Ladruñán a jóvenes de toda España para trabajar en la recuperación de los accesos al convento de la cueva de los monjes servitas. Los participantes también realizaron actividades lúdicas y culturales

Los frailes servitas que, en la Edad Media, construyeron en una cueva el convento de Ladruñán -pedanía de Castellote- abandonaron el lugar a su suerte hace cinco siglos tras décadas de ocupación. Pese a la pericia con que fue construido el monasterio, las lluvias, los incendios y la lenta labor de la vegetación y del tiempo fueron poco a poco escondiendo el edificio hasta hacerlo invisible para muchos de los viajeros que se acercaban hasta la localidad.

Esa invisibilidad y el abandono parecen tener los días contados. Un campo de trabajo con once jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 26 años llegados de toda España ha dedicado tres semanas a la recuperación de los accesos al antiguo convento, que aunque hoy está en ruinas, todavía conserva las estructuras principales que permiten hacerse una idea de las dimensiones que pudo tener en el siglo XV.

"Es la primera vez que hemos conseguido ayudas suficientes y jóvenes interesados tras varios años solicitándolo", explica Cristina González, directora del campo de trabajo y vecina de Ladruñán. "Queremos que la gente pueda visitar y tomar conciencia de la importancia de este patrimonio". Un patrimonio que se uniría al resto de atractivos con los que cuenta esta pequeña localidad que depende administrativamente del Ayuntamiento de Castellote.

Los once jóvenes proceden de lugares tan alejados como el País Vasco, Andalucía o Alemania, y este verano reservaron 20 días para el campo de trabajo de Ladruñán, lo que les ha permitido realizar una labor solidaria, convivir y conocer a otros jóvenes y aprender más sobre la historia y el patrimonio del Maestrazgo turolense. "Se formó un grupo de chavales muy majo que trabajó a gusto en este proyecto", comenta Olga Recuenco, una monitora.

Entre las actividades realizadas en el campo de trabajo recién finalizado, figuraron la recuperación del camino de acceso al convento de la cueva, la señalización mediante estacas pintadas y la construcción de badenes y arquetas para proteger el camino de la erosión.

Estas actividades se realizaban durante las horas matinales, hasta el mediodía, aprovechando los momentos en los que mejor se soporta el calor. Por la tarde, los jóvenes disponían de un variado programa lúdico y cultural que incluyó charlas sobre la historia de las órdenes religiosas, tiempo de ocio en las piscinas de los pueblos y marchas senderistas por otras localidades del Maestrazgo como Cuevas de Cañart.

Precisamente en esta última localidad los monjes servitas construyeron otro convento tras marcharse del de Ladruñán, que, probablemente, abandonaron de forma precipitada debido a un desprendimiento de rocas de la cueva bajo la que estaba construido. El convento está datado en el siglo XV, y durante décadas estuvo habitado por monjes de la orden de los Siervos de María. "Era una orden ligada a los templarios, pero hoy en día todavía sigue siendo muy desconocida", explica González.

Estos frailes no eran guerreros, sino estudiosos y místicos que eligieron un enclave como Ladruñán por las impresionantes características paisajísticas y de aislamiento que ofrece. El convento, construido en piedra bajo el abrigo de una enorme cueva a más de 1.000 metros de altitud, cuenta con espacios que todavía permiten acercarse a las proporciones que tuvo durante sus años de esplendor.

Cuatro niveles de estancias permitían salvar el fuerte desnivel donde fue construido y en la superior todavía se conservan algunas paredes de piedra con arcos de ventanas y puertas. "Creemos que estos monjes no vivían al margen de la Iglesia, sino que dependían de ella y estaban respaldados por otras órdenes que les sustentaban financieramente", indica González.

Ladruñán, un núcleo el que actualmente apenas viven una veintena de vecinos durante los meses invernales, acogió durante veinte días con especial alegría a los jóvenes. "Da gusto ver a gente joven por aquí", comenta una vecina de la localidad.

El municipio de Castellote fue clave en la Reconquista cristiana y, según una tradición, durante siglos acogió a árabes procedentes de Algeciras -de donde procedería el nombre de un pequeño núcleo próximo a Ladruñán- que permanecieron escondidos junto a un cabecilla musulmán.

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