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Aragón

DOMINGO

Aquellas elecciones del 79

Vivieron y construyeron lo que hoy somos en España y en Aragón, y son espectadores privilegiados de cómo y cuánto hemos cambiado la política de hoy.

Fernando Gimeno, Modesto Lobób, Mª Antonia Avilés, Andrés Cuartero y Carmen Solano
Fernando Gimeno, Modesto Lobón, Mª Antonia Avilés, Andrés Cuartero y Carmen Solano
Guillermo Mestre

Fernando Gimeno (Jaca, 1949), consejero de Hacienda y Administración Pública del Gobierno de Aragón, saca sobre la mesa la imagen casi amarillenta de los Pactos de la Moncloa, un momento esencial en nuestra historia que nos llevó a ser lo que somos hoy gracias al consenso y al respeto de un tipo de clase política que muchos echan en falta. De aquello hace ya 42 años. La foto despierta la misma respuesta de incredulidad ante la posibilidad de que ahora pudiera repetirse, entre algunos de los que fueron protagonistas de aquella España. Mª Antonia Avilés (Murcia, 1944), Carmen Solano (Peñalba, 1945), Modesto Lobón (Zaragoza, 1948), Andrés Cuartero (Tauste, 1948) y Juan Antonio Bolea (Ayerbe, 1930) son nombres propios de la política española y aragonesa que construyeron ese futuro que hoy está en otras manos. Fueron parte importante del PP, del PSOE y el PAR, aunque antes bascularon por algunas de las muchas formaciones políticas que surgieron al calor de la democracia y que las urnas se encargaron de reubicar. Todos, también, vivieron la misma situación electoral que ahora, la celebración en apenas mes y medio de dos citas electorales en un año, 1979, que fue crucial para la consolidación del nuevo régimen de libertades en España: las generales el 1 de marzo y las municipales el 3 de abril.

Y en el recuerdo de cómo se construyó entonces un país, las palabras libertad y democracia recuperan su sentido real, literal y político, que creen que se ha perdido en una clase política que no es sino el reflejo de la sociedad de hoy, marcada por la pérdida de algunos valores esenciales como el respeto a las ideas y al rival político y, sobre todo, de la política del consenso y por el bien común. Éste sería el resumen de un encuentro entre políticos que piden a los jóvenes que sepan arrastrar a la sociedad hacia el futuro, como lo hicieron ellos.

La trayectoria política de todos ellos es muy similar, Mª Antonia Avilés, Carmen Solano y Modesto Lobón confluyeron en una UCD creada por Adolfo Suárez para hacer frente a la derecha posfranquista, y que acabó siendo un cajón de sastre. Avilés y Lobón procedían de dos democracias cristianas diferentes, de Izquierda Democrática de Ruiz Giménez y de Democracia Cristiana Aragonesa de José Luis Lacruz, respectivamente. Y ambos terminaron en el PP, aunque Lobón pasó también, y antes, por el PAR. Carmen Solano se inició en la Federación Socialdemócrata, con Francisco Fernández Ordóñez, en UCD, y se pasó al PSOE. Andrés Cuartero empezó en Reconstrucción Socialista de Aragón, donde impulsó su integración en 1976 al Partido Socialista de Aragón y después al PSOE. Fernando Gimeno concurrió a las elecciones del 79 como miembro de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y se pasó al PSOE; y Juan Antonio Bolea estuvo en UCD y en el PAR. Como dice Mª Antonia, “en UCD nos fuimos encontramos personas que pensaban como nosotros en busca de un país mejor. En el fondo el partido era el instrumento para hacer política y tenías que estar donde estuvieras más cómodo. Aunque al 100% nunca estás de acuerdo con tu partido, siempre hay una serie de principios que tienen que ser mayoritarios”, y Carmen Solano asiente y recuerda cómo una diputada le reflexionó sobre su situación en UCD y cómo vio que su lugar estaba en el PSOE.

Sus vidas políticas son intensas, Mª Antonia fue concejal en Zaragoza, eurodiputada, miembro del Consejo de Administración de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, y diputada en las Cortes de Aragón. Carmen fue diputada nacional –”la primera aragonesa”, recuerda con orgullo–, concejal en el Ayuntamiento de Zaragoza y presidenta del Consejo Escolar de Aragón, y por ello miembro nato del Consejo Escolar del Estado; además está en la Asociación de exdiputados y en la de exconcejales. Modesto fue Jefe del Consejo Superior de Protección de Menores del Ministerio de Justicia, con los presidentes Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo; concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, dos veces consejero con Luisa Fernanda Rudi en la DGA y diputado autonómico. Andrés fue alcalde de Zuera, diputado en las Cortes aragonesas y consejero en el Gobierno de Aragón; Fernando fue vicealcalde del Ayuntamiento de Zaragoza, diputado en el Congreso durante cinco legislaturas y actual consejero en el Gobierno de Javier Lambán; y Juan Antonio fue diputado y senador, el primer presidente preautonómico de Aragón y diputado en las Cortes aragonesas.

Construir España

Hablar con ellos es casi una lección magistral de una política hecha de manera artesanal, urdida con un único objetivo, el de construir “una España de progreso”, dice Andrés Cuartero, que descubrió en Holanda el modelo a seguir. “Una España en libertad, en democracia”, dice Modesto Lobón que recuerda que él llegó a la política movido por un sentido cristiano de la vida, “y sigo pensando lo mismo”, la misma inquietud que movió a Mª Antonia Avilés, esa búsqueda del bien social para una España libre, por la que también batallaba Carmen Solano desde su trabajo como maestra y Fernando Gimeno como inspector de Hacienda. Y gran parte de la presencia de algunos de ellos se debe a la figura de Francisco Fernández Ordóñez, un político fundamental en la historia reciente, muy vinculado con Zaragoza donde trabajó en la Delegación de Hacienda y donde trabó gran amistad, entre otros, con Carmen Solano y Juan Antonio Bolea a los que implicó en la construcción de la España democrática.

En el análisis de cómo fueron aquellas elecciones del 79, las primeras generales después de las constituyentes del 77, y las primeras municipales, afloran recuerdos entrañables, como las campañas en los pueblos que acababan en alguna casa en la que te invitaban a magdalenas caseras; o las listas electorales, pero sobre todo la ilusión que movía a políticos y ciudadanos, porque, dice Andrés Cuartero, “todo era futuro. No se pensaba que la corrupción podía venir, no se pensaba en nada malo”. “Entonces nos llevaba a todos una motivación muy parecida, cada cual con sus matices, pero queríamos y buscábamos la libertad, la democracia, un mundo mejor, que España prosperara, y digo España, porque no pensábamos en nosotros o el de al lado. Ahora no van a la política con la misma motivación”, dice Mª Antonia Avilés, una idea en la que asienten y que se convierte en el eje de la conversación. Porque para Modesto Lobón se ha perdido lo que llama el ‘espíritu de centro, “que es el respeto, la búsqueda de acuerdos con otros, porque con independencia de los problemas que haya hay que resolverlos cuando toca y lo que falla es la forma en la que se abordan, porque no hay ese espíritu de centro”.

Andrés Cuartero dice que la política tiene muchas facetas “y una de ellas es en determinados momentos el consenso, pero hay otros en los que no es tan vital y prima la confrontación de ideas, porque la libertad es fundamental”, y es cuando vuelve esa foto de los Pactos de la Moncloa, del espíritu de la Transición al que algunos apelan desde hace años, desde que el mapa político dejó de ser bipartidista en 2015. “Esa foto –dice Cuartero– se hizo en un momento en el que España necesitaba eso, y así se creó el marco constitucional. Hablar de libertad ya es hablar de progreso”. Para Fernando Gimeno, “el problema es cómo se articula hoy esa foto. Todo ha cambiado y no vale el espíritu de la Transición. El espíritu es de lo nuevo, de cómo se relaciona la gente, de las nuevas tecnologías, de las profesiones que son distintas. La globalización tiene tal envergadura, tanta fuerza, que impone nuevas claves. No sé cuáles son, pero es cosa de los jóvenes que, además, tienen que cargarse a nuestra generación”. “Como nosotros nos cargamos a las que nos precedieron”, dice Carmen Solano, que vivió el 23-F en el Congreso de los Diputados y que aún agradece a quien era alcalde de Zaragoza, Ramón Sáinz de Varanda “que mantuviera informado a su marido de la situación, porque nadie de mi partido, entonces UCD, fue capaz de hacerlo”.

Un imposible

En este análisis de lo que es el hoy, Andrés Cuartero aporta tres textos que iluminan la situación, ‘Estamos en la posmodernidad’ (Leotard), ‘El fin de la Historia’ (Fukuyama) y ‘Choque de civilizaciones’ (Huntington). Libros escritos entre 1969 y 1994, con la caída del Muro, “la conversión de China en un engendro en el que hay capitalismo y comunismo salvajes... Hoy nadie sabe qué va a pasar en los próximos cinco años”.

Fernando Gimeno indica que hoy sería imposible poner de acuerdo a personas tan dispares como las que lo hicieron entonces, “porque nadie que quiera hacerlo”. Carmen Solano explica que en la Asociación de exparlamentarios “elaboramos un texto de modificación de la Constitución con un planteamiento unánime de qué debía modificarse. La enviamos a todos los partidos y al Rey, que usó parte de ese texto en un par de discursos. A la vista de lo que sucedía en Cataluña, hicimos también un texto con soluciones para Cataluña, y nos llamó el Rey. Estuvimos con él hora y cuarto hablando sobre ello, y estaban miembros de todos los partidos, también del PDECat. Creo que si se sientan con criterio de querer llegar a una solución la encuentran, pero no quieren hacerlo porque viven mucho mejor en la confrontación”. Y recuerda cómo ella batalló mucho contra Modesto Lobón o María Antonia Avilés, porque se había ido de UCD al PSOE y ellos aún estaban en UCD, “y somos amigos”; y Mª Antonia cómo después de los plenos en los que discutía fuerte se iba con sus oponentes a tomar café, “en una cafetera –recuerda Fernando Gimeno–, que Luisa Fernanda Rudi quitó”.

Y ambas también explican cómo se tuvieron que escuchar de todo por dedicarse a la política. “Cuando empecé en el Ayuntamiento ya tenía a mis cuatro hijos en edad escolar –dice Mª Antonia–. Mucha gente se sorprendió y no lo entendió, me lo echaban en cara e intentaban que me sintiera culpable, pero nunca tuve ese sentimiento. Cuando hacíamos campaña llamaba a mi madre, a la que debo todo, que cogía la maleta y se quedaba en mi casa todo el tiempo. Nunca sentí que estaba faltando a mi labores de madre, de mi casa, pero me lo reprochaban. Eras un bicho raro que estabas donde no tenías que estar”. Carmen aún recuerda cómo “cuando dije que me presentaba a las elecciones estaba de maestra en el colegio público de La Paz y uno de mis amigos, amigo también de mi marido, vino a mi clase y me dijo que dónde iba, que fuera mi marido, que era lo que correspondía y que yo me quedara en casa. Lo eché de mi clase. Mi madre fue la primera que lo entendió”.

Juan Antonio Bolea no comprende la falta de respeto de hoy entre políticos, y rememora que para la constitución del primer Gobierno de Aragón, preautonómico, “se hizo por consenso, un gobierno de coalición de los dos partidos más votados, UCD y PSOE. Hicimos un ejecutivo ejemplar y veo que ahora no se puede, que se insultan”. “La política de hoy es impensable para mi, nunca hubiera pensado que se llegara a esto. Yo dejé de ser presidente de Aragón porque me negué a que tuviéramos una autonomía de vía lenta, como así sucedió, pero mientras estuve mantuve unas excelentes relaciones con Cataluña, con Tarradellas”. “Cerrar puertas en política es hacer ingobernable el país y veo, por ejemplo, que en Alemania la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia gobiernan juntos, trabajan por un país”.

Otros valores

Mª Antonia Avilés y Modesto Lobón vuelven insistir en que es la pérdida de valores lo que ha trastocado el sentido de la política de hoy y que se tendría que hacer una reeducación social, porque “falta estilo político, falta elegancia intelectual y social; una manera de ver las cosas, la política. Es esa educación que te lleva al respeto de las ideas ajenas, desde la discrepancia”, dice Modesto, para quien “una de las cosas fundamentales que tiene que tener un político es pedagogía social, porque al mismo tiempo que hace política está enseñando a la gente y hace años la había, en jóvenes y en viejos, en todos”, y añade Carmen Solano, con cierta tristeza: “Que me pidan a mi, con 73 años, que vuelva, me parece una barbaridad porque ahora tiene que ser la gente joven quien esté apretando”.

Con la situación catalana como fondo, reconocen que hay un peligro constitucional, pero no falta de libertad, y vuelven a salir esos valores sociales en los que la prioridad no está por el respeto y el consenso, “está por otras cosas, el triunfo rápido, el hedonismo, la vida fácil, y eso impregna todo el sistema, el político y el social”, coinciden Mª Antonia y Modesto, valores que consideran que no están caducos, “como la libertad, la democracia y el respeto que simplemente no se cultivan”; y asienten en la idea de que uno de los defectos fundamentales de los últimos gobiernos, de todos, ha sido no fomentarlos y mantenerlos “porque se han dado por supuesto, y, por ejemplo, la libertad hay que cultivarla permanentemente”, dice Andrés Cuartero.

Gimeno insiste en que todo cambia, todo está relacionado y nos afecta en este mundo globalizado, “porque no sabemos cómo funciona la guerra comercial entre EE. UU. y China. Es una situación complejísima. Estamos en otro mundo”. Y ante la actual polarización de formaciones políticas cree que a base de elecciones se irá simplificando “porque las elecciones primeras fueron cambiando el mapa político y ahora hemos llegado a una situación de dispersión que complica mucho la gobernabilidad de este país, y ya veremos las Comunidades Autónomas. La única solución es ver cómo encajamos todo para, a través de elecciones, resolver problemas, aunque tardaremos años. Mientras, tendremos que adaptarnos y tendrán que ser los jóvenes quienes lo hagan”.

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