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Biomasa para cerrar el círculo

Un estudio realizado por expertos del Zaragoza Logistics Center describe las bondades de aprovechar la capacidad de la agroindustria para poner en marcha nuevas líneas de negocio a partir de residuos agrícolas.

Pacas realizadas con restos de poda de vid en la Denominación de Origen Cariñena.
Pacas realizadas con restos de poda de vid en la Denominación de Origen Cariñena.
Heraldo

Es de sobra conocido que uno de los factores que limitan la competitividad de la agroindustria es la naturaleza estacional de las materias primas. Pero también se sabe que los recursos naturales comienzan a dar signos de agotamiento, lo que ha despertado una creciente preocupación entre los gobiernos, que comienzan a comprometerse en acciones que impulsen el desarrollo de una economía circular en la que impere una cultura del reciclaje que no solo contribuya a reducir la generación de basura sino que además propicie el uso de los desechos de materias primas para nuevas y diferentes producciones.

Es precisamente en este contexto en el que surgió en 2016 el proyecto europeo Agroinlog, cuyo objetivo no es otro que aprovechar la estacionalidad de algunas agroindustrias para crear nuevas líneas de negocio con las que los residuos agrícolas se transformen en combustibles competitivos; en nuevas materias primas con las que fabricar, por ejemplo, muebles; o en activos naturales base para la obtención de productos químicos.

Con un presupuesto de cerca de seis millones de euros, financiados por la Comisión Europea, en esta iniciativa, coordinada por el Circe, participan 15 entidades de siete países europeos, entre los que se encuentran Zaragoza Logistics Center, Agroindustrias Pascual Sanz (también de Zaragoza) y Cooperativas Agroalimentarias de España. Es en el marco de este proyecto en el que se ha acuñado el concepto de Centro Logístico Integral de Biomasa (CLIB). Un concepto que define como "una estrategia de negocio para agroindustrias que permite aprovechar las sinergias no explotadas en términos de capacidades de instalaciones, equipos y personas, para diversificar la actividad regular tanto en los insumos como en el producto obtenido, mejorando así la competitividad de las agroindustrias y aumentando el valor agregado entregado por esas compañías". Y es el Zaragoza Logistics Center (ZLC) el encargado de realizar el análisis y modelado de un proceso logístico que haga viable el proyecto.

Los primeros resultados de este trabajo ya han quedado plasmados en un estudio elaborado por María Victoria Muerza, investigadora postdoctoral en el programa internacional de logística MIT-Zaragoza, María Teresa de la Cruz, gestora de proyectos de investigación en ZLC y Luca Urciuoli, profesor adjunto en el programa internacional de Logística MIT-Zaragoza y profesor asociado en el KHT Royal Institute of Technology de Estocolmo (Suecia). Con su informe, los expertos definen no solo las bondades del proyecto, sino sus posibilidades de aplicación en Aragón.

Explican María Victoria Muerza, María Teresa de la Cruz y Luca Urciuoli, expertos de Zaragoza Logistics Center (ZLC) que han realizado el estudio ‘La logística como factor de éxito en los centros logísticos integrados de biomasa’, que son tres los actores fundamentales que protagonizan la puesta en marcha de centro logístico integrado de biomasa (CLIB). Puesto que se trata de transformar un residuo local, el primer eslabón de esta cadena son los proveedores, esto es, los agricultores que suministran el desecho agrícola. Pueden ser restos de poda de árboles leñosos (frutales, olivos, almendros o viñedos), pero también los desechos procedentes de los cultivos herbáceos (paja de cereal, cañote de maíz, etc.).

Estos residuos, que en la inmensa mayoría de los casos terminan ahora convertidos en cenizas, tendrían como destino una agroindustria -el segundo eslabón- que reaprovecharía parte de sus instalaciones y equipos para poner en marcha una nueva línea de negocio: la producción de los llamados ‘biocommodities’, un concepto en el que se incluyen combustible, materias primas para fabricar otro tipo de productos tan diferentes como muebles, o elementos base para la obtención de productos químicos.

Pero no basta con producir. Hay que llegar al mercado. Y es entonces cuando entra en escena el tercer protagonista de esta estrategia. Se trata del distribuidor, que se encarga de comprar los productos al CLIB y venderlos a los clientes finales en mercados geográficos específicos. Un rol que, dependiendo de la estrategia de distribución, también puede asumir el centro logístico.

Es este un modelo tipo porque, como señalan los autores del informe, publicado en la revista ‘Economía Aragonesa’ que edita Ibercaja Banco, esta cadena de suministro tomará una configuración u otra dependiendo del tipo de desecho con el que se trabaje. "El almacenaje de residuos puede ser temporal dependiendo de las fuentes de aprovisionamiento, a medio-largo plazo en el propio CLIB, en un almacén de distribución o en las instalaciones del minorista", detalla el documento, que señala además que también el modo de transporte estará sujeto a la forma del residuo, a la calidad de la materia prima y la distancia que hay que recorrer entre los distintos eslabones.

Calidad y precio razonable

Pero sobre todo, estos tres especialistas en logística advierten que para el éxito de este tipo de iniciativas "es muy importante" que el aprovisionamiento del residuo esté garantizado. Para ello, recomiendan "establecer acuerdos con los proveedores que permitan un suministro de calidad a un precio razonable".

Y, por supuesto, insisten en que será necesario que el equipamiento existente en la agroindustria sea capaz de procesar el nuevo producto o integrarlo en la línea de producción. Por eso, como señala el proyecto, aunque las compañías podrían minimizar el carácter estacional propio de su actividad con esta diversificación productiva, lo cierto es que tendrán que realizar inversiones para adaptarse a la transformación del nuevo producto. Un gasto que, sin embargo, sería un 20% inferior al desembolso al que estarían obligadas si el procesado del residuo se comenzara de cero.

El camino para hacer realidad esta alternativa no es fácil. Como detalla este estudio, una encuesta realizada por el proyecto Agroinlog entre agricultores, operadores logísticos, cooperativas, asociaciones e institutos de investigación agroalimentaria, puso en evidencia que existen barreras en España que complican la puesta en marcha de los CLIB. Las más importantes, señalan los expertos, son las técnicas de tipo logístico, el impacto financiero y el plan de negocio y la demanda del producto final, así como la existencia de competidores. Y además, "sería necesario realizar una labor formativa en las agroindustrias para que los trabajadores sean capaces de manejar y gestionar tanto las nuevas materias primas como los nuevos productos y productos intermedios del centro", destacan los autores del informe.

Creación de empleo

A pesar de estos ‘inconvenientes’ son destacadas las ventajas de este modelo de ‘reciclaje’ de la basura agraria. Favorece las economías de escala, "ya que el papel central de las instalaciones permite que sea transportada y procesada una mayor cantidad de biomasa", señalan los expertos. Destacan, además, que "frente a otras instalaciones individuales", los CLIB hacen posible el uso de materias primas adicionales, como residuos de biomasa alimentarios y no alimentarios.

Una de las importantes bondades de esta estrategia está asociada al empleo. Porque dado que se pone en marcha una nueva actividad diferente a la que supone el núcleo productivo de la agroindustria, se reducen, e incluso se eliminan, los periodos de inactividad propios de este tipo de empresas, que consiguen de esta manera dar mayor estabilidad de sus empleos y hasta crear nuevos puestos de trabajo.

Y, además, estos centros no solamente pueden producir piensos para la agricultura o combustibles como los ‘pellets’. En estas instalaciones, aseguran los autores del estudio, es posible además ‘biocommodities’, ·que son el punto de entrada a industrias más avanzadas en la cadena de valor", con lo que generan unos ingresos económicos adicionales.

¿Y en Aragón?

Los especialistas en logística que han realizado el informe, en el que ejemplifican la soluciones logísticas de una cadena de suministro a partir de los residuos procedentes de la poda de árboles y dependiendo del producto final (bien si se trata de producción de ‘pellets’ a partir de las ramas podadas o bien la extracción de fenoles tomando como base las hojas de olivo y el orujo), también plantean la posibilidad de implementar este tipo de estrategias en Aragón.

A priori, la Comunidad podría ser un escenario idóneo para la puesta en marcha de este tipo de iniciativas, que cuentan con el respaldo de la Comisión Europea por su capacidad para lograr en este sector el cumplimiento de los objetivos de la Agenda 2030. Y lo es, señalan los autores del estudio, porque el sector agroindustrial es uno de los sectores clave para la economía de la región. Su tejido empresarial, aunque muy atomizado y de escasa dimensión empresarial, está formado por 913 empresas (el 78,4% micropymes y apenas un 3,5% con más de 50 asalariados), que emplean, sin embargo, a cerca de 14.000 trabajadores (según datos del Gobierno de Aragón) y sus afiliaciones a la Seguridad Social no han dejado de crecer desde finales de 2013. El valor de su producción supera los 3.500 millones de euros y dado que su nivel de desarrollo está por debajo de la media española y de las comunidades vecinas con características geográficas similares, "todavía hay mucho espacio para crecer", señalan.

A ello se une la disponibilidad de materia prima. Según los datos del documento firmado por los especialistas de ZLC, el 72% de la superficie agrícola aragonesa está ocupada por cereales, mientras que los frutales y los forrajes se extienden por el 8,58% y el 8,25% respectivamente. Unos cultivos fácilmente utilizables en los CLIB por su tipología y las características del residuo que generan. Incluso estos tres investigadores van a más allá y auguran que el sector de piensos y forrajes para animales "presenta un altísimo potencial para la creación de centros logísticos de biomasa integrados con su producción habitual".

Eso sí, advierten, que cualquier intento de poner en marcha un CLIB en Aragón tiene que ir precedido de una análisis de su viabilidad económica, es decir, los costes necesarios tanto para la recogida del desecho, como la adaptación de las instalaciones agroindustriales y el almacenaje y transporte del nuevo producto. Pero también la viabilidad social -posibilidades de empleo que propiciaría la diversificación productiva-, y la ambiental -emisiones que se producen desde la recolección del desecho, hasta su transformación en el CLIB, para terminar en la distribución del nuevo producto en el mercado-.

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