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"En Aragón seguimos pensando que el cava solo es para brindar"

Los espumosos son el producto estrella de Bodegas Cabal, una joven empresa que apuesta por la elaboración natural y artesanal de sus vinos.

Ángel Arcega, propietario de Bodegas Cabal
Ángel Arcega, propietario de Bodegas Cabal

Si se busca ‘cabal’ en el Diccionario de la RAE, aparece una acepción que se ajusta perfectamente al trabajo que hay detrás de esta joven bodega ubicada en el municipio zaragozano de Ainzón: ‘excelente en su clase’. Así son los vinos de Bodegas Cabal, entre los que destacan los espumosos, motivo por el cual su artífice, Ángel Arcega, buscó para su proyecto, «un nombre aragonés que se relacionara con el cava».

En total son cinco las referencias que, en la actualidad, produce la bodega: los espumosos de garnacha, macabeo y chardonnay y los tranquilos blanco de chardonnay y tinto joven de garnacha y tempranillo: «Quizá se puede hablar ya de otra que estoy a punto de lanzar, un tinto de garnacha de roble, que se encuentra en proceso de certificación, y que previsiblemente estará en el mercado para las Fiestas del Pilar», explica el bodeguero.

Todo un motivo de celebración para esta joven empresa del Campo de Borja, que no necesariamente recurre a los espumosos en el momento de alzar las copas: «En Aragón, creemos que el cava se utiliza solo para brindar: para celebrar una boda o que te ha tocado la lotería…, sin embargo es una opción ideal para acompañar una buena carne o un buen pescado».

Un producto lo más natural posible

Así lo dice este gran aficionado a los vinos que también lo es de los retos. De ambas inquietudes surgió, hace escasamente cinco años, Bodegas Cabal: «De visita por la región catalana del Penedés, me pregunté por qué si los catalanes fabricaban en sus bodegas su propio espumoso, no podría hacer yo lo mismo en mi pequeña bodega de Ainzón», relata Arcega. A ese momento le siguieron años de investigación y de aprendizaje. Arcega reformó su bodega y alquiló unos cuantos viñedos más para sumar a los que ya tenía. Con todo ello, la ayuda de su hijo y la ilusión intacta, el bodeguero apostó por hacer un vino lo más natural posible.

"Como no se añaden azúcares, mis vinos no dejan resaca"

El resultado es un producto apenas manipulado desde que se vendimia hasta que se embotella. No se usa química ni se añaden los azúcares que aporta el licor de expedición, que se utiliza habitualmente para la elaboración de los cavas. Esta filosofía de trabajo le ha llevado no solo a la obtención del sello de Artesanía Alimentaria que concede el Gobierno de Aragón, sino a ofrecer un producto único que está teniendo una gran acogida en el cliente final: «De las 10.000 botellas de vino espumoso que produzco al año, prácticamente ninguna es igual a la otra, -y añade- además, como no se le añaden esos azúcares, no dejan resaca», concluye Arcega.

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