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Aragón

UNIVERSIDAD

Adiós a la Generación del 68

Gonzalo Borrás, Guillermo Fatás, José Antonio Armillas, Eloy Fernández Clemente... Algunos de los más famosos investigadores de la Universidad de Zaragoza han aceptado la jubilación voluntaria. Y, con ello, una generación histórica pasa en cierto modo a la retaguardia.

Agustín Sánchez Vidal, Gonzalo Borrás, Eloy Fernández Clemente, Guillermo Fatás, José Antonio Armillas, Juan Carlos Mainer
Adiós a la Generación del 68
HERALDO

Lo resume, con un punto amargo, Guillermo Fatás: "Estamos mayores, pero no viejos. Yo, por lo menos, sigo dando las clases con la misma intensidad de siempre". Fatás (nacido en 1944) es uno de los profesores de la Universidad de Zaragoza que se ha acogido al Plan de Jubilación Voluntaria. Antes lo han hecho otros, como Gonzalo Borrás, José Antonio Armillas o Agustín Sánchez Vidal. Y pronto lo harán algunos más, como Eloy Fernández Clemente. O como José Carlos Mainer y Dolores Albiac que, si no lo han hecho ya, es por una cuestión de procedimiento: su solicitud no llegó en el plazo marcado y se ven obligados a aguantar un curso más. Son, todos, nombres clásicos dentro de los estudios humanísticos en nuestro país. Y fuera de él.

 

Muchas universidades europeas intentarían 'exprimirlos' al máximo como docentes, pero la suya les ha tendido un puente de plata para que se vayan. Pueden como eméritos, eso sí, dar hasta un tercio de las clases que impartían hasta ahora. Cada uno lo ha interiorizado a su manera, pero en muchos late un sordo desengaño. "La Universidad tiene cosas buenas, como que te sientes muy arropado -asegura Eloy Fernández Clemente, catedrático de Historia Económica, que se jubila en septiembre-. Y otras que no lo son tanto, como el exceso de burocracia, que la acabará ahogando".

 

Son, todos ellos, investigadores de los que se hablará durante décadas. Un ejemplo: hoy en Teruel la marca 'mudéjar' lo invade todo, hasta el jamón, y ello solo ha sido posible a que, previamente, los estudios de Gonzalo Borrás han rescatado, dignificado, elevado y difundido el valor de este estilo artístico, que es Patrimonio de la Humanidad. Otro: si el cine ha entrado como disciplina artística en la Universidad, le debe mucho a los estudios y desvelos de Agustín Sánchez Vidal. La lista de logros sería interminable.

El 68 y 'Andalán'

Para entender a este grupo hay que remontarse a cuatro decenios atrás. Todos ellos, incluido Sánchez Vidal, el más joven, acabaron la carrera en torno al 68 y eran profesores en el 72 (Fatás, desde el 66), año arriba, año abajo. Vivieron la Universidad franquista, de la que abominaban -salvando a individualidades como Lacarra, Yndurain, Torralba o Frutos-, y se vieron en la tesitura de hacer la Transición. Muchos de ellos acabaron vinculados al periódico 'Andalán'. Fueron una generación politizada, a su pesar.

 

"Nos politizó el franquismo -subraya Fernández Clemente-. Éramos jóvenes, rebeldes, partidarios de una Universidad muy conectada con la sociedad. Y, claro, un matemático no tiene problemas políticos, pero las ciencias humanas sí: no pueden crecer sin libertad. Y eso nos politizó".

Y todos entendían la Universidad -y la entienden aún hoy- no como una fuente de ingresos, sino como una forma de vida y un motor de transformación social. "A la Universidad nosotros no le hemos dedicado horas, le hemos dado la vida entera -resume Armillas, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea, jubilado desde septiembre pasado-.

 

No ha sido una relación contractual, sino de servicio. Y en ello no hemos tenido límite alguno". "Pertenecemos a ese tres por ciento de los españoles que, como los enanitos de Blancanieves, vamos todos los días silbando a trabajar", asegura Fernández Clemente.

 

Por eso ahora, con los años, hay cosas que no entienden, que no llevan bien. Muchos de ellos, cuando son invitados a Oxford, Harvard, o cualquier otra prestigiosa universidad, ven cómo ponen a su disposición secretarias, bibliotecas, medios de los que no disponen aquí, donde tienen que deambular por su facultad acarreando el ordenador o el cable para enchufarlo, dar clase en aulas con sillas apiladas como si fuera un almacén, o con goteras en el despacho. O con clases de hora y media, en lugar de una hora. O a horarios intempestivos.

 

"Somos una generación que hemos ido de la mano de nuestra sociedad, sirviéndola, y creo que lo hemos hecho bien. Pero trabajamos en muy malas condiciones, cada vez peores -señala Fatás, catedrático de Historia Antigua, que se jubila este año-. ¿Por qué tengo que cambiar de edificio para consultar un libro?".

 

"Empecé mi vida universitaria como estudiante corriendo delante de los 'grises' en Barcelona -ironiza Dolores Albiac, profesora de Literatura Española-, y la acabo dando clases, pero corriendo delante de la crisis económica". Y es que este curso, por ejemplo, ni siquiera ha podido realizar con sus alumnos el tradicional viaje de estudios que hacían a la capital de España para ver y analizar el Madrid del siglo XVIII.

La crisis y la burocracia

Y, tras la penuria económica de los últimos tiempos, el Plan Bolonia. "No es el mejor modelo para la Universidad del futuro -apunta José-Carlos Mainer, catedrático de Literatura Española-. Algunas cosas entran dentro de lo lógico, pero otras muchas no. Y para quienes hemos vivido en una Universidad intelectual, en la que lo primero era el rigor científico y el sentido crítico, tener que vivir ahora en una Universidad en la que prima el sentido de la persuasión, que tiene como objetivo principal convencer de sus excelencias... Se nos hace muy cuesta arriba. Así que, sin dar ningún campanazo, me voy. El periodo que viene ahora es mejor que lo gestionen otras personas".

 

Parecida visión tiene Agustín Sánchez Vidal, catedrático de Historia del Arte (Cine), recién jubilado a los 61 años y con la intención de centrarse a partir de ahora en su carrera literaria. "Lo de Bolonia es una reconversión enmascarada. La Universidad española se encuentra en trance de desmoronamiento. No puede estar al servicio de las empresas, sino de la sociedad".

 

Sánchez Vidal subraya que no quiere dar una imagen de derrotismo y cansancio, "porque yo en la Universidad me encuentro perfectamente cómodo", pero apunta lo que a su juicio es un grave problema. "O se toman medidas con rapidez, o la burocracia va a ahogar a la Universidad. Todo el papeleo y los informes que tienes que hacer, el sistema de evaluación... La vida de un profesor no puede ser estar llenando papeles todo el día. Te puedes pegar una mañana entera rellenando un formulario con datos que ellos ya conocen. La burocratización es creciente, asfixiante y no sirve para nada".

Y los que no se jubilan

Otros, como Borrás, catedrático de Historia del Arte, ya jubilado, tienen una visión más positiva: "Yo estoy contentísimo. Me siento muy bien tratado, aunque reconozco que quizá no haya muchos casos como el mío. En estos últimos años he podido compartir la Universidad con la dirección del Instituto de Estudios Islámicos o la Institución Fernando el Católico, con la consiguiente descarga docente. Yo soy de los que les gusta el contacto con los alumnos, pero a determinada edad ya no se pueden dar 240 horas de clase al año, no se puede ser un estajanovista de las aulas".

 

Y otros profesores, como Carlos Forcadell, catedrático de Historia Contemporánea, teniendo la oportunidad de acogerse al plan de jubilación han rechazado la idea. "Hay razones para jubilarse y razones para no hacerlo -señala-. Y yo soy de los que no se jubilan. Me gusta dar clases, tengo proyectos consolidados y la burocracia no me agobia. Estamos, además, ante retos interesantes, como la adecuación a Bolonia. La Universidad no es que esté bien, pero tiene más medios que nunca".

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