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Seis terremotos en el último mes en Aragón, un territorio "poco sísmico"

Los más notables, dentro de la levedad, han tenido su epicentro en Alpartir (el 30 de agosto) y Bielsa (16 de septiembre).

Grupo de alumnos en excursión a la antigua mina de Alpartir
Alpartir experimentó, sin afecciones, un terremoto de grado 2.
Laura Uranga

Más allá de la preocupante -y espectacular- erupción volcánica en la isla de La Palma, que está centrando las labores de emergencia en el archipiélago y que ha obligado a evacuar a cientos de personas debido al avance de la lava, la actividad sísmica en las Islas Canarias viene marcando la actualidad en las islas desde hace varias semanas. No es para menos: algunos de los movimientos se están notando en la superficie y, aunque la mayoría son de escasa magnitud y superficiales, otros se acercan a un nivel 4.

Por eso, tras varios días poniendo el foco en los temblores canarios, cabe preguntarse si esa concatenación de terremotos podría ocurrir en Aragón, un extremo que los principales expertos rechazan de plano. “Estamos tremendamente lejos de esa situación. Aragón no es una región sísmica y en ningún caso albergaría el enjambre sísmico que se está experimentando en el suroeste de la isla”, sentencia José Ignacio Badal, catedrático de Física de la Tierra y profesor emérito de la Universidad de Zaragoza.

El experto, que sigue con gran interés la actividad de la tierra, concreta que en el Pirineo oscense y en algunas zonas de la provincia de Teruel, así como en la ‘frontera’ con Navarra, se concentran la mayor parte de los terremotos que se registran en la Comunidad. Otro punto donde se concatenan sucesivos sismos es en el Pirineo francés, justo al otro lado de la cordillera. Solo en los últimos 30 días se han anotado 21, alguno por encima de la magnitud dos. “Aún así, la probabilidad es baja, pequeña”, matiza.

A lo largo del último mes, apenas se han sentido seis movimientos en Aragón. Los más notables, dentro de la levedad, han tenido su epicentro en Alpartir (el 30 de agosto) y Bielsa (16 de septiembre). En ambos casos se alcanzó la magnitud 2.0 mbLg (que prácticamente equivale a la conocida escala de Richter) y no se registraron daños materiales ni personales. El resto de la actividad sísmica tuvo lugar en Biescas (en dos ocasiones), Sabiñánigo y el Canal de Berdún. Además, se han registrado otros dos muy cerca de los límites geográficos aragoneses, en Vozmediano (Soria) y Villahermosa del Río (Castellón).

Badal sostiene que “todos los informes” a los que ha tenido acceso “indican que no hay fallas activas” bajo la superficie terrestre aragonesa. Asimismo, el catedrático recuerda que “todos los estudios que hablan de posibles episodios de cierto calado los proyectan dentro de varios cientos de años”. En cualquier caso, sí existen varias fallas en la provincia de Teruel, como las de Concud o Calamocha.

El último gran terremoto en Aragón que produjo verdaderos daños en viviendas ocurrió en 1953 y tuvo su epicentro en el municipio de Used. Alcanzó los 4,7 grados, aunque su intensidad alcanzó el nivel 7. Algo más de dos décadas atrás, en 1923, la localidad de Martes experimentó un fuerte temblor, considerado como el principal en época moderna, en el que también cayeron algunas construcciones. Su intensidad está, indica Badal, “revaluada a un grado siete, con daños moderados”. “Pero si hablamos de peligrosidad sísmica, que se refiere a las estructuras de la zona, podemos hablar de 0,16 G, lo que equivale a 2,4 metros por segundo al cuadrado. En esa presión, solo Granada y Murcia pueden experimentar peligro”.

Una red de vigilancia con tres guardines aragoneses

El Instituto Geográfico Nacional cuenta con una red de vigilancia constituida por varias decenas de estaciones sísmicas, en las que se captan los movimientos que luego se reflejan en los mapas dinámicos públicos que facilita ente. De estas, tres están en Aragón. Son las de San Chisagüés (Huesca), San Caprasio (entre Zaragoza y Huesca) y Mosqueruela. “Otros territorios más privilegiados, como Andalucía y Cataluña, cuentan con una red propia. Y eso pese a que en Cataluña tampoco se suceden demasiados terremotos y los que hay no son de gran magnitud”, indica Badal.

El catedrático considera “interesante” la implantación de “una red permanente que estudie la sismicidad en el Pirineo y, también, en Teruel, y que se dotase de instrumental suficiente y especialistas que interpretasen toda la información”.

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