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José Miguel Marín perpetúa a Pío Baroja en Mirambel

Natural del pueblo, este antiguo miembro de la Guardia Urbana de Barcelona tiene una impresionante colección de obras de Pío Baroja, autor de ‘La fonda de Mirambel’, a quien encarna en visitas teatralizadas por el pueblo. Además, preside la asociación cultural local y colecciona (y cataloga desde hace décadas) todo lo que se publica en la prensa sobre Mirambel.

Lo de José Miguel Marín con Mirambel va más allá del amor al lugar en el que vio la primera luz. Su pueblo es también su pasión. "Nací aquí, en una masía. Mi obsesión desde siempre ha sido recopilar material publicado sobre Mirambel; ya lo hacía de joven, con menos medios. Mi colección subió mucho en los 80, y la he mantenido: busco todo en periódicos, revistas e internet. Antes me dedicaba a dar voces por ahí, a amigos y conocidos suscritos a diarios; les pedía que me guardasen todo o lo fotocopiasen, y seguía buscando por mi cuenta".

José Miguel lleva la catalogación de sus hallazgos al dedillo. "Lo guardo en carpetas por años; el volumen varía mucho. Al principio llegué a juntar ocho años en una carpeta, pero ha habido años con 17 carpetas; el que más, 2006, sin duda. También hay muchas de 2007 y 2009. Luego ha bajado un poco el material; también lo he seleccionado un poco más".

José Miguel y su esposa Montserrat tienen un rinconcito de cuento de Mirambel, una casa en el centro del casco urbano con los espacios repartidos. "El sistema eléctrico y el acondicionamiento lo hemos hecho nosotros. Curiosamente, tengo ahí una colección de lámparas: de carburo, aceite, petróleo, gas… en mi infancia no había luz eléctrica en la masía, y las usábamos".

Vídeo de José Miguel Marín en Mirambel en 'Aragón es extraordinario'

José Miguel se fue a estudiar Capacitación Agraria a Zaragoza, en Cogullada; tenía 14 años. "Luego ya marché a Barcelona y mi vida cambió; entré en la Guardia Urbana. ¡Ahí pagaban! Un señor del ayuntamiento me lo aconsejó, y eso que no quería más uniforme después de la mili. Me dijo que ahí no me haría rico, pero nunca pasaría hambre, y así fue. Me jubilé a los 63 años en 2013, tras 40 años de servicio".

Relocalizado en Mirambel, afianzó su gran obsesión; el coleccionismo de las obras de Pío Baroja. "Además de disfrutar de la escritura de Baroja, su conexión con Mirambel tras una estancia en 1930 y el libro ‘La fonda de Mirambel’ es fuerte. Tengo 195 novelas suyas; leí ‘La venta de Mirambel’ en el colegio, me la prestaron, y me impactó. Ahora poseo una primera edición y otros ejemplares posteriores. Y sí, esta boina que tengo aquí -la muestra- es barojiana; hace unos meses comenzaron visitas teatralizadas en el pueblo y me caracterizo como él".

Dice José Miguel que para argumenta lo hermoso que es Mirambel -está en el club de los pueblos más bonitos de España, por cierto- solo hay que recorrer sus calles. "Siempre bromeo con los visitantes al decirles que traten de esquivar los cables al hacer fotos, para no afearlas... y cuando me dicen que no ven ninguno, les digo ‘exactamente’. Y juega ‘sucio’ cuando se le pide que elija un rincón favorito del pueblo. Es muy grande: cualquier rincón intramuros, y hay 900 metros de muralla. Los palacios son privados, hay seis y no se visitan, pero sus fachadas son maravillosas: la Casa de los Julianes, Casa Aliaga, Casa Castellot, Casa Barceló, Casa Villarroya y el antiguo edificio de Aduanas. ¿Y el convento de las agustinas? Estuvo cerrado muchos años. Yo fui una temporada a la escuela ahí, eran buenas maestras; mandaban de la masía una cesta de huevos, un pollo… entregábamos los alimentos a través de un torno, se los llevaban, y te devolvían la cesta vacía con una estampita dentro".

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