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Manuel Villoria: "Es casi más preocupante el despilfarro que la corrupción"

El Catedrático de Ciencia Política habló este martes de cómo prevenir la corrupción en el congreso del Observatorio de Contratación Pública que se celebra en Zaragoza.

Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política, en el congreso del Observatorio de Contratación Pública en Zaragoza
Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política, en el congreso del Observatorio de Contratación Pública en Zaragoza
Oliver Duch

Si busca en la web corrupción en España una de las entradas fija el coste en 128.503 millones. ¿Es un problema sistémico?

No, porque cuando te para la Guardia Civil no te pide sobornos, ni tampoco lo hacen en los hospitales o en las escuelas. Pero nuestro nivel de corrupción es alto para un país desarrollado y es muy preocupante haber bajado del puesto 20º al 40º. España ha perdido imagen y revela que la corrupción era mucho más grave.

¿La explosión de casos es indicativo de un mal endémico o de un mayor control?

Ese es el gran debate. Se ha avanzado bastante en detección, investigación y sanciones. Hemos pasado de 728 acusados por corrupción en 2015 a 62 en 2018 y de 125 a 48 causas en juicio oral. Mi visión optimista diría que la lucha empieza a tener frutos y la pesimista, que los corruptos han podido encontrar nuevas formas de actuar que no hemos detectado.

Los partidos involucrados siguen ganando elecciones en España. ¿Hay permisividad?

Los políticos corruptos son castigados en las urnas, esencialmente, cuando no distribuyen, es decir, cuando no generan empleo y sensación de riqueza.

España es el segundo país de la UE con mayor percepción de corrupción. ¿Cómo se casa con que se vote a los que lo provocan?

Hubo dos fases. Con el crecimiento económico, cuando la corrupción empezaba a ser casi sistémica en el ámbito local, menos de un 1% de los españoles lo consideraba un problema. Pero la crisis se dispara y el 40% de la población cree que es uno de los tres principales problemas del país. Hemos aprendido y somos el tercer país con más rechazo a la corrupción.

La presidenta de Transparencia Internacional considera un error basar la lucha en la sanción. ¿Cómo se puede evitar la lacra?

Requiere estrategias globales, desde el poder legislativo (el código ético no se ha puesto en marcha) al judicial (su politización obliga a los jueces que quieren ascender a ser cuidadosos con quién se meten). Tenemos un problema importante en los órganos de control porque la objetividad e imparcialidad siempre están en riesgo. Y en los medios de comunicación deben ser los consejos de redacción quienes definan las noticias esenciales y no los propietarios.

La nueva Ley de Contratos obliga a adjudicar por lotes, pero sigue el coladero del contrato menor. ¿Por qué no se le pone coto?

Si le pones coto, paralizas la Administración. Es matar moscas a cañonazos. Tenemos muchos controles y papeleo para, por ejemplo, pagarme el viaje Madrid-Zaragoza, pero no para planificar una nueva infraestructura que, igual, solo sirve para que un alcalde gane las elecciones.

Entonces, ¿es más un problema de corrupción o de despilfarro?

Es casi más preocupante el despilfarro. Es fundamental analizar el coste-beneficio en la planificación de infraestructuras, porque se puede hacer una contratación perfecta que no sirva para nada o que beneficie a una empresa en la que esté detrás un político.

Los órganos de control no dejan de detectar anomalías, pero no tienen poder sancionador. ¿Para qué sirven entonces?

Para dar información que nos enfada más. He sido uno de los impulsores de la transparencia, pero no sirve de nada sin una rendición de cuentas que acabe con una sanción. De otro modo, hay una deslegitimación.

¿Cuál es su radiografía?

La desconfianza en los partidos es de las mayores de Europa, al igual que en el Parlamento y en el Gobierno. Y los políticos se han convertido en el segundo problema de España.

¿Es la tormenta perfecta?

Sí. Y si hubiera una crisis grave, con el problema catalán, Vox podría perfectamente ganar unas elecciones en tres o cuatro años.

El BBVA asegura que acabar con la corrupción aumentaría el PIB un 16% en 15 años. ¿Por qué no se acaba con ella entonces?

Requiere mucha voluntad y tomar medidas duras cuya renta política no se vería en cinco o seis años. Y la política actual está basada en el cortoplacismo, en conseguir el mejor tuit. ¿Quién piensa a medio o largo plazo? Nadie.

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