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Aragón

Heraldo Escolar / entrevista

Jorge Sanz: "Lo prioritario es cultivar la emoción de aprender"

Profesor de Lengua y Literatura y jefe de estudios en el IES El Portillo de Zaragoza, Jorge Sanz Barajas apuesta por la confianza entre docente y alumno.

Jorge Sanz Barajas, interactúa con sus alumnos de 2º de ES0, durante la clase de Lengua y Literatura, en el IES El Portillo de Zaragoza.
Jorge Sanz Barajas, interactúa con sus alumnos de 2º de ES0, durante la clase de Lengua y Literatura, en el IES El Portillo de Zaragoza
Toni Galán

Cuando hace un resumen apresurado de su infancia, Jorge Sanz Barajas (Zaragoza, 1967) suele decir que creció en el barrio de Las Fuentes y se desasnó por los campos de maíz y las graveras del barrio de Montemolín y la piscina del parque Bruil. En esa patria que siempre es la infancia se forjaron las bases de sus compromisos como profesor.

¿Dónde estudiaste?

Pasé por las aulas de La Salle Montemolín, de donde guardo los mejores recuerdos; después, por La Salle Gran Vía para el bachillerato; en la Universidad de Zaragoza estudié Filosofía y Letras (Filología) y en la Universidad del País Vasco hice el doctorado en Ciencias Políticas.

La primera lectura que hiciste por voluntad propia…

Recuerdo que leí ‘Un capitán de quince años’ en una tarde de verano en Alcaine, escondido en un sillón mucho más grande que yo. Volví a esa novela muchas veces y la leía de tirón.

¿Por qué elegiste la docencia?

Mi hermana mayor, Maru, también maestra, nos sentaba a mi hermano y a mí en el salón y nos daba clase cuando apenas sabía andar. La escuela era un juego. Le debo a ella entender este oficio como algo divertido, aunque mandaba mucho. Años después, Alicia Sanz, mi profesora de Lengua en el bachillerato, me contagió su pasión por los libros. A mí me intrigaba qué podía encontrar en el ‘Arcipreste de Hita’ o en ‘La Celestina’. A veces me hacía leer en alto y descubrí, al ponerles mi voz, que en ellos estaba la vida y que esa vida había que contarla muchas veces y a mucha gente.

¿Principales destinos?

Empecé a trabajar de voluntario en 1987 como alfabetizador en la granja para transeúntes que Cáritas tenía en Movera. En 1990 me trasladé a Bilbao para trabajar como profe en el colegio Gaztelueta. Un par de años después recalé en el Colegio de El Salvador, donde pasé casi cinco lustros estupendos, con un interludio de tres años en el colegio San Ignacio, de Pamplona. Desde hace tres años estoy en el Instituto El Portillo, donde he redescubierto qué significa el derecho a la educación.

"Durante el confinamiento, hubo casos en que cohabitaron tres familias o más en un piso"

¿Qué es la educación pública para ti?

La mejor garantía de futuro para muchísimos chicos y chicas. Es la única que llega a todos los rincones del territorio, los geográficos y los socioeconómicos. Es inclusiva, democrática y coeducativa, laica y aconfesional. Cabe todo el mundo, se les atiende de forma integral. Siempre he tenido una mentalidad de escuela pública. Incluso cuando trabajaba en la concertada, insistía en que era una escuela sostenida con fondos públicos y, por lo tanto, que su prioridad era la educación inclusiva. No siempre se entendía así.

Jorge Sanz Barajas, jefe de Estudios del IESEl Portillo de Zaragoza, en clase de Lengua y Literatura con sus alumnos
Jorge Sanz Barajas, jefe de Estudios del IESEl Portillo de Zaragoza, en clase de Lengua y Literatura con sus alumnos
Toni Galán

¿Eres un profesor que escribe o un escritor que da clase?

Empecé a escribir para entender los procesos y mecanismos de la creación y poder explicarlos mejor, para mejorar la precisión de la escritura, para experimentar en carne propia el fracaso de la escritura. Luego resultó que lo que escribía gustaba a algunos. Pero soy más lector que escritor, y más profesor que cualquiera de las dos. Me gusta mucho más la tiza que el teclado. Escribir es una necesidad que calmo cuando tengo tiempo libre, pero mi vocación es la educación.

¿Cómo mantuviste la relación con los alumnos durante el confinamiento?

"Sabíamos que cuando apagaban las pantallas empezaba algo muy duro para ellos"

Fue difícil conectar con todos. El 15% de las familias estaba por debajo del umbral de pobreza al empezar el confinamiento. Ahora, ese porcentaje se ha doblado. El equipo directivo contó con la ayuda de las redes vecinales porque el Ayuntamiento cerró los servicios sociales en el peor momento. Al cabo de un mes, logramos repartir ochenta ordenadores y veinte tarjetas de datos para estar conectados. El claustro se volcó en el trabajo, fue algo extraordinario: profesores atendiendo a alumnos siete días a la semana, veinticuatro horas al día. Lo duro fue tener que conformarse con la telemática, sabiendo que cuando cerraban la pantalla, empezaba algo muy duro para ellos.

Una alumna sigue las explicaciones de Jorge Sanz en el IES El Portillo de Zaragoza
Una alumna sigue las explicaciones de Jorge Sanz en el IES El Portillo de Zaragoza
Toni Galán

¿Cómo crees que los estudiantes vivieron la cuarentena?

En una clase de 2º de la ESO me decían que habían descubierto a su familia, que habían dejado amistades que no estuvieron cercanas, que querían volver a clase, que la soledad era muy amarga… Hubo casos en que cohabitaron tres familias o más en un piso. Les culparon de extender el brote en Delicias, pero ¿cómo no contagiarse si compartes baño y cocina con tanta gente? Combinar la pobreza, la exclusión y la culpa es muy duro.

¿Qué podemos hacer los profesores?

Estar cerca, acompañar, escuchar, sentir con ellos… No importa tanto la conexión telemática como la física, la emocional. Un cable conecta datos, una mano conecta vidas, un abrazo lo conecta todo. Lo prioritario es cultivar la emoción que los lleva a aprender. Un vídeo no sirve de gran cosa si el profe no ha establecido antes un vínculo personal con el alumno. Aprenden porque confían en ti, porque se sienten queridos y escuchados. Lo primero que debemos hacer en este curso que empieza es establecer vínculos y transmitirles seguridad. Aprovechemos para inculcarles buenas expectativas sobre sus posibilidades, que sepan que creemos en ellos.

¿Habéis puesto en marcha medidas para combatir los efectos de la pandemia?

Estamos configurando grupos de no más de quince alumnos de 1º a 3º de ESO para poder atenderlos lo mejor posible. Aprovechamos estos días para levantar el ánimo y construir lazos, sobre todo con los más pequeños. Hemos estirado el tiempo de recreo para habilitar actividades lúdicas inclusivas, juegos, aprendizajes, etc. Hemos dedicado una parte del montante económico a ‘refrescar’ el material informático con portátiles que puedan emplear los grupos que se confinen. Estamos estrechando lazos con el entorno –redes vecinales, consejo de salud, servicios sociales, asociaciones del barrio– para mejorar la respuesta. Tenemos un mapa más nítido de las familias en situación de riesgo, de los chicos y chicas con carencias. La respuesta del claustro está siendo extraordinaria.

"No producimos trabajadores, acompañamos a personas en su crecimiento"

¿La lectura puede ayudar a entender el mundo? ¿Incluso ahora?

Seguro que sí. Leer no te hace más listo, pero te puede hacer más sensible y más curioso. Cuando uno se mete en la piel de diferentes personajes, incrementa su sensibilidad y su empatía. Ahora, más que nunca, es vital leer.

¿Cuál es el mayor reto que tiene planteado la sociedad? ¿Y la escuela?

La defensa de lo común, lo público. Y el acceso universal a lo esencial para una vida digna. La escuela necesita crear equipos, un pacto de financiación y alejarla de los mercados. No producimos trabajadores, acompañamos a personas en su crecimiento. Economía y escuela funcionan en tiempos distintos. La escuela tiene en su reloj ochenta años a la vista y el mercado, unos segundos. El reto de la escuela es convertirse en un espacio donde cada profe y cada chico o chica buscan la mejor versión de sí mismos. 

El profesor, con sus alumnos en el aula.
El profesor, con sus alumnos en el aula.
Toni Galán

Democracia y espacios públicos

Cuando Jorge Sanz y yo éramos niños había en el Parque Bruil de Zaragoza un mini zoo en el que malvivían, torturados por la falta de espacio, de alimentación y de cuidados higiénico-sanitarios, entre otros animales, dos zorros, un jabalí, tres monos, dos leones y dos osos, Juan y Nicolasa. El Ayuntamiento de Zaragoza tenía previsto crear un parque zoológico y aquellas jaulas iban a ser el germen del proyecto. Finalmente se abandonó la idea y los animales solo eran atendidos por la buena voluntad del personal de parques y jardines. El oso Juan murió en los años 70. No está claro si enfermó, si lo envenenaron o si murió de pena. Nicolasa sobrevivió en su jaula durante 18 años hasta que a mediados de los 80, gracias a la movilización de asociaciones protectoras de animales la llevaron a Rioleón Safari (Tarragona), donde murió con más dignidad de la que había vivido tres o cuatro años después. He pensado muchas veces que la imagen de aquella osa recluida en un habitáculo insuficiente, enloquecida por la soledad y la falta de piedad de los humanos que le arrojaban cigarros encendidos, piedras y que la dejaron tuerta de un perdigonazo, era una metáfora de la sociedad en la que vivíamos.

En las últimas décadas, con la democratización de la sociedad y la recuperación de las libertades, ha cambiando nuestra sensibilidad y situaciones que entonces se vivían con cierta normalidad, hoy no las toleraríamos. La democracia está unida al desarrollo de lo público. Cuando Jorge y yo éramos niños solo los privilegiados podían hacer deporte en clubes privados, pagarse la atención médica, la cuota en las residencias de la tercera edad y se educaban en escuelas privadas, mejor dotadas que las desamparadas públicas. No había centros deportivos de los que ahora podemos disfrutar, ni residencias públicas para mayores ni asistencia médica universal. Había beneficencia. Pero la democracia no es la caridad. Hemos de defender estas conquistas de los últimos 40 años. Cuesta mucho conseguir los derechos y quizá podemos perderlos con más facilidad de la que pensamos.

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