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Aragón limita el aire acondicionado: "Ningún negocio quiere desperdiciar energía"

Los negocios a pie de calle acogen las medidas de ahorro aprobadas por el gobierno con diversidad de opiniones: del "son desproporcionadas" al "es lo lógico".

Algunos locales ya rozan la temperatura de 27 grados antes de que entre el decreto en vigor.
Algunos locales ya rozan la temperatura de 27 grados antes de que entre el decreto en vigor.
Guillermo Mestre

A pie de negocio, los anuncios del Boletín Oficial del Estado se leen con otros ojos. Quienes tienen sus puertas abiertas al público ven muchos matices (y muchas dudas) en las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros el pasado lunes. Todos coinciden en que ellos son los primeros interesados en lograr una buena eficiencia energética, aunque solo sea por la terrible escalada de la factura de la luz que sufren desde hace meses. Eso sí, discrepan sobre el contenido específico del real-decreto aprobado por el Gobierno central: algunos lo ven “lógico”, otros “desproporcionado” y varios de ellos, “complicado de aplicar”.

La norma exigirá dejar el aire acondicionado a 27 grados en verano y no subir la calefacción a más de 19 en invierno. Afectará a los edificios públicos, pero también a grandes almacenes, espacios comerciales, hoteles, restaurantes… Los establecimientos deberán tener puertas automáticas a partir del 30 de septiembre para evitar que se queden abiertas y se desperdicie el frío o el calor que se genera en el interior. Además, los escaparates de los comercios deberán apagarse a partir de las 22.00.

Javier Torrubia ajusta el aire acondicionado de La Antilla.
Javier Torrubia ajusta el aire acondicionado de La Antilla.
Guillermo Mestre

Javier Torrubia (Restaurante La Antilla)

“Abrir la puerta con la bandeja para salir a la terraza es complicado”

En La Antilla, en la calle Hernando de Aragón de Zaragoza, este martes tenían el aire acondicionado a unos 25 grados. “Pero si fuera hace 40 grados, hay que bajarlo un poco”, señala Javier Torrubia, su propietario. En su opinión “todas las medidas que vayan en esta dirección son buenas”, pero matiza: “Cada uno en nuestro negocio sabemos lo que tenemos que hacer para ahorrar energía”.

En su caso, tiene el restaurante a una temperatura en la que “se nota fresco al entrar por el contraste con la temperatura de fuera”, pero al cabo del rato “ya se está justito de temperatura”. “Aquí nadie tiene que ponerse la chaqueta porque haga frío”, señala.

Su puerta es manual, y no hay espacio físico para instalar una corredera. Por lo tanto, o está abierta o está cerrada. Aún así, a partir de las 15.00 la tienen cerrada, porque da el sol “y se mete mucho calor”. “Abrirla con la bandeja llena de consumiciones para salir a la terraza es muy difícil”, señala. Por lo tanto, si a partir de ahora van a tener que tenerla vuelta todo el día -con la afluencia fuerte de clientes que tienen en los desayunos y almuerzos- “se complicará todo un poco”.

En cualquier caso, este hostelero busca siempre la eficiencia energética aunque solo sea para aliviar el coste que supone todos los meses la factura de la luz: “De febrero a ahora casi se ha triplicado: entonces pagaba algo más de 1.000 y ahora pago 3.000 euros al mes”.

Mar Nadal, encargada de Le Petit Croissant.
Mar Nadal, encargada de Le Petit Croissant.
Guillermo Mestre

Mar Nadal (Le Petit Croissant)

“Con la temperatura de Zaragoza y un horno funcionando, es difícil de cumplir”

En la panadería Le Petit Croissant del paseo de la Constitución el horno funciona durante casi toda la noche y buena parte de la mañana. Tres puertas lo separan del lugar de atención al público pero, aún así, el calor que genera es grande. Y cuando al horno se le une al otro lado el otro ‘horno’, el del calor de Zaragoza, resulta complicado mantener una temperatura adecuada. Este martes tenían la calefacción a 25 grados, pero Mar Nadal -responsable del negocio- apunta que “normalmente en verano puede estar a 21 o 22 grados”. “Con la temperatura de Zaragoza y un horno funcionando, es difícil de cumplir”, apunta sobre las medidas aprobadas por el Gobierno. Cree que, en su caso, poner el aire a 27 grados es inviable, “sobre todo si fuera estamos a 40”. Sobre la puerta exterior, no ve problema en tenerla cerrada, ya que es lo que hacen habitualmente si está puesto el aire acondicionado o la calefacción. “Es de sentido común”, señala.

Roberto García Arnal, en la tienda Skandalo Deluxe.
Roberto García Arnal, en la tienda Skandalo Deluxe.
Guillermo Mestre

Roberto García Arnal (Skandalo Deluxe)

“Si la gente viene sudada, es un problema que se encuentre con 27 grados”

Al entrar a Skandalo Deluxe se nota fresco. Esta tienda de ropa situada en León XIII tenía este martes el aire acondicionado a 25 grados, pero lograba un ambiente aparentemente hasta más frío, para el calor que hacía fuera. Begoña Abad y Roberto García Arnal cuentan que “la gente tiene que estar cómoda y estar aquí mejor que en casa”. Por eso, creen que la medida del gobierno es “desproporcionada” y que les va a perjudicar “de muchas maneras”.

“Si fuera estamos a 40 grados y la gente entra sudada, es un problema que se encuentre aquí con 27 grados. Que se prueben la ropa con calor no es bueno ni para nosotros ni para ellos”, apunta Begoña, quien cree que “24 grados ya es una buena temperatura”. “La gente viene con calor, con el abanico… si no se puede estar del calor que hace, la persona que se prueba ropa suda y es incómodo, porque esa prenda luego puede pasar a otras personas, se les va a pegar…”, explica. La propietaria del establecimiento teme que el real decreto “suponga más gastos”, en caso de que haya que poner lectores de temperatura o puertas especiales. A la dueña no le parece mal, en cambio, el hecho de tener que apagar las luces del escaparate a las 22.00. “No es tan contraproducente y puede permitir ahorrar”, señala.

José Carlos Sanz, de Mantequerías Sanz.
José Carlos Sanz, de Mantequerías Sanz.
Guillermo Mestre

José Carlos Sanz (Mantequerías Sanz)

“Es lógico, no vamos a tener que hacer nada que no estemos haciendo ya”

En Mantequerías Sanz, histórico establecimiento de la calle de Madre Vedruna, el termómetro marcaba este martes 26,8 grados. Para José Carlos Sanz, propietario del negocio, las medidas del gobierno “son lógicas”. “Nosotros no vamos a hacer nada que no estemos haciendo ya”, señala. Y pone un ejemplo: “Si está el aire acondicionado puesto, se cierra la puerta, es lo normal”, apunta.

Según señala, con la temperatura “hay que lograr un equilibrio entre no consumir demasiada energía y lograr que se esté bien en la tienda”. A su juicio, eso se puede lograr con los 27 grados. En su caso, los productos gourmet que vende no necesitan una temperatura especial, ya que lo que necesita frío está en cámaras. Eso sí, tampoco puede permitir que se dispare el calor, ya que entonces estos frigoríficos “tienen que trabajar más y los motores se pueden romper”.

Javier Ariza, en la agencia de Viajes Zanzíbar.
Javier Ariza, en la agencia de Viajes Zanzíbar.
Guillermo Mestre

Javier Ariza (Viajes Zanzíbar)

“Ningún negocio queremos desperdiciar energía ni perder dinero”

Javier Ariza, de Viajes Zanzíbar, apuntaba que las medidas del gobierno “es poner en una norma lo que ya es habitual”. Según señala, “ningún negocio queremos desperdiciar energía ni perder dinero”, por lo que cada cual toma las medidas que considera oportunas para optimizar el gasto en energía del local. En su caso, hace algo tan obvio como “cerrar la puerta cuando ponemos el aire acondicionado”. “Por la mañana, la puerta está abierta y el aire, apagado”. Si hace falta, más tarde se refresca el local con el aparato encendido a la temperatura que se considere necesario en cada momento.

Lo que le genera curiosidad a este vendedor de viajes es “cómo piensan llevar a cabo la medida”. “No sé si tendremos inspectores en la puerta de la tienda para ver a qué temperatura lo ponemos”, reflexiona.

Mari Carmen Pellón, peluquería Bucles Salón'P
Mari Carmen Pellón, peluquería Bucles Salón'P
Guillermo Mestre

Mari Carmen Pellón (Bucles Salón’P)

“Con este aparato, si no está a 17 grados aquí dentro nos morimos”

El decreto no afecta a determinados lugares donde es complicado de cumplir, como hospitales, centros educativos... o peluquerías, donde los aparatos en marcha hacen casi imposible aguantar con el aire acondicionado a temperatura elevada. La de Mari Carmen Pellón, en el pasaje Miraflores, se refrigera con un ‘split’, un aparato de los de pared. Con el calor del exterior, los secadores funcionando, las luces y la gente, no da abasto para lograr una temperatura confortable. "Si no lo tenemos a 17 grados, aquí dentro nos morimos". En efecto, el ambiente en el Bucles Salón’P es fresco si se está debajo del aparato, pero es más bien cálido si uno se aleja de él, a pesar de estar el aire acondicionado a esa temperatura tan baja.

"No es lo mismo un aparato que otro, ni un tipo de negocio que otro", señala esta peluquera, quien agradece la excepción que se hace a su negocio: «Es necesaria, porque trabajamos para las clientas, que son las que pagan, y tienen que estar bien», señala.

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