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Villanueva del Rebollar de la Sierra, el larguísimo nombre de la felicidad

Sus habitantes dicen abiertamente que el mayor patrimonio del pueblo es la gente; además, cuentan con un prestigioso encuentro bianual de herreros y una parroquia espectacular.

Érase una vez un pueblo pequeño, muy arreglado, en el que la gente exudaba felicidad. En esta frase, que perfectamente podría figurar en el inicio de un cuentecito bucólico, hay un fallo garrafal si se asocia a Villanueva del Rebollar de la Sierra: el tiempo del verbo. A día de hoy, sus pobladores son felices, y la felicidad que se les adivina en las caras, el tono de la voz e incluso el lenguaje corporal es de las que genera un poco de envidia, para qué engañarse.

Miguel Ángel García es un ejemplo. Concejal del ayuntamiento, agricultor y ganadero, y vive todo el año en su pueblo natal. Lleva 24 años asentado en Villanueva junto a su esposa Nieves, zaragozana de nacimiento. "Mis padres trabajaban en la agricultura y a mí siempre me gustó esto –comenta– así que decidí no seguir con los estudios y me vine aquí; cuando Nieves y yo nos casamos también tuvimos claro que viviríamos en el pueblo. Somos dos ganaderos con ovejas en el pueblo; eso sí, a mis hijos no les recomiendo que se queden, porque esta vida es dura y el sector primario va a peor, pero nosotros no nos arrepentimos".

La fuente del pueblo tiene agua de manantial; vienen a buscarla de los pueblos cercanos. Un tesoro, aunque el gran patrimonio de Villanueva para Miguel Ángel es otro. "La gente, ahora y siempre. Estamos pendientes los unos de los otros, para ayudarnos en lo que sea; vas al bar y no hace falta que quedes con nadie, charlas con el que esté. En el ayuntamiento estamos desde 2015 tres amigos de la infancia; hemos vuelto a salir elegidos, y tenemos todas las ganas de mundo".

Entre las voces locales de la experiencia se encuentran muchas tonalidades. La de Eduardo Martín, por ejemplo; tenía relación con la provincia desde niño, porque su padre fue administrativo en las minas de Estercuel y trabajó en Utrillas mucho tiempo. "Cuando llegó la jubilación, decidí que quería vivir en Teruel y encontré este pueblo. Aquí tengo mi casita desde hace algo más de 4 años; es lo que quería, da igual que no haya escaparates, salí huyendo de las aglomeraciones de Zaragoza".

Conchita Mallén nació aquí, y tiene raíces en Vivel y Segura. "He trabajado en el campo, ayudando lo que he podido; ahora tengo tiempo para pasear y leer. La televisión no me gusta mucho, y estoy orgullosa del agua y la iglesia que tenemos, es la más bonita de la comarca". Esteban Lázaro, esposo de Conchita, también es del pueblo; fue agricultor cerealista desde niño, amén de plantar remolacha y patata y tener "algún animalico". "Esa ha sido mi vida hasta los 83 años que tengo. Tenemos dos hijas, una es maestra en Utrillas y la otra vive en Zaragoza, tenemos ya bisnietos… y aquí estamos, felices, hasta que nos llamen para arriba".

Pilar Cabañero nació en Maicas, pero se casó en Villanueva con 23 años. Miguel Angel Gracia es uno de sus hijos. "He sido agricultora, ganadera, he trabajado el azafrán… y todavía le echo un ojo a los campos y los corderos de mi hijo; el mejor labrador de la comarca es mi marido Miguel, se lo reconocen en muchos pueblos".

Herrero y entusiasta

Diego Lóbez se estableció en el pueblo hace 6 meses y se ha empadronado; está montando un taller de herrería. "Mis abuelos eran de aquí; dejé de venir al morir mi abuela en el año 90, pero con el tiempo empecé a volver en fines de semana, luego más… al final, me he decidido a echar raíces, llevo medio año ya quieto, aunque en mi otro pueblo también tengo trabajo; soy de La Muela. Con lo de la herrería soy autodidacta, casi me encontré con el oficio; he sido soldador y cerrajero para el ayuntamiento de la Muela durante 13 años. No había hecho forja, pero gracias a internet me fui informando y armé una primera fragua muy sencilla... chapucera, vaya –ríe– que me sirvió para ir aprendiendo".

Diego se entusiasmó con el tema. "Hice un curso en Toledo con Ramón Recuero, un gran maestro de talla mundial, y me enganchó. Es laborioso, pero si te gusta, es una gozada, y depende mucho de tu ánimo y ganas para hacerlo bien. Fui conociendo a gente clave en el gremio, acudí a mi primer encuentro de herreros y ahí pensé que podía organizar algo similar en Villanueva; por suerte, ha cogido vuelo la cosa. Entre el 20 y el 22 de septiembre celebraremos la tercera edición de nuestro encuentro bianual de herreros. El tema está extendiéndose: Chapi, un herrero de Estadilla que vive en Estada, ha organizado con su esposa un encuentro allá este año, que fue muy bien, doy fe porque estuve allí. Le conocí en Monzón en 2015, y ha estado en los dos encuentros de Villanueva; quería hacer algo en su pueblo y lo ha conseguido. Aquí hemos acondicionado una zona junto al pabellón, en la parte alta, para exponer trabajos de los encuentros, con detenimiento en los antiguos oficios y una suerte de árbol de la vida; también hay en otros puntos del pueblo. En 2017 vinieron más de 60 herreros. Os esperamos a todos este año: lo pasaremos bien".

En datos

Comarca: Cuencas Mineras.

Población: 47.

Distancia a Teruel, su capital de provincia: 77 km.

Los imprescindibles

El teleclub: Para acondicionar el punto de encuentro social de los vecinos se aprovechó el antiguo trinquete; es una obra de exquisito detalle, especialmente en los juegos de piedra y madera de la fachada.

Servicios y hospedaje: El nuevo centro médico está en las antiguas escuelas, a pie de calle. En el piso del maestro se ha hecho un apartamento. El pueblo cuenta con una coqueta vivienda rural, la Casa del Azafrán (foto), y una tienda; las lleva Inma García.

El sillero: En Villanueva del Rebollar había un puñado de silleros a mediados del siglo XX; se perdió la tradición hasta que la retomó Clemente Lozano, vecino del pueblo, nacido en Zaragoza en 1940; hace auténticas filigranas con la madera.

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