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Dónde ver arte japonés en Aragón

Exquisitas lacas y estampas de la escuela japonesa ‘ukiyo-e’ en el Museo de Zaragoza, origami en el EMOZ y también arte contemporáneo japonés.

Obra de la artista japonesa Mina Hamada
Obra de la artista japonesa Mina Hamada

“Cualquier compatriota mío se sorprende de lo maravillosa que es la colección Federico Torralba que se conserva en el Museo de Zaragoza, con los grabados de Hiroshige, Utamaro, Hokusai... Creo que es el único museo de España que se ha interesado en conservar todas estas joyas del arte japonés de difícil acceso para los amantes del arte", escribe desde Kobe el profesor Hidehito Higashitani, hispanista y traductor de Baltasar Gracián al japonés.

La especialista en coleccionismo, impacto e influencia del arte japonés en España Elena Barlés –actual decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza– asegura que sin duda es una de las mejores colecciones que hay en nuestro país. Con una parte en exposición permanente en la plaza de los Sitios, el fondo de Arte de Asia Oriental reúne más de un millar de objetos artísticos –datados desde el siglo III al XX–. La mayor parte de las obras proceden de Japón, aunque también se encuentran numerosas piezas de China, así como procedentes del Sudeste Asiático o Nepal. Con el tiempo, el legado de Torralba se ha ido enriqueciendo con diversas donaciones, lo que convierte al Museo de Zaragoza en un referente del arte asiático en España. Así, se han ido sumando las donaciones de los ceramistas Tanzan Kotoge y Kentaro Kotoge y los depósitos de las colecciones de Pasamar-Onila y de M. A. Gutiérrez. Recientemente se han incorporado a la colección diez nuevas obras de artistas japoneses contemporáneos, especialistas en el arte de la caligrafía ‘shodo’, gracias a otra donación.

Entre los centenares de obras de gran calidad del museo, David Almazán, vicedecano de Cultura, Relaciones institucionales y Proyección Social de la Facultad de Filosofía y Letras, ha seleccionado y comentado para HERALDO cinco piezas "muy diversas que nos permiten apreciar la variedad de la colección y el exótico encanto del arte japonés".

Cinco piezas como cinco soles

Escultura del Buda Amida. Siglo XIX, periodo Edo (1615-1868)
Escultura del Buda Amida. Siglo XIX, periodo Edo (1615-1868)
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El budismo es, junto con el sintoísmo, la religión más importante de Japón. Esta religión nació en India, pero gracias a la Ruta de la Seda, llegó al archipiélago nipón a través de China y Corea. De las muchas sectas budistas que llegaron a Japón, la del Buda Amida, por cuya compasión tras la muerte se renacía en el Paraíso de la Tierra Pura, fue una de las más populares. La mayor parte de la escultura japonesa es de temática budista, en madera, que es dorada y lacada. Esta figura, bajo una elaborada mandorla, nos presenta la solemne figura del Buda Amida, que se levanta sobre una flor de loto, símbolo de pureza y del mensaje universal del budismo. (Foto: José Garrido)

Tsuba’ o guarda de una espada Takenaka Masahiro (1719-1784), siglo XVIII, periodo Edo (1615-1868)
‘Tsuba’ o guarda de una espada Takenaka Masahiro (1719-1784), siglo XVIII, periodo Edo (1615-1868)
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Desde 1185 hasta 1868, Japón estuvo gobernado por los guerreros samuráis. La katana simbolizaba su alma y estaba forjada en acero de gran calidad. Otros artesanos embellecían la espada con complementos como las ‘tsuba’ o guardas. Estas delicadas piezas de hierro, que pueden parecer un broche o un colgante, son una parte funcional que protege las manos de la empuñadura. Suelen estar decoradas con elementos vegetales esquematizados y las de mejor calidad estaban firmadas por su creador, en este caso Takenaka Masahiro, un artesano de Edo (antiguo nombre de Tokio). (Foto: José Garrido)

‘Inrô’ o estuche Escuela Kajikawa, siglo XIX, periodo Edo (1615-1868)
‘Inrô’ o estuche Escuela Kajikawa, siglo XIX, periodo Edo (1615-1868)
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Las lacas son una de las manifestaciones artísticas japonesas más valoradas. La laca ‘urushi’ se aplicaba a cualquier superficie, generalmente madera, mezclada con polvo de oro y otros metales. Su preciosismo decorativo alcanza límites extraordinarios en objetos de pequeño tamaño como los ‘inrô’, estuches con compartimentos que se unen formando una cajita con un cordón. Muy útiles ya que los kimonos no llevan bolsillos. El cordón tenía un contrapeso, ‘netsuke’, que cerraba el estuche y permitía colgarlo en el cinturón. Cada diseño es único. En este caso, un desnudo, tema raro en el arte japonés: una pareja de pescadoras, a punto de sumergirse en el mar para mariscar. (Foto: José Garrido)

Tríptico de estampas japonesas ‘ukiyo-e’ Miyagawa Shuntei (1873-1914), serie ‘Bellezas de los doce meses’ (1898), siglo XIX, era Meiji (1868-1912)
Tríptico de estampas japonesas ‘ukiyo-e’ Miyagawa Shuntei (1873-1914), serie ‘Bellezas de los doce meses’ (1898), siglo XIX, era Meiji (1868-1912)
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Una de las secciones destacadas de la colección de arte japonés del Museo de Zaragoza son las estampas ‘ukiyo-e’, que muestran escenas de la vida cotidiana por medio de grabados en madera con los que se imprimían estampas en color, utilizando una plancha de madera para cada color. Para las escenas más grandes, se unían varias hojas formando trípticos. Una rara serie del artista Miyagawa Shuntei de finales del siglo XIX nos presenta una de las primeras escenas de japoneses bañándose en la playa en verano. El viejo Japón de las geishas y los samuráis comenzaba a desparecer ante la llegada de la influencia Occidental. (Foto: José Garrido)

‘Chawan’ o taza para la ceremonia del té Tanzan Kotoge (1946-2020), 2018, era Heisei (1989-2019)
‘Chawan’ o taza para la ceremonia del té Tanzan Kotoge (1946-2020), 2018, era Heisei (1989-2019)
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En 2018, el gran ceramista japonés Tanzan Kotoge, impresionado por la colección que alberga el Museo de Zaragoza, hizo una donación de algunas de sus obras. Trabajaba en Kioto y estaba especializado en la elaboración de objetos para la ceremonia del té, que se consideran valiosos tesoros. Esta ancestral ceremonia estética consiste en disfrutar de una reunión para beber té en un entorno de paz y armonía. La pieza más importante es el ‘chawan’ o cuenco, del que todos los invitados beben. Decoran este maravilloso ‘chawan’ de Kotoge flores de crisantemo, una flor alegre en la cultura japonesa que simboliza la belleza del otoño. (Foto: José Garrido)

Un museo de origami único en el mundo

La Escuela-Museo de Origami Zaragoza (EMOZ), en el Centro de Historias, presume de reunir el mejor conjunto de obras de origami del mundo, entre ellas las salidas de las manos de tan grandes plegadores como Akira Yoshizawa y Eric Joisel. "Es referencia internacional, los origamistas lo reconocen como el mejor para exponer", asegura Jorge Pardo, su director. No es casualidad, sino la culminación de una larga tradición: el Grupo Zaragozano de Papiroflexia, con origen en 1944, "es el más antiguo que existe". Hasta septiembre puede visitarse la muestra ‘Geoflexia’ y una exposición de figuras sobre deportes olímpicos.

Arte contemporáneo

En el mes de septiembre abren dos exposiciones comisariadas por Alejandra Rodríguez Cunchillos en las que se podrá ver arte japonés contemporáneo. El IAACC Pablo Serrano prepara ‘Confluencias’, con obra de Atsuko Tanaka y de Mari Ito, entre otras autoras. Y del 9 de septiembre al 31 de octubre se podrá disfrutar de la obra de la artista japonesa Mina Hamada en el Centro Joaquín Roncal de la Fundación CAI.

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