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Covid-19

"Hay un poco de miedo, pero este es nuestro trabajo y teníamos que venir"

Los esquiladores uruguayos ya trabajan en las explotaciones aragonesas. Tienen respeto ante el virus, pero insisten en que "las ovejas no podían estar un año con la lana" 

Una cuadrilla de esquiladores uruguayos, el viernes en una explotación de ovino de Viu de Linas (Huesca)
Una cuadrilla de esquiladores uruguayos, el viernes en una explotación de ovino de Viu de Linas (Huesca)
Oviaragón-Grupo Pastores

Un grupo de 253 esquiladores subían a las 20.30 del pasado día 12 de mayo al vuelo charter que les traía a España desde el aeropuerto de Carrasco de Montevideo (Uruguay), donde fueron despedidos allá (como ellos dicen) como auténticas estrellas por los ministros de Relaciones Exteriores y de Agricultura de su país. Aterrizaban un día después en el aeropuerto madrileño de Barajas y, distribuidos en distintas cuadrillas, se repartieron por diferentes comunidades españolas. Y sin perder tiempo –todavía no había entrado en vigor la obligatoriedad de cumplir una cuarentena de 14 días– emprendieron el tajo, esquilar decenas de miles de ovejas que todavía por estas fechas lucen un vellón de lana que comenzaba a poner en peligro su sanidad y su productividad.

De ellos, 24 han sido contratados por la cooperativa aragonesa Oviaragón-Grupo Pastores, una de las empresas españolas que removieron cielo y tierra para conseguir los permisos que les permitieran fletar un vuelo que han costeado de su propio bolsillo. La iniciativa ha tenido sus dificultades, pero los esquiladores uruguayos nunca dieron por sentado que ya no podrían venir. "De momento, por eso del virus y de la epidemia, se complicó un poco el viaje, pero después de todo, este es un trabajo que no lo hace nadie acá y tuvimos que venir, porque si no las ovejas se quedarían con la lana para el año que viene". Quien habla es Ramiro Javier Pedroso, que pone voz también al sentir del resto de sus compañeros. A todos se les realizaron controles, chequeos médicos e incluso test y "todos estamos bien, si no no podríamos viajar", deja claro Pedroso.

Asegura que están tranquilos y que no les han sorprendido las restricciones y las exigencias sanitarias que han encontrado en España porque mantenían contacto permanente con Pastores, que les iba comunicando cómo estaba la situación en el país. "Además, esto está pasando en todo el mundo, en Uruguay también, es cierto que la situación no es tan complicada como acá pero el virus también está", señala Pedroso. Pero lo cierto es que estos esquiladores dejaron un Uruguay también en estado de emergencia sanitaria, cuando apenas se contabilizaban 625 infectados (más de la mitad, ya curados) y 15 muertos, para viajar a España, que acumula ya 231.350 contagiados (de los que 149.576 han superado la enfermedad) y 27.650 fallecidos.

"Esta es (la situación) en la que estamos ahora y qué vamos a hacer, para mí está todo bien", responde cuando se le recuerdan estas cifras. Reconoce que el temor al contagio está ahí, pero insiste en que son profesionales y tenían que cumplir los compromisos adquiridos. "Todos no somos iguales, algunos tienen más miedo que otros, pero este es nuestro trabajo y tenemos palabra y contratos firmados y eso son dos cosas importantes", señala este esquilador de 42 años que desde 2007 viaja a Aragón para esquilar el ovino de Pastores.

Son conscientes de que la excepcional situación obliga a adoptar nuevas medidas sanitarias, pero aseguran que están concienciados y preparados para trabajar con seguridad. "Tomamos todas las precauciones que hay que tomar, es una epidemia y el virus es contagioso por lo que haremos todo lo que tengamos que hacer por nuestro bien y el de todo el país", explica Pedroso. Y en cada respuesta recalca que "no hemos venido acá a pasear, somos personas de trabajo", recuerda que "un pasaje no vale dos pesos" y destaca que han dejado en Uruguay "a familia y personas queridas", por lo que están en España, sea cual sea la situación: "Si tuviéramos mucho miedo nos hubiéramos quedado allí, pero nosotros vivimos del esquileo".

Son su profesionalidad, su peculiar manera de esquilar (con la oveja suelta) y su productividad –esquilan unas 200 ovejas diarias por persona– las que hacen que estos trabajadores sean tan apreciados por el sector, no solo en España, sino también en Chile, Argentina o Estados Unidos. Un oficio que aprenden desde jóvenes y para el que su país les ofrece una buena formación. "En Uruguay hay mucha tradición porque se trabaja mucho con la lana, hay escuelas y la gente se forma mucho desde chico. Acá viene gente bien joven, algunos de 25 años, y además trabajan muy bien", señala.

Unas 250.000 ovejas

Las tres cuadrillas que forman este grupo de uruguayos esquilarán, hasta finales de julio, unas 250.000 ovejas. Han comenzado por las explotaciones de Los Monegros, Cinco Villas y el Pirineo y en unos 15 días bajarán a Teruel, explica Carlos Bernués, coordinador del grupo de esquileo de la cooperativa aragonesa Oviaragón-Grupo Pastores.

Pero este grupo cooperativo integra hasta 600.000 cabezas de ganado, así que para el esquilo de las restantes cuentan también con otras cuatro cuadrillas de las que disponían antes de comenzar el estado de alarma, a la que sumarán en estos días otra más. Bernués explica además que están intentado trasladar a otras tres cuadrillas de polacos, que, de momento no pueden viajar, pero esperan que sea posible cuanto antes. "Y si tienen que cumplir la cuarenta, así lo harán", destaca.

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