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Juan Barriuso: "Con un parque cerca, las personas son más felices"

Desde la cátedra de Bosques Urbanos el profesor Juan Barriuso asesora al Ayuntamiento de Zaragoza, que aspira a plantar 700.000 árboles, tantos como habitantes.

El profesor Juan Barriuso, en la Escuela Politécnica de Huesca, donde imparte clases
El profesor Juan Barriuso, en la Escuela Politécnica de Huesca, donde imparte clases
Pablo Segura

El profesor del campus de Huesca Juan Barriuso (Logroño, 1958) dirige desde hace un año la cátedra de Bosques Urbanos, dedicada al estudio de las infraestructuras verdes y la biodiversidad en el ámbito urbano.

La Universidad y el Ayuntamiento de Zaragoza se pusieron de acuerdo en 2020 para crear una cátedra de Bosques Urbanos, no sé si pionera.

Sí, es la primera en España. Nació porque ya existía una colaboración permanente para el tratamiento de los problemas fitopatológicos de los árboles. Yo soy especialista en protección de las plantas y me consultaban: "¿Qué podemos hacer con la procesionaria?, ¿y con el picudo rojo de las palmeras?, ¿y con las plantas que se nos mueren?…". Se dieron cuenta de que se gastaba mucho dinero en solucionar plagas y enfermedades, si no se adelantaban a ellas. Se aprovechan, en el buen sentido de la palabra, del conocimiento de la Universidad.

Hablando de procesionaria, ¿va a parar?

En las plagas es donde primero se ve el filtro del cambio climático. No hace tanto frío y no se muere. Se puede controlar en las ciudades, pero en los bosques de pinos es muy complicado. Muchos de los pinos de repoblación irán desapareciendo y se mantendrán robles y encinas. En Zaragoza hay muy poco problema de procesionaria porque desde hace cuatro o cinco años el Ayuntamiento se lo ha tomado muy en serio.

¿Hemos abandonado los bosques, cada vez más deteriorados por el éxodo rural, y ahora tenemos que llevarlos a las ciudades para humanizarlas?

Entonemos un mea culpa colectivo: nos vamos de los pueblos, donde teníamos la naturaleza cerca, y ahora en las ciudades la buscamos. Podíamos haber seguido un camino sin tanto rodeo.

¿Los árboles han sido los grandes olvidados del urbanismo en favor del ladrillo?

Zaragoza no se puede quejar, tiene 170.000 ejemplares o más. Es cierto que el ladrillo ha mandado, pero si miramos la capacidad de absorción de CO2 de esos árboles merece la pena, aunque desde luego no son capaces de absorberlo todo. El terreno es escaso y poner un jardín cuesta, pero cada vez nos damos más cuenta del valor añadido que generan en el urbanismo.

Zaragoza aspira a plantar tantos árboles como zaragozanos hay, 700.00 en 10 años. ¿Es un objetivo viable?

Es una de las iniciativas más interesantes que puede haber en una ciudad y resulta viable siempre que se planifique bien. El problema es encontrarlos en los viveros, tener material vegetal.

¿Por qué especies apostamos?

Si hay que elegir, que sean rústicas. No se puede trabajar con especies bonitas y delicadas, ni poner pinos por la procesionaria. Tampoco muchos cipreses, por los alérgenos. Hay 20 o 30 con las que se puede jugar y que dan una cierta biodiversidad.

¿Parques aislados o un bosque continuo?

Sería interesantísimo un bosque continuo donde una ardilla pudiera ir desde Utebo hasta La Cartuja, pero tenemos lo que tenemos. Sobrarían coches, y no vamos a quitarlos de la ciudad. Sería lo ideal, pero entretanto lo que podemos hacer es crear pulmones verdes.

¿Dígame un ejemplo de una ciudad a imitar?

Barcelona o Vitoria. Pero claro, Zaragoza no tiene su clima. Con esa humedad, el mantenimiento inicial es bastante fácil. Ambas tienen un concepto ecosistémico de los árboles: consideran que una ciudad verde es una ciudad agradable para vivir. Esa idea es la que me gustaría trasladar, y creo que la tiene el Ayuntamiento de Zaragoza. No hablo tanto de la belleza estética sino de las ventajas para la vida ciudadana: con un parque cerca es más fácil tener un perro, y más fácil andar por la calle si existen zonas de sombra.

Los árboles, pues, además de restar CO2, suman felicidad.

Si tienen un parque cerca, las personas sonríen más porque están más a gusto, más felices. Cuando se habla de poner zonas verdes se hace pensando en el ciudadano, en hacerle la vida agradable. Quitan CO2 y rebajan entre 2 y 4 grados la temperatura por la sombra.

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