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historia

El apasionado rescate de un tesoro documental en Used

El Archivo Histórico Provincial incorpora los fondos de la casa solariega de los Ibáñez de Bernabé de Used. Son 468 documentos de los siglos XVI al XIX, que el arquitecto experto en Patrimonio Alberto Sánchez lleva cuatro años estudiando.

Detalles de algunos de los documentos hallados. Un pergamino del reinado de Carlos II sobre la Real Audiencia de Aragón escrito en latín. Diploma del papado de Clemente XI. La firma 'Yo, la reyna', de Mariana de Austria. Referencias a José Bonaparte como rey de España y de las Indias.
Detalles de algunos de los documentos hallados. Un pergamino del reinado de Carlos II sobre la Real Audiencia de Aragón escrito en latín. Diploma del papado de Clemente XI. La firma 'Yo, la reyna', de Mariana de Austria. Referencias a José Bonaparte como rey de España y de las Indias.
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Estaban en una cesta. Revueltos entre libros y junto a un nido de ratas. En algunos de ellos aún se aprecia las incisiones de los roedores, pero eso no quita para que formen parte de uno de los conjunto más interesantes que en los últimos años han pasado a formar parte del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza

Los documentos históricos de la casa solariega de los Ibáñez de Bernabé de Used ya pueden consultarse en alta definición en la web de los archivos aragoneses, gracias al esfuerzo y la dedicación del arquitecto zaragozano Alberto Sánchez, máster en Conservación del Patrimonio Histórico por la Universidad de Columbia, que ha pasado cuatro años estudiando cartas, pergaminos, resoluciones, testamentos, escrituras... Son 470 documentos que suman unas 3.800 páginas, algunas de las cuales llevan sellos reales de Amadeo de Saboya o, incluso, la firma de la reina Mariana de Austria. «Cuando compré la casa de Used yo estaba viviendo en Nueva York y a punto de empezar el doctorado en Berkeley, así que, tras rescatar los documentos y guardarlos en cajas de protección, fue durante los veranos cuando me puse a ordenar la documentación cronológicamente. Después, la crisis sanitaria de la covid me pilló en el pueblo y fue entonces cuando dediqué más tiempo a catalogar los documentos», explica Sánchez.

Aquellos papeles, que hoy se descubren valiosos, llevaban décadas durmiendo el sueño de los justos en una casa deshabitada desde 1965. Pero, ¿cómo y por qué se concentraron en aquella cesta? «Lo que descubrimos es el resultado de la agregación de distintos archivos familiares vinculados de una forma u otra a la casa. El documento más antiguo es de 1507 y el más relevante, por su contenido, es un pergamino que se otorga en 1544 a Francisco Ibáñez para ser notario real. Es un documento firmado por Carlos I en nombre de su madre, Juana la Loca», comenta Sánchez.

Alberto Sánchez Sánchez, fotografiado delante de la casa de Used que compró hace cuatro años.
Alberto Sánchez Sánchez, fotografiado delante de la casa de Used que compró hace cuatro años.
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A lo largo de los siglos se van incorporando al legado de los Ibáñez, el de los Bernabé y, también, los de quienes se van casando, que suman así a la causa sus archivos familiares. «De esta zona de Aragón no hay gran documentación. Used no tiene archivo histórico municipal más allá del siglo XIX porque se destruyó en las guerras carlistas. Aquí se halla mucha información también de Daroca, Bello, Báguena...», cuenta el especialista, que acaba de digitalizar un libro de acuerdos del Ayuntamiento de Used del siglo XVIII, donde puede rastrearse quién vivía en el pueblo o cuánto pagaban de contribución.

Otro legajo ejemplar es el que informa sobre cómo se pagaban a los soldados que luchaban contra las tropas napoleónicas en Cubel durante la guerra de la Independencia. «Parte de la ermita de la Virgen de Guía al Guerrero, patrona de Cubel, se vendió a la familia que en su día vivió en mi casa», narra Sánchez.

La comunidad de aldeas

Los documentos rescatados, más que valor económico, tienen mucho interés histórico y etnográfico, sobre todo, para entender cómo era la vida doméstica hace tres y cuatro siglos. Se han conservado cartas de madres a hijas, inventarios de bienes y capitulaciones matrimoniales... Pero, ¿por qué hay cartas dirigidas a la Corona? «Este archivo evidencia el papel de la baja nobleza en la antigua comunidad de aldeas de Daroca», explica Sánchez, que recuerda que se trataba de «una zona que nunca dependió de un señor feudal, sino que constituyó un lugar en el que los habitantes se administran su propio autogobierno y dependían directamente del rey». Esta circunstancia, que Sánchez ha discutido en cátedras de antropología política en Estados Unidos, se ve perfectamente reflejada en unos papeles que cuentan cómo una de las antiguas moradoras de la casa fue «dama de retrete de Mariana de Austria» o que recogen el desesperado reclamo de sor Josefa Vicente, que en el siglo XIX escribe a sus familiares: «Os pido que me mandéis cuatro duros cada uno pus los necesito precisos tengo que comprar un abito». ¿Más ejemplos? Hay papeles con el sello de Amadeo de Saboya, otros demuestran que en la casa llegó a pernoctar Felipe IV e, incluso, hay un tiquet de la compra de 1724.

Este costumbrismo suele escasear en los archivos oficiales, como explica Maite Iranzo, la responsable del Archivo Provincial, a quien sorprende «la amplitud cronológica de los nuevos fondos incorporados». Iranzo explica la importancia de poner en común los distintos archivos (están todos ‘online’ en la web dara.aragon.es) porque «algunos de estos Ibáñez de Used fueron notarios y se ha encontrado también su huella cruzando datos con otros archivos». La nueva incorporación a los fondos del Provincial constituye «una lupa muy próxima» a la sociedad de hace tres y cuatro siglos, que Sánchez ha completado también con laboriosos árboles genealógicos.

El revoltijo de la cesta en la que se hallaron la mayor parte de los documentos.
El revoltijo de la cesta en la que se hallaron la mayor parte de los documentos.
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Hay pocas experiencias semejante sobre fondos familiares de archivos nobiliarios en Aragón, si bien podría destacarse el de los barones de Valdeolivos de Fonz (la residencia señorial de Pedro María Ric), propiedad del Gobierno de Aragón desde finales de los 80, o una caja con expedientes del siglo XVIII de la familia Larraz, que donó recientemente otro usuario. Sobre los papeles de Used, como puede verse en el trabajo de digitalización, «el estado de conservación de los documentos –hecha la salvedad de los mordisquitos de rata– es excepcional». Aunque sean pergaminos del siglo XVI resultan perfectamente legibles, aunque en ocasiones haya que desengrasar las lecciones escolares de latín.

«Este archivo permite entender la vida doméstica y el papel de las mujeres que suelen ser ajenas a la documentación oficial. Hay un testamento del siglo XVII de una madre que deja a su hija «un vestido de tafetán terciopelado de color verde con guarnición de oro todo entero». Las prendas están descritas a la perfección, es como poética de lo efímero. Hablan de los ajuares, de la distribución de la viviendas, incluso del uso del jardín y es, en parte, también el motivo por el que la Universidad de Berkeley se interesa por mi trabajo y me concede la beca Joan E. Draper (son 5.000 dólares) con la que financiar la investigación y catalogación de los documentos.

El escaparate de las redes

Sánchez contactó con el Archivo Provincial gracias a un programa útil y poco explorado llamado ‘Los papeles de la casa’, que procura la digitalización de archivos familiares. «Hablé también en su día con el Archivo de la Nobleza, que está en Toledo, pero quería que los documentos permanecieran en Aragón, lo más cerca posible de la casa, que es lo que tiene sentido», dice el joven zaragozano que, como el morador más reciente del inmueble también ha decidido agregar sus propios archivos familiares a la colección. «He sumado todos los fondos de la familia que comenzó a recopilar mi bisabuelo Andrés Sánchez Gonzalvo. Son papeles que van desde comienzos del siglo XIX –con los acuerdos matrimoniales de los trastatarabuelos– hasta los años 40, dado que mis abuelos tenían una fábrica de gaseosas en el pueblo y regentaron también los primeros cines de Used. La documentación más reciente se irá añadiendo conforme pasen los años».

Una vista de la casa solariega construida en el siglo XVII.
Una vista de la casa solariega construida en el siglo XVII.
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Hasta entonces, muchos de los hilos de los que han ido tirando los expertos aún presentan numerosas incógnitas que resolver y, por ello, una de las prioridades de Sánchez era hacer accesibles todos los papeles a los investigadores para despejar cuantas más dudas mejor. «Por ejemplo, hay mucha documentación sobre el Colegio de Nuestra Señora del Torrejón de Zaragoza, el primer colegio universitario de ciencias de toda España. Lo fundó el médico de cámara de Felipe II, un señor de Francisco Fernández-Raxo, de Orihuela del Tremedal y su sobrina se casó con uno de los moradores de mi casa, pero sorprende hallar aquí hasta sus actas fundacionales».

Desde que compró la casa en 2017 hasta la fecha actual, el propietario del archivo ha estado contando sus andanzas y desventuras en Instagram en la cuenta @casadepueblo que siguen cerca de 12.000 aficionados al arte y la historia. El escaparate de las redes sociales le ha permitido divulgar la importancia de unos fondos que pueden hallarse en cualquier casa histórica, pero suelen acabar en la basura». Aquella cesta con los libros y el nido de ratas hubiera acabado en el contenedor en 9 de cada 10 ocasiones, por lo que Sánchez también quiere agradecer a la anterior propietaria del inmueble que le vendiera la casa sabiendo que él era arquitecto y que iba a cuidar de la casa como si fuera de sus propios antepasados. «No solo de los objetos sino de la memoria de toda la gente que ha vivido en la casa. Ella, la anterior propietaria, solo se llevó la ropa de su madre, yo creo que por pudor, pero todo lo demás lo dejó». Entre los muchos metros cuadrados de las tres plantas de casa solariega se conservan también herramientas, vajilla, algo de cerámica y no pocas curiosidades como sombrillas de época (parasoles de comienzos del siglo XX) o gafas de aviador para las –suponemos– primeras motocicletas que circularon por Used. «Son objetos que, tal y como se encuentran, quizá para un anticuario no tendrían valor, pero sí son útiles para entender la historia de la casa y de quienes vivieron en ella».

Una afición costosa

Ante la continua referencia a los términos ‘hallazgo’, ‘joyas’ o ‘tesoros’, Sánchez también puntualiza: «Un tesoro es encontrarte un lingote de oro, y no es lo mismo hallar unos cuadros o unos documentos que requieren inversión, trabajo y un montón de gestiones. Éste está siendo un trabajo de años y no me ha tocado la lotería. A veces pienso que lo único que me da son quebraderos de cabeza».

El arquitecto, que conserva la propiedad de los documentos aunque los originales se hayan depositado en el Archivo, explica que esta suerte de «arqueología doméstica» es muy adictiva y se ha convertido en un ‘hobby’. «Estoy invirtiendo mucho dinero porque creo que es importante predicar con el ejemplo. Como particular es fácil quejarse de que la administración no hace tal o cual cosa, pero si quieres demostrar que se puede conservar el patrimonio, puedes tomar la iniciativa y hacerlo con tu dinero. Mi afición es investigar el patrimonio histórico, como hay a quien invierte en las motos de mayor cilindrada o en el equipamiento de esquí», explica. Por esta pasión, Sánchez lamenta que en no pocas ocasiones las casas tradicionales populares no cuenten con protección y se derriben sin mayores miramientos cuando «en la arquitectura civil hay muchas joyas» y por cada casa víctima de la piqueta hay memoria que se pierde. «A raíz de los inquilinos de mi casa surgen los linajes de los Gómez de Bernabé y Pérez de Bernabé de Olvés y las dos casas solariegas de estos linajes en la localidad de la sierra de Pardos las han demolido», lamenta el experto.

Los retos pendientes

El próximo 9 de junio se celebra el Día Internacional de los Archivos y es seguro que las instituciones harán algún acto promocional para dar a conocer estos papeles de Used. Entre otros, hay inventarios de bienes con «nueve cuadros, dos bancas de pino, varias mesas..» e, incluso, una «mesa de peones», que aún hoy se discute qué podría ser. También abundan los documentos en torno a la Guerra de la Independencia (1808-1814), con dosieres que hablan de José Bonaparte, hermano de Napoleón. Incluso puede verse ya digitalizado un diploma de título de escribano expedido desde Roma durante el papado de Clemente XI.

A pesar de la titánica labor de rescate y catalogación llevada a cabo, Sánchez asegura que «aún hay mucho trabajo de investigación pendiente en la casa». «A veces pienso que es como un palimpsesto, que tiene muchas capas, y algunas de ellas únicamente se revelan conforme va avanzando el proyecto». El investigador cree haber contribuido a fijar parte de la memoria del entorno del que proceden sus antepasados y siente «mucha emoción al ver los documentos digitalizados cuando hasta hace unos meses se deshacían en mis manos». En los próximos meses continuará asentando los muros de la casa solariega o recuperando el empedrado del recibidor original y, en paralelo, descubriendo qué misterios hay detrás de cada puerta cegada.

Trabajos de restauración en un San Mamés hallado en la casa.
Trabajos de restauración en un San Mamés hallado en la casa.
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Una veintena de lienzos mugrientos recuperan su esplendor

El antes y el después es sorprendente. Entre los hallazgos de la casa solariega de Used figura también una veintena de cuadros de escuela española de los siglos XVI y XVII. «Siempre digo que hay veintitantos porque están tan mal y tan destrozados que algunos apenas son trozos y no sé si es un lienzo, dos, tres...». Sánchez explica que todo son cuadros populares, de bajo valor económico, y la gran mayoría de temática religiosa, salvo algún bodegón. «Estaban en el granero, llenos escombros y tejas que les habían caído encima. También con excrementos de ratas y de palomas. Su estado de conservación era pésimo y a priori parecían irrecuperables. Cuando los recogí parecían una toalla ennegrecida», cuenta Sánchez. Tras desenrollarlos con sumo cuidado, el arquitecto zaragozano comenzó a colgar algunas imágenes en Instagram y algunos seguidores le sugirieron que los llevara a la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Aragón, ubicada en Huesca. Allí restauran lienzos de particulares si les interesan pedagógicamente y profesionales como Rita Piquero enseguida vieron que los encontrados en Used, repletos de mugre tras más de cien años sin tocarse, sí tenían su importancia. En la escuela oscense aún trabajan en un espectacular San Vicente Mártir para el que –cuentan– están usando una técnica pionera que se llama «unión hilo a hilo». Es un proceso para reparar roturas y faltas en el lienzo que consiste en rellenar estas con hilos siguiendo la urdimbre original, lo que permite preservar la continuidad y la textura del tejido.

Otros de los ‘pseudolienzos’ los acerca Sánchez a la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, donde –capitaneados por Juan Carlos Barbero y Rosa Plaza– ya ha concluido la recuperación de una de las piezas más interesantes. Se trata de un San Juan Bautista, que se especula que pueda ser una copia de un Tiziano y que están estudiando si puede ser una copia contemporánea, esto es, hecha en su taller en el siglo XVI. «Es increíble cómo lo limpiaron y completaron su reintegración cromática. La comparación de las imágenes en apenas dos años habla por sí sola de la labor tan importante de los restauradores». Un proceso parecido se llevó a cabo también en los talleres de Madrid con un San Mamés que acompaña a estas líneas.

La intención de Sánchez es depositar las pinturas en un futuro inmediato el Museo de Zaragoza. El joven ya contactó en otoño con el director y parece existir un interés mutuo. Además, el estudio de estos cuadros ha sido objeto de un artículo en la prestigiosa revista ‘Studies in Conservation’, en el que se elogia el trabajo de las citadas escuelas, cuya labor se puede seguir también en sus perfiles de Instagram (@escyra y @escrb), que consideran un «espacio de intercambio de conocimiento».

Parte del catálogo expuesto en el Centro de Historias.
Parte del catálogo expuesto en el Centro de Historias.
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También en (In)visible

En la exposición que acaba de inaugurarse en el Centro de Historias y que reflexiona sobre la intimidad y la emancipación femeninas a través de colecciones históricas de lencería –‘(In)visible’ se llama la muestra– también hay parte del material hallado en la casa solariega de la comarca Campo de Daroca. En concreto, en una vitrina pueden verse distintas páginas de un catálogo de moda de 1888. Se trata de un cuaderno que reúne las ofertas comerciales de los almacenes El Siglo, que fueron uno de los comercios de Barcelona considerados como los más modernos de España. Cada año imprimían 30.000 catálogos para sus distinguidos clientes y, aunque las tendencias han cambiado bastante, en aquellas páginas se recoge el último grito en corsés, refajos, enaguas... ‘(In)visible’ estará abierta hasta el 19 de septiembre.

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