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historias de la pandemia

"Siempre he vivido solo, pero es ahora cuando me siento solo"

A los que viven en solitario por elección, la cuarentena les ha dejado sin su intensa vida social y una independencia que valoran particularmente. La soledad buscada tiene muchas ventajas, pero estos días, también, algunos inconvenientes.

El instagramer Fran Luján, en su casa.
El instagramer Fran Luján, en su casa.
Heraldo.es

"Oye, que yo no quiero dar pena, ¿eh?". Es la primera preocupación de Fran Luján al otro lado del teléfono. Quiere dejar claro que lo suyo no es un drama, pero sí representa una de tantas circunstancias singulares y sobrevenidas en estos días de confinamiento.

El aislamiento es poliédrico en las emociones que genera en cada uno. En este caso, se da la paradoja de que incluso entre quienes viven en solitario por libre elección, genera ahora cierto desasosiego.

Fran Luján tiene 39 años. Se define como "superindependiente". Vive solo y ha vivido solo incluso en las épocas (largas) en las que ha tenido pareja. Eso sí, siempre ha tenido una vida social que no duda en calificar de "hiperactiva"."Calculo que en los últimos meses he cenado una vez en casa, solo entraba en casa para dormir", ilustra Luján, quien combina su trabajo con un efervescente trajín como instagramer. "El único día que desconectaba era los domingos, me encerraba en casa, era como una especie de purga. Ahora es un domingo perpetuo", describe.

Sentencia: "Siempre he vivido solo, pero ahora me siento solo, la diferencia es abismal". Una situación que sobrelleva "a ratos". "En casa estoy muy tranquilo, estoy bien, me apaño, no me aburro, pero hecho en falta el contacto humano", relata. De hecho, dice que desde el viernes pasado "esta (por la que hace con HERALDO) es la primera llamada que he hecho, el resto han sido videollamadas. Nunca las había hecho, pero así notas que estás acompañado. He llegado a hacerlas de hasta ocho personas". Fran mantiene así muy vivo el contacto con los amigos, de los cuales varios también solos. "Desvariamos diciendo que en 15 días nos iremos a vivir juntos", dice riendo, para enseguida puntualizar: "En realidad, ni se nos ocurre. Yo, desde luego, soy responsable y tengo miedo al virus".

Algo diferente es la situación de Eva Serrano. Se da cuenta de que su estilo de vida de 'Antes del Coronavirus' la ha preparado adaptarse bastante suavemente a las actuales circunstancias. Propietaria de dos bares en la calle Mayor de Zaragoza, está acostumbrada a trabajar cuando los demás libran (y viceversa), lo cual siempre le ha reducido algo sus posibilidades de socializar. Aunque reconoce: "Todo cambia cuando te lo imponen".

Eva se dice "casera". Es feliz haciendo fotos, viendo series... "En casa no me encuentro a disgusto", asegura.

Eva Serrano, este viernes, en su casa.
Eva Serrano, este viernes, en su casa.
Heraldo.es

En cualquier caso, no ha escapado al ambiente frenético de los primeros días. "Al principio me dediqué a hacer un montón de cosas, llegué a agobiarme, pero luego me dije: 'Si no lo hago de normal, ¿por qué ahora?'".

Lo mismo con su familia: "Estamos pendientes los unos de los otros continuamente, pero nunca hemos sido de muchos abrazos, así que ahora no nos vamos poner a querer darnos besos".

"¿Que si creo que me va a cambiar esta experiencia? No lo sé, no creo que a mí particularmente, pero sí que espero que lo haga y para mejor con la sociedad en su conjunto", dice Eva, muy consciente de que, en realidad, ella es una privilegiada y ya lo era antes de este embate.

La interiorista Elisa López opina parecido. Vive en una bonita casa, decorada por ella misma, con una terraza de imponentes vistas a la ciudad de Zaragoza. Pero estos días, a pesar de todo, siente morriña por su familia, a la que todos los días ve a través de la videollamada. Ha pasado de la soledad buscada a la impuesta. Dice que no echa de menos su "libertad de acción, aunque soy superactiva, pero sí a las personas".

Elisa López, trabajando desde su casa.
Elisa López, trabajando desde su casa.
Heraldo.es

Su familia, con la que Elisa es "una piña", está pendiente de ella. Incluso ha tenido que pararle a su madre los pies para que no se acercara a su casa. Ha decidido mantener su rutina, la hora de despertarse y la de ponerse a trabajar, ahora desde casa. Pero echa de menos ir al trabajo y verse con las amigas.

A la vez, piensa en los que viven tres en una casa pequeña o en las personas mayores que viven solas a la fuerza. "Eso sí que es duro, a fin de cuentas, yo en mi casa estoy divinamente".

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