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Aragón

Fin de año

Efecto 2000: del fin de la civilización al cuento de 'Los tres ceritos'

Se cumplen 20 años de la, tal vez, nochevieja más controvertida de la historia, en la que el mundo informático corría el riesgo de desmoronarse. ¿Qué pasó finalmente? Nada de nada.

Aquella recta final de 1999 será difícilmente olvidada. La gente había asumido un extraño relato distópico según el cual, en el preciso instante en que la última campanada diera paso al año 2000, los ordenadores de sobremesa se irían al traste, los hornos cobrarían vida propia y los aparatos reproductores de vídeo que Papa Noel había dejado en casa -previo desembolso de 19.500 pesetas- chisporrotearían diciendo adiós a una vida demasiado corta. Esos serían los males menores del llamado Efecto 2000. Los más agoreros avisaban de que los aviones caerían del cielo del mismo modo que se desplomarían las divisas. En las calles, jauja: adiós a las farolas y a los semáforos. Se impondría le ley de la selva.

¿Qué pasó finalmente? 'Rien de rien'. La más absoluta nada. Se suponía que las computadoras estaban programadas para comprender las décadas mediante un sistema de dos cifras y no de cuatro (años 60, 70, 80, 90), pero que la llegada de los años 00 les haría retroceder al arranque del siglo XX, pues durante el desarrollo de los sistemas se predeterminó que las dos primeras cifras de cada década serían 1 y 9. Al final sus entendederas, por resumir, les dieron para mirar hacia el futuro. El planeta siguió girando y el Efecto 2000 se convirtió en el cuento de 'Los tres ceritos'. Lo que no quita para que el trabajo en las instituciones aragonesas fuera ímprobo de cara a evitar cualquier tipo de imprevisto. Mejor prevenir que volver a la vida en las cuevas.

El Ayuntamiento de Zaragoza movilizó personal como si no hubiera un mañana. Más de cien agentes de la Policía Local, un centenar de efectivos de bomberos y unos 250 funcionarios municipales estuvieron de guardia desde las 8.00 del día anterior hasta bien entrado el nuevo años para velar por el funcionamiento de los servicios. Todos los servicios de actuación estuvieron comunicados permanentemente a través de líneas telefónicas autónomas para que, en el caso de que se produjese cualquier incidente, se procediese a una intervención coordinada y efectiva. Los planes de contingencia del Ayuntamiento ante el efecto 2000 cubrieron todas las áreas, reforzándose especialmente los servicios operativos no sólo de Policía y Bomberos, sino también de Informática y Vialidad y Aguas.

La Universidad de Zaragoza trató de calmar los ánimos, sobre todo los integrantes del departamento de Informática e Ingeniería de Sistemas, que dedicaron no pocas horas de trabajo a realizar verificaciones y pruebas para llegar a una conclusión: nada iba a ocurrir, salvo el hecho de que algunas empresas estaban haciendo su particular agosto al dedicarse en exclusiva a adaptar programas y sistemas operativos.

A nivel nacional se coordinó el denominado ‘Plan del Efecto 2000’, que en Aragón, igual que en el resto de las comunidades autónomas, dependió de la Delegación del Gobierno. Hasta 25 empleados de la institución -desde el propio delegado hasta los responsables de los distintos cuerpos policiales y de Bomberos- cambiaron las uvas con los familiares y amigos por una noche de trabajo, que se vivió con menos peso después de que el primer turno comprobase que no había ocurrido nada extraño después de que los fuegos artificiales iluminasen la icónica Ópera de Sidney.

Otras instituciones públicas, como las diputaciones provinciales, pasaron la noche en vela, pero no con una copa en la mano. Lo mismo ocurrió en los centros hospitalarios, cuyos servicios de urgencias fueron reforzados, o en empresas clave como Eléctricas Reunidas de Zaragoza.

Aquel gran despliegue fue dirigido desde el refugio nuclear de La Moncloa, un búnker "autosuficiente en caso de alarma”, según definieron desde el Gobierno central. Se habilitó con una clínica y un equipo de médicos a su servicio, así como un servicio de catering. Desde el lugar, el entonces presidente, José María Aznar, podía establecer comunicaciones directas con todos los organismos e instituciones del Estado, incluso los tres Ejércitos, en una hipotética situación de crisis. "Se podría tener un control completo del país desde allí", resumieron entonces. La instalación, por cierto, sigue estando a disposición de Pedro Sánchez, quien quizá haya cambiado el colchón del anterior inquilino.

Campanadas que no sonaron

Sí hubo un pequeño-gran fallo durante las campanadas. O, mejor dicho, durante las no campanadas. En la plaza del Pilar falló la megafonía, por lo que las doce uvas, que por primera vez se engullían de manera comunitaria -el Consistorio quería un acto independiente del de la Puerta del sol- acabaron comiéndose de forma algo anárquica. El error suscitó no pocas bromas entre los asistentes, entre los que se encontraban varios alcaldes de la corporación municipal.

En los hospitales de la Comunidad la transición al nuevo año también resultó de lo más tranquila. No hubo sustos y con tranquilidad, sin sustos, pudo nacer a las 3.20 de la madrugada el primer niño aragonés del año, el alcañizano Andrés, que el próximo miércoles 1 alcanzará la veintena. Seguro que sus padres, Elena y Carlos, le han hablado muchas veces de aquel Efecto 2000 que tanto pudo preocuparles cuando se acercaba la salida de cuentas... y del que tan rápido se olvidaron al verle nacer.

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