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Banco de Alimentos: "Es un momento delicado. Ha subido todo y no sabemos cómo van a ir las donaciones"

Desde este viernes y hasta el próximo 3 de diciembre, los voluntarios se emplean a fondo en la recogida más importante del año, en la que esperan "coger fuerzas", según su presidente, José Ignacio Alfaro.

Así trabajan en el Banco de Alimentos de Zaragoza
Así trabajan en el Banco de Alimentos de Zaragoza
Guillermo Mestre

Mercazaragoza es el corazón del comercio alimentario de la capital aragonesa y de toda la provincia. Allí se encuentra, entre otras muchas naves, el centro neurálgico de la solidaridad zaragozana: la sede del Banco de Alimentos. A varias decenas de metros de la instalación, se puede avistar a un grupo de voluntarios, vestidos con un chaleco identificativo de color amarillo fosforito, cargando y descargando los palés del toro mecánico. Tampoco pasan desapercibidos los que se encuentran en la puerta, controlando la entrada y salida de mercancías.

Allí se trabaja sin descanso, aunque todos lo hacen de manera voluntaria. Estos días, y en concreto, desde este viernes y hasta el próximo 3 de diciembre, se emplean a fondo en la recogida más importante del año, en la que esperan "coger fuerzas", en forma de alimentos y dinero, para poder ayudar a las familias más vulnerables durante todo el año. 

Quizás, en esta ocasión, se afronta la campaña con más incertidumbre que nunca. "Estamos en un momento delicado. La cesta de la compra ha subido mucho y no sabemos cómo va a responder la gente", reconoce el presidente, José Ignacio Alfaro, que asegura "estar preocupado". "Nos jugamos mucho. Este año hemos vivido de rentas porque debido a la covid hemos recibido donaciones de hasta 700.000 euros. Sin embargo,  si no recaudamos en esta campaña, en el 2023 solo podremos ofrecer los alimentos recogidos y no podremos dar segundos platos como venimos haciendo", prevé.

En esta ocasión, la recogida va a ser mixta, es decir, se podrá donar alimentos o comida. Sin embargo, no en todas los supermercados se podrá elegir. Hasta cinco grandes cadenas solo permitirán la donación de dinero, principalmente, por cuestiones de "logística". "Antes nos diferenciábamos del resto de oenegés en que pedíamos comida y no dinero. El año pasado, que por la covid, no recogimos alimentos, pinchamos porque solo recaudamos unos 300.000 euros, muy lejos del objetivo que nos ponemos todos los años de 500.000 kilos", reconoce Alfaro, que indica que tienen calculado que el precio medio del kilo es de 1,78 euros. 

Así trabajan en el Banco de Alimentos de Zaragoza
El presidente del Banco de Alimentos, José Ignacio Alfaro
Guillermo Mestre

A pesar de que los usuarios prefieren donar alimentos de manera directa, Alfaro reconoce que a la larga, es más "útil" el dinero. "Nos permite comprar los alimentos que necesitamos en el momento que lo idóneo. De la otra forma, te pueden donar mucha leche, pero en pocos meses tienes que darla con demasiada alegría porque se caduca. En marzo das toda y en abril no tienes ni un litro", argumenta el presidente.

Con la inflación disparada, la población demandante de alimentos no deja de crecer y la previsión es que en los próximos meses se incremente en un 20%. "Durante los momentos más complicados de la pandemia, llegamos a atender a 27.000 personas en Zaragoza y provincia. Hace ya meses se redujo hasta los 22.000, que venía siendo lo habitual antes de la covid. Ahora ya hemos subido a 23.000", especifica. La realidad es, añade, que desde hace un tiempo "todos los días llaman cinco o seis nuevas  familias solicitando alimentos". "Ha subido todo y hay gente que aunque trabaje, no le llega para pagar el alquiler, la luz y la comida. Lo nuestro es una ayuda para que puedan alimentarse", apostilla.

"Me uní porque quería hacer de esta sociedad algo mejor"

Así trabajan en el Banco de Alimentos de Zaragoza
Los voluntarios José María Fernández y Rosa Moreno.
Guillermo Mestre

Después de dedicarse toda una vida al sector bancario, José María Fernández, decidió involucrase y aportar su granito de arena para poder hacer para colaborar con la sociedad. "Yo me jubilé con 62 años y no me veía en casa. Al trabajar de cara al público ves muchos problemas y quería hacer de esta sociedad algo mejor, hacer algo por los demás. Cuando llevas 40 años en la misma empresa parece que solo sabes eso. Esto enriquece muchísimo", apunta. Además de colaborar con el Banco de Alimentos, este voluntario también da clases de español para inmigrantes. " A mí no me llena estar frente al televisor. Además de los voluntariados, también voy a la Universidad de la Experiencia", cuenta.

Cuando digitalizaron el sistema del Banco de Alimentos de Zaragoza (que fue uno de los pioneros a nivel nacional), Fernández pasó ser el jefe de almacén ya que contaba con conocimientos informáticos. "Mi labor diaria es supervisar las grandes entradas de compras. Es decir, la actividad, la fecha de caducidad y la colocación. La teoría es que los voluntarios tenemos que venir dos días pero yo acudo siempre que hace falta", declara este voluntario, que tiene 68 años.

Rosa Moreno también  es una de las veteranas en el Banco de Alimentos de Zaragoza. "Llevo 12 años. Primero empezó mi marido y un verano no había casi gente que colaborase y vine por si podía ayudar en algo. Y la verdad es que esto engancha. Es muy gratificante y te sientes muy bien por hacer algo útil para los demás", reconoce Moreno, que ahora es la patrona. 

"Llevo muchos años, he conocido a mucha gente y tengo muchos recuerdos. Aunque ahora estamos viviendo momentos complicados, en todas las  crisis están los que arriman el hombro a pesar de la situación", argumenta. "Recuerdo a familias que con una pensión del abuelo tenían que sacar adelante a sus hijos y nietos porque se habían quedado en el paro y aún así donaban medio kilo de pasta. Solo el gesto ya es mucho. Es decir, hay gente que está pasando por dificultades y aún así colabora", reconoce Moreno, que ahora coordina también, junto a otros voluntarios, la gran recogida. 

"Tengo tiempo y eso es lo que aporto"

Así trabajan en el Banco de Alimentos de Zaragoza
Jesús Calvo, voluntario desde hace dos años.
Guillermo Mestre

Jesús Calvo se dedicó a la docencia durante su vida laboral y tras jubilarse, decidió involucrase en causas solidaria. "Me planteé que podía hacer para ayudar. Tengo tiempo y eso es lo que aporto. Me siento muy satisfecho", argumenta. "Ves todo lo que sucede a la gente y no puedes actuar, pero de esta manera siento que lo que hago realmente sirve para algo", reconoce Calvo, de 62 años. 

Este voluntario se encarga principalmente de las salidas de los alimentos. "Todos los días dejan los albaranes con las asociaciones que van a venir y lo alimentos que se van a llevar. Yo estoy al tanto para que todo el proceso vaya bien", especifica.

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