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entrevista

María González: "Debemos saber qué buscan los hijos en las redes sociales y por qué"

Psicóloga y doctora por la Facultad de Medicina de Zaragoza, María González de la Iglesia (zaragozana, 1976) es experta en prevención de riesgos en redes sociales y vocal de la junta directiva de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía. 

La psicóloga María González es doctora por la Facultad de Medicina de Zaragoza
La psicóloga María González es doctora por la Facultad de Medicina de Zaragoza
José Miguel Marco

Según los últimos datos recopilados por la ONG Save The Children, los casos de ciberacoso escolar durante la pandemia se han incrementado en un 70% en todo el país. ¿Qué está pasando?

Las personas no cambian de la noche a la mañana. El chaval que acosa en el colegio busca mantener fuera un comportamiento similar,    de la forma que sea. En este sentido, al pasar más tiempo en casa, ha cambiado la colleja por el insulto a través del único medio que tenía: el ordenador, el ‘smartphone’... Y acosar a través de las redes sociales resulta más fácil que hacerlo cara a cara. Solo ha cambiado el medio, el canal, para conseguir el mismo objetivo: acosar.

Pero también han aumentado las agresiones grupales (peleas, patadas...) entre adolescentes.

Sí. Al final, la pandemia nos ha hecho ser menos tolerantes; hemos pasado un confinamiento muy duro y no aguantamos ya según qué cosas. La agresividad, la rabia y la ira acumuladas están en primera línea de salida.

Psicólogos, psiquiatras, padres, docentes... todos hablan de los peligros de las redes sociales.

Lo realmente preocupante es la cantidad de formas de acoso que están apareciendo: suplantación de personalidad, pederastas que se ocultan tras falsos perfiles... No llegamos a hacernos una idea de los peligros que acechan a los menores al otro lado de las pantallas.

Insisto, sé que hay muchos padres muy preocupados.

Sí, pero, a pesar de todas las campañas de prevención de riesgos, existe una especie de capa de preocupación un tanto superficial. No consiste en decir que tienes miedo de que tu hijo vea una película porno en la red; lo que hay que hacer es darle la vuelta a la tortilla y decir: no quiero que mi hijo vea una película porno a los 8 años. ¿Qué medios tengo al alcance de mi mano para que no lo haga o para que no acose a un compañero de su clase o no participe en uno de esos famosos y peligrosos ‘retos’? También es cierto que circula demasiada ‘desinformación’ sobre el tema, por eso, los padres tienen que formarse.

¿Además de formación, qué más necesitamos los padres para proteger a los hijos de esos peligros?

Los padres deben saber qué buscan sus hijos en las redes y por qué. Si un adolescente se crea un perfil en una red social porque se siente solo, porque tiene un problema con sus padres, un principio de depresión o una autoestima muy baja, eso es, precisamente, lo que menos le conviene. Por eso hay que buscar, indagar sobre las causas. Creo también que los padres deberían conocer las contraseñas de sus hijos, por si ocurre algún problema. Pero, para eso, hace falta muy buena comunicación familiar. Yutilizar los controles parentales en los dispositivos digitales de los chicos.

¿Y qué buscan los chicos en las redes que no encuentran fuera?

Los adolescentes, principalmente, son muy vulnerables e inseguros y buscan crear su propia identidad: yo soy... yo valgo, mis iguales me ven capaz de..., me valoran por... Buscan la aprobación, los ‘me gusta’, a través de la exhibición de lo que les hace sentirse seguros y lo explotan. Y si yo me siento segura de mi escote, pues...

Sí, pero tienen mucha información, conocen los peligros y, sin embargo, se exponen. ¿Por qué?

Claro que los conocen. Pero les puede más la demanda social. Que el grupo vea esa camiseta que le han comprado sus padres y que no tiene nadie más, causar admiración, incluso provocar celos.

Y díganos, ¿dónde está esa línea roja entre un uso adecuado y el abusivo o adictivo de las redes?

Esa línea es muy fina. La alarma tiene que saltar cuando los hijos dejan de hacer las cosas habituales que hacen a diario. Si un niño deja de dormir para jugar con el móvil o meterse en una red, si deja de comer, de hacer los deberes, de salir con los amigos..., entonces, es que algo no cuadra. No digo que se nos tengan que poner los pelos como escarpias, pero sí empezar a observar qué está pasando.

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