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Aragón

entrevista

Santiago Muñoz Machado: "Aragón ha dejado figuras para el recuerdo en la RAE"

Nacido en Pozoblanco (Córdoba, 1949) es jurista y director de la Real Academia de la Lengua. Participó en Zaragoza el tribunal de una tesis doctoral.

Santiago Muñoz Machado, este lunes, en la Facultad de Derecho.
Santiago Muñoz Machado, este lunes, en la Facultad de Derecho.
Oliver Duch

¿Quién le enseñó a amar la lengua española?

Mi padre. Era un gran lector y una persona muy preocupada por el bien decir, por utilizar correctamente el lenguaje. Siempre estaba muy atento con todos sus hijos. Se afanaba para que lo utilizásemos con corrección.

¿Y eso ya le sucedió desde niño?

Sí, claro. Le gustaban mucho los libros, le interesaban los intelectuales que manejaban bien el lenguaje. Era partidario de no restringir la actividad intelectual a un solo sector; odiaba la excesiva especialización. Y nos animaba a escribir. Mi padre me ayudaba a redactar mis primeros textos: con siete años, con su colaboración, publiqué mi primer artículo en un periódico de mi pueblo, Pozoblanco. Me hice cronista.

Lo lógico es que se hubiera dedicado a las letras o al periodismo. ¿Qué le llevó al Derecho?

Somos cuatros hermanos. Los tres primeros son ingenieros, y no quedaba mas que yo para seguir el oficio paterno, abogado.

¿Qué vínculo halla entre el lenguaje específico y ambiguo del Derecho y su trabajo de ahora?

El lenguaje jurídico es un lenguaje muy preciso. Usamos el lenguaje común. ¿Ambiguo o tramposo? Ja, ja, ja. Es la mala fama que tenemos desde la Edad Media hasta hoy. Si se pone a diez juristas solventes a resolver seria y objetivamente un asunto, nueve de ellos coinciden.

En 2012 lo eligieron académico y entró en 2013. ¿Cómo lo vivió?

Entrar en la RAE es un hecho emocionante. Impresiona todo. Impresiona su historia. Impresiona su autoridad sobre un mundo de 577 millones de hablantes. Impresionan los miembros de la Academia, el ambiente, la atmósfera y el clima de trabajo. Y adquieres un sentido de la responsabilidad muy importante por estar ahí, rodeado de gente muy solvente intelectualmente. Y hay que desenvolverse entre ellos con naturalidad.

¿Qué pasa en las citas de los jueves en esa sala de reuniones, que hizo el ebanista y dramaturgo Hartzenbusch, el autor de ‘Los amantes de Teruel’?

Es un ambiente cordial, educado, sin perjuicio de que a veces discrepamos, y discrepamos con fuerza. Es un lugar que tiene un ambiente intelectual muy intenso y muy tradicional por otra parte. Nos tratamos de don y de usted, las conversaciones son en ese tono y empezamos por una invocación de preces tradicionales. Hay un ritual que respetamos.

La frase que más veces ha dicho es que "la RAE es un asunto de Estado". ¿Podría concretarlo?

Quiere decir que es una institución de origen privado, es una asociación constituida en 1713 por el marqués de Villena que, poco a poco, ha conseguido una autoridad sobre 577 millones de personas, que creen en la Academia y asumen la totalidad de sus normas. Nunca ha habido una mayor democracia: todo lo que decidimos ahí se basa en la ‘autoritas’ de sus normas. A todo ello me refiero y es muy importante que el Gobierno español se haya comprometido en serio y nos haya incrementado el presupuesto a cinco millones de euros.

¿Les estimula o les incomoda la vindicación feminista?

No, no. La vivimos con calma y curiosidad. La Academia no impone nada. Por otra parte, yo también repito que en la medida en que sea justa una cierta feminización del lenguaje, que no sea una extravagancia o intolerante, y que siga siendo bello y que se pueda ayudar a esa reivindicación, pues adelante con ello. Ahí estaremos, claro, levantando barreras.

Aragón ha tenido varios directores de la RAE: Laín Entralgo, Alvar, Lázaro Carreter, Blecua...

Apenas he conocido a Alvar o a Laín; de Lázaro se notó su peso y proyección pública, fue un director notable. José Manuel Blecua es compañero mío, y las académicas Soledad Puértolas y Aurora Egido son muy importantes.

Aquí al lado hay un busto de Miguel Asín Palacios, arabista y cura, que también fue director.

¿Sí, fue director? No lo recordaba. Es verdad. Fue primero interino, en 1943, y luego titular unos meses hasta su muerte en 1944. Aragón ha dejado grandes figuras para el recuerdo en la RAE.

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