Aragón

Agroalimentación

Aprender para emprender

Ocho proyectos empresariales han resultado finalistas en la quinta edición del Programa de Emprendimiento Agroalimentario de Aragón, que ofrece formación y asesoramiento para convertir una idea en una negocio.

Álvaro Alcalá, durante la presentación de su proyecto empresarial Champiñón del Manubles, en la sede de Bantierra.
Álvaro Alcalá, durante la presentación de su proyecto empresarial Champiñón del Manubles, en la sede de Bantierra.
Guillermo Mestre

Jóvenes, sobradamente preparados, concienciados con el medio ambiente, muy familiarizados con las nuevas tecnologías, innovadores, amantes del medio rural y especialmente preocupados por los problemas de despoblación que sufren los pueblos aragoneses. Es el perfil de los nuevos emprendedores agroalimentarios.

Una buena prueba de estas cualidades las encarnan los líderes de los ocho proyectos finalistas del programa que desde hace cinco años impulsa el Instituto Aragonés de Fomento (IAF) no solo para favorecer la puesta en marcha de iniciativas agroalimentarias en la Comunidad, sino para que estas cuenten con la viabilidad técnica y económica suficiente para garantizar unas mayores tasas de éxito.

Porque el Programa de Emprendimiento Agroalimentario, como así se llama, está diseñado para que en ese viaje (nada fácil y a veces largo) en el que una idea inicial (ilusionante, pero a veces poco definida) se convierte en negocio (con posibilidades de futuro), los potenciales empresarios pueden disponer de cualificados compañeros de viaje con los que aprender a emprender. Y lo hacen a través de un plan de formación que incluye 18 sesiones informativas repartidas en seis módulos, ocho sesiones orientadas al desarrollo del proyecto emprendedor y diez sesiones especializadas en el sector agroalimentario, todo ello impartido por 18 profesores y ocho tutores, todos ellos expertos especializados en las más diversas materias, desde los aspectos más puramente agroalimentarios hasta la economía y la fiscalidad, pasando por los asuntos jurídicos, la gestión laboral, las nuevas tecnologías, la agroecología, el márquetin y la comercialización e incluso, entre otras materias, la información y la comunicación.

Y una vez en la recta final del programa, los emprendedores tienen asignados un consultor-tutor para el desarrollo completo del proyecto. Unos mentores con sobrada experiencia porque lideran empresas del sector con mucha historia y no menos proyección.

"Se reflexiona con el emprendedor sobre los elementos básicos del proyecto así como las características del entorno general y específico del proyecto y se analizan y evalúan las características competitivas del mismo, las estrategias potenciales y los diferentes planes de producción, comercialización o financiación", explican los impulsores de este programa. Pero, además, detallan que se presta asistencia al emprendedor para el desarrollo presupuestario y del cuadro de mando, así como la asistencia jurídica inicial necesaria para que el proyecto eche a andar, pero también para tramitar subvenciones o buscar otras ayudas operativas y financieras (mentoring, ‘bussines angel’, capital riesgo o capital semilla). También se les abre la puerta a la cooperación y colaboración con los centros tecnológicos especializados con el objetivo principal de incrementar la innovación en el sector.

Por esta senda transitaron este año 22 proyectos, de los que 14 completaron el programa, de los que 8 han quedado finalistas. De ellas cuatro ya se han puesto en marcha y el resto esperan comenzar su actividad en lo que queda de 2019 y comienzos de 2020.

Ocho son los proyectos que han quedado finalistas en esta quinta edición del Programa de Emprendimiento Agroalimentario de Aragón. Todos ellos suman una inversión cercana al millón de euros y generarán 18 empleos. La mayoría de ellos han echado a andar o lo harán durante este año, aunque hay también iniciativas que comenzarán su actividad ya entrado el 2020. Sus impulsores están altamente cualificados. Son ingenieros, químicos, técnicos forestales o programadores. Tienen conocimientos de hostelería o de agricultura ecológica y sus raíces se hunden en el medio rural, aunque tres de los proyectos tendrán su sede en la capital aragonesa.

Patatas, champiñones, fruta, miel, trufa, vegetales o cereales son la materia prima de estas nuevas microempresas, en las que no falta innovación y concienciación. Porque los nuevos proyectos tienen la mirada puesta no solo en productos con mayor valor añadido que reporten a las empresas una mejor rentabilidad. Además, tanto su proyecto como su actividad son un fiel reflejo de dos de las preocupaciones más en alza de los últimos tiempos: el respeto al medio natural y la despoblación del medio rural. Lo evidencia Champiñón del Manubles, el proyecto impulsado por Álvaro Alcalá y José Félix Cuenca. Quieren recuperar un patrimonio abandonado de Torrijo de la Cañada (Zaragoza): las bodegas de vino excavadas como cuevas. Y no solo porque forman parte de la cultura local, sino porque las instalaciones son idóneas para cultivar hongos durante todo el año con un gasto energético mínimo.

El respeto medioambiental está también en el ADN de Lavilla, una empresa que comenzó a funcionar en abril en Daroca cuya actividad se centra en el cultivo de patata. Para ello, su promotor combinará las prácitcas agrícolas tradicionales con la inclusión de nuevas tecnologías y, por supuesto, el uso de labores respetuosas con el medio natural. Entre estas últimas Lavilla destaca la rotación de cultivos o la utilización de ganado para el control de las malas hierbas, pero también el uso de envases biodegradables para el lanzamiento del producto.

Dar una segunda vida a productos que terminarían en la basura es el eje principal sobre el que gira Airaz, una empresa todavía en desarrollo que elaborará sidra artesana aprovechando las manzanas de segunda (aquellos que por su aspecto no llegan al mercado) de la comarca de Valdejalón y Cariñena. Una iniciativa, detallan Saúl Juan y Sara Martínez, que quiere contribuir a evitar la despoblación en estas comarcas con la generación de nuevos puestos de trabajo. Aunque todavía no está en marcha, Airaz piensa en el futuro, basado en una economía circular e innovadora, en el que la empresa extraerá la peptina, una fibra natural muy utilizada como gelificante en la cocina y con la que se da textura a las mermeladas, y utilizará los residuos de la fruta para producir compost.

En Cetina (Zaragoza) está instalada desde mayo de 2018 la empresa impulsada por José Luis Pobo, cuyo objetivo es revalorizar el cereal de esta comarca y, con ello, contribuir a fijar población «con iniciativas únicas y pioneras que permitan la generación de empleo», dice. Este es también el objetivo de Julio Yagüe, que con Lares Miel pretende aprovechar todo ese potencial que ofrece el medio rural y que "se ha ido abandonando año tras año cuando los jóvenes de la zona nos íbamos a Zaragoza pensando que era la ciudad donde estaban las oportunidades", explica este emprendedor, al que le gusta más definirse como ganadero.

Todos estos valores los comparten también Microgreens, Efidesa y Coquet, los otros tres proyectos que completan la terna de finalistas de esta quinta edición del programa impulsado por el IAF, cuyo gerente, Ramón Tejedor, señala que el mérito principal de estas iniciativas es su apuesta por la triple sostenibilidad "social, económica y medioambiental".

En buena compañía

Para poner en marcha estos proyectos, los emprendedores recomiendan a quienes quieran seguir sus pasos "ser tenaz y persistente", "disfrutar en cada paso del desarrollo del proyecto tanto en los buenos como en los malos momentos" o "dedicarle mucho tiempo a tu idea, creer en ella al 100%".

Reconocen, sin embargo, que la ilusión hay que acompañarla con formación y asesoramiento. Ese es el trabajo que realizan los profesores, tutores y mentores que forman parte del Programa de Emprendimiento Agroalimentario de Aragón. Su labor se desarrolla a lo largo de seis fases. Antes de comenzar la andadura se seleccionan los proyecto capaces de crear valor añadido en su entorno. Después se realiza el enfoque y estructuración de la idea de negocio así como el perfil estratégico y competitivo. Y en una tercera fase del programa, los participantes reciben la formación necesaria para el desarrollo del proyecto emprendedor y las herramientas de coocimiento, análisis y gestión para llevar a buen fin los proyectos. Disponen además de formación especializada sobre áreas del sector agroalimentario en función de la tipología de la nueva empresa.

Asesoramiento especializado en la búsqueda de financiación o socios, acompañamiento para el lanzamiento de los productos y una mentorización por parte de empresarios agroalimentarios con amplia experiencia, conforman este programa que incluye además actuaciones de ‘networking’ entre empresas y jornadas de innovación.

Así se ha repetido durante los últimos cinco años, en los que han participado 49 proyectos, de los que 43 han resultado finalistas. De ellos, según datos de la organización, 33 se han convertido en empresa al finalizar las ediciones. Y aunque es cierto que no todas sobreviven, casi el 94% (31 empresas) continúa hoy su andadura.

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