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Aragón

Certámenes

No todo es tecnología

La Feria de Zaragoza ha mostrado esta semana la más puntera tecnología para la producción de vino, aceite y cerveza.

Enomaq, Tecnovid, Oleotec, Oleomaq y E-Beer han atraído a numerosos visitantes profesionales hasta el recinto ferial de Zaragoza.
Enomaq, Tecnovid, Oleotec, Oleomaq y E-Beer han atraído a numerosos visitantes profesionales hasta el recinto ferial de Zaragoza.
F. Z,

Los salones internacionales de maquinaria y equipos dedicados a la producción del vino, del aceite y de la cerveza (Enomaq, Tenovic, Oleomaq, Oleotec y E-Beer) que el pasado viernes echaron el telón en la Feria de Zaragoza han dado buena cuenta del músculo tecnológico (e inversor) con el que cuentan estos sectores.

El recinto ferial de la capital aragonesa ha sido el escaparate de las más puntera y avanzada innovación con la que estas producciones se hacen más sostenibles, más eficientes, más rentables y, por supuesto, más respetuosas con el medio ambiente. También con la que mejoran su calidad e intensifican sus cualidades en las bodegas y en las almazaras o en las cerveceras y con la que llegan con mayor y más cuidada imagen a los mercados, tanto nacionales como internacionales, ya sea a través de los canales físicos o a través de esas plataformas que utilizan los consumidores que navegan por internet.

Pero no todo es tecnología en estos certámenes. Es también debate y análisis. Por eso, a los más de 56.500 metros cuadrados que han ocupado las casi 1.300 marcas expositoras, hay que sumar la superficie de las salas de la Feria zaragozana en la que asociaciones, federaciones, organizaciones empresariales, consejos reguladores, enólogos, empresas, y un largo etcétera de profesionales y expertos del sector han celebrado reuniones, mesas redondas, jornadas o juntas directivas en las que han analizado los más diversos aspectos que rodean la produccion de tres sectores agroalimentarios.

Estos encuentros, en los que se ha (y mucho) de los retos a los que se enfrentan estos cultivos, especialmente el viñedo, ha colocado en el centro del debate los efectos de un cambio climático cuyos primeros señales ya son visibles. Un protagonista que, sin embargo, no ha conseguido restar importancia al impacto que (también especialmente al vino) tendrá la salida (peor, si es abrupta) del Reino Unido de la Unión Europa.

Lo han destacado los expositores, los organizadores de los certámenes, los responsables de la Feria de Zaragoza, los profesionales de la agroalimentación y el consejero de Desarrollo Rural. Los sectores del vino y el aceite viven un "momento dulce" que afrontan con gran "dinamismo inversor". Sus cultivos se están extendiendo y sus productos embotellados y de calidad crecen en ventas y conquistan los más exigentes mercados. Y para eso necesitan (y recurren) a la más avanzada tecnología, como la que entre el pasado martes y el viernes se exhibió en el recinto ferial de la capital aragonesa en los salones Enomaq, Tecnovid, Oleomac, Oleotec y E-Beer.

La eficiencia, la sostenibilidad, la digitalización, la rentabilidad y el obligado respeto medioambiental han sobrevolado sobre los cerca de 1.300 marcas que han participado en la feria. Pero también el encuentro ha servido también para analizar los retos de futuros ante los que debe prepararse estos sectores, especialmente el vino. Uno de esos desafíos se llama cambio climático.

Un clima diferente

"Es un problema", señala José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino (FEV), que junto con la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV) -asociación que apuesta por la I+D+i como motor de la competitividad de la producción vitivinícola, nacional y europea- protagonizó una jornada en la que se debatieron las estrategias de innovación frente diferentes e innovadoras estrategias frente al cambio climático. Y es que la preocupación por el impacto de un nuevo clima ha llevado a estas organizaciones a elaborar un plan de acción, que ya se ha trasladado al Gobierno y se ha puesto a disposición del sector. "En él, hemos identificado aquellos factores que influyen de manera más importante e inminente en los viñedos e incluso lo hemos cuantificado económicamente para que las administraciones sean conscientes de vamos necesitar fondos», explica Ibáñez. No concreta cifras, pero asegura que «son asumibles" y matiza que no se trata de ayudas para las bodegas, sino para que los viticultores españoles puedan adaptar sus viñedos con "mejores prácticas, con formación y también con instalaciones que permitan luchar contra fenómenos adversos como las heladas más frecuentes y más irregulares, las granizadas más regulares, las lluvias más intensas, las altas temperaturas o las sequías más prolongadas".

El director general de la FEV advierte que el incremento de temperatura que ya se deja notar «no es coyuntural, ha venido para quedarse». Y preocupa porque "todo el mundo sabe que una elevación de medio grado en la temperatura de Cariñena, por ejemplo, va a tener una afección brutal en los viñedos de su denominación", explica.

Las propuestas de la FEV son muchas y variadas. Entre ellas Ibáñez habla de mallas de sombreo "pensando en el calor pero también en el granizo", que en un momento dado pueden ayudar a evitar una maduración excesivamente temprana. O pone ejemplos "como los que me explicaba el otro día una bodega", en la que se vendimia "mucho antes y con menos madurez fenólica", pero en la que se utiliza tecnología en bodega "para conseguir esa maduración conservando la acidez que es tan necesaria para el envejecimiento de los vinos".

Pero de lo que está convencido el director general es que la deslocalización del viñedo no es una opción generalizada. "Está es una industria muy ligada a las características de la tierra, por eso no podemos llevar la bodega de Somontano a Irlanda porque ya no sería Somontano", señala. Reconoce, sin embargo, que en esta zona productora de Aragón (como en cualquiera de España) "hay zonas más fértiles, más áridas, más frescas, o más altas", y en todo eso hay que trabajar, aunque destaca que "tampoco podemos mover todo el viñedo pensando que allí es donde vamos a tener toda la producción".

Para todo ello existe tecnología y está disponible en el mercado, aunque es cierto que, de momento, está siendo más utilizada por las empresas con grandes viñedos. "Y cuando digo grandes empresas no digo bodegas", puntualiza Ibáñez, que insiste en que hay que conseguir que el viticultor español, que es muy variado, "sea consciente de que estas técnicas, necesarias para la optimización de los recursos, para evitar tratamientos, para mejorar la eficiencia del riego, o para cosechar en tiempo y forma, están para ayudarles y se tendrán que ir generalizando".

‘Brexit’ y nuevos mercados

Si preocupa el cambiante clima, también inquieta, a menos de 25 días para que se cumpla la fecha señalada, la salida de la Unión Europea del Reino Unido, primer destino de las ventas al exterior de las bodegas españolas (y aragonesas) más exportadoras.

Del ‘brexit’, Benítez diferencia dos aspectos. Uno, más coyuntural. "Si finalmente el 29 de marzo el Reino Unido deja la UE y además, sin periodo transitorio, va a haber un problema logístico que se va a traducir en retenciones en frontera, dificultades aduaneras y fiscales, para los que hay que estar preparados", señala el director general de FEV, que detalla que la organización ya ha advertido a sus asociados que hagan lo que sea para que evitar que el día 29 no coja de camino a Reino Unido a ninguno de sus camiones con vino. "Que haya llegado ya o que lo dejen para más adelante, pero hay que procurar esas fechas, por si acaso", puntualiza.

En este caso, los problemas generados serán cuestión de días y, en opinión de Benítez, se solucionará porque el movimiento de mercancías no se puede parar y no va a desaparecer de la noche a la mañana.

El efecto que preocupa más a la FEV es que ‘brexit’ va a generar incertidumbre económica en las islas británicas, grandes consumidoras de vino. "Y todos sabemos que ante una crisis o un problema económico, el consumo se retrae", destaca. Pero añade un toque optimista y reconoce que "no creo que porque los británicos dejen la UE vayan también a dejar de beber (y comprar) vino".

En cualquier caso no está de más (nunca lo está) pensar en nuevos mercados, insiste, porque cuanto más diversificadas estén las exportaciones «menos peligro se corren si hay un ‘brexit’, un veto ruso o un problema de aranceles con Trump».

En la búsqueda de esos nuevos mercados, Benítez recomienda tener en cuenta la actual estabilidad política de algunos países en los hace unos años apenas se podía vender un botella. "Estoy hablando de Colombia o Perú, pero también hay que mirar hacia otros países no productores de Sudamérica con los que hay una gran afinidad cultura", dice. Sin olvidar, aconseja, volver la mirada hacia países tan lejanos como el extremo oriente de Asia -entre ellos Vietnam y Tailandia- o aquellos que "algún día se desarrollarán", como la India.

Mercado interior

Pero los retos del sector vitivinícola no solo vienen del cielo o del exterior. "Desde hace años nos preocupa desde luego el mercado interior", señala Ibáñez, que reconoce que «no hemos sabido explicar a nuestros consumidores nacionales lo que es el vino», que se han alejado del producto «por una manera de entenderlo muy sofisticada y tecnificada».

Por eso, la FEV quiere centrar sus esfuerzos en enfocar el producto al consumidor, "al que tenemos que contarle que nuestro vino no es un producto más". Es está vinculado a la tierra, a nuestros pueblos y nuestros campos, forma parte de nuestra cultura, de nuestra historia y nuestra sociedad, enumera Ibáñez. Y además, teniendo en cuenta que hay que consumirlo con moderación y compartirlo con comida, señala el director general, "no solo es un alimento que nos permite disfrutar de la vida, sino que puede ser beneficioso para la salud".

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