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Aragón

la despoblación en aragón

"Veo difícil que mis hijas tengan un porvenir aquí"

Alcaldes y concejales de Daroca advierten de que la situación está "al borde del colapso" tras años marcados por la pérdida de población e industria.

muro
Mariano Abián (abrigo amarillo) y José Ignacio Herrero, en Villarroya del Campo
Macipe

Es tarde de invierno y aunque con tiempo casi primaveral, las calles de muchos municipios de la Comarca Campo de Daroca presentan la misma estampa: el vacío. Las que antes bullían, ahora respiran silencio. Es el caso de Orcajo y Villarroya del Campo, localidades en las que actualmente hay censados 59 y 68 vecinos, respectivamente.

Para Pedro Luis Aparicio, alcalde de Orcajo, la situación está "al borde del colapso". "El problema no es solo reindustrializar la zona. Agricultores jóvenes hay muy pocos", lamenta, al tiempo que subraya que "muchas personas que se han ido a las ciudades podrían haber tenido un porvenir de haber más oportunidades". En este municipio, la escuela cerró hace tiempo. Sí conserva un centro social a modo de bar que entre semana abre por las mañanas.

"Queremos hacer un albergue y un bosque sensorial, pero no solo tiene que haber un enfoque turístico", puntualiza. También carga contra el centralismo de Zaragoza: "Es abusivo. Toda la administración está allí y se dan incentivos, como el del transporte público, que influyen en que la gente se empadrone allí". "Las mayores dificultades son las tecnológicas, la cobertura de móvil e internet. No abundan las compañías que den un buen servicio en el medio rural", critica.

A 26 kilómetros de Orcajo, pasando por la cabecera comarcal, se encuentra Villarroya del Campo. Allí tampoco hay escuela, y los dos niños en edad escolar van a Villarreal de Huerva. "Veo negro hasta que mis hijas tengan un futuro en Daroca", sentencia Mariano Abián, concejal de Villarroya y agricultor. Él tiene 45 años y José Ignacio Herrero, teniente de alcalde, 52. "Y somos de los más jóvenes que estamos aquí", apunta el segundo, que compagina su labor con la agricultura.

"Solo hay dos fábricas y si hubiera más industria, la gente no se iría, se mantendría. Pero no hay y eso implica que no haya gente, tiendas…", va dibujando con pesimismo Abián. "Es una cadena", explica Herrero. En su caso, asume resignado que no tendrá relevo generacional: "La agricultura es un trabajo sufrido y te tiene que gustar, y, a pesar de las ayudas y de la PAC, cada vez hay menos facilidades", apunta.

El maltrecho estado de los precios del campo es otra losa para estos municipios. Abián lo sintetiza en una sencilla ecuación de mal resultado: "Antes, con un kilo de cebada comprabas tres de abono y ahora, con tres de cebada no da para comprar uno de abono". "Las instituciones tienen que unirse y ayudar. Si no, no hay remedio", remarca Herrero.

Avanza la tarde y los rayos de sol caen con menos intensidad. La comarca de Daroca también vive su particular ocaso pendiente del apoyo institucional. "Aún queda algún rayo de esperanza", asegura Aparicio. Pese a las dificultades, Daroca y sus pueblos se resisten a que no vuelva a amanecer.

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