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Aragón

Velilla de Jiloca, naturaleza viva y disfraces de fábula

Se trata de un pueblo alegre, que sonríe a las adversidades y maximiza sus bondades naturaleza para sacar partido de cualquier circunstancia, incluso de las zarzamoras del Jiloca.

El sol se asoma entre los árboles del paraje de San Roque, una de las excursiones favoritas de los velillenses.
El sol se asoma entre los árboles del paraje de San Roque, una de las excursiones favoritas de los velillenses.
Laura Uranga

La teniente de alcalde de Velilla de Jiloca, Luisa Molina, es una mujer entusiasta con su pueblo. No tiene reparo en lanzar ‘la frase’ con mayúsculas. "Para mí, el mejor pueblo del mundo; me encanta. Claro que todos pensamos lo mismo del nuestro, pero ojo, que tampoco tolero bien que me lo critiquen. Y es que objetivamente tenemos cosas muy majas, tanto en el casco urbano como en los alrededores, y sobre todo hay un gran ambiente, nos llevamos muy bien y todo el mundo suma por el pueblo".

El Ayuntamiento encuentra un respaldo notable en el entorno local con la Asociación ‘El Pórtico’, que publica cada cuatro meses la revista ‘El Pregonero’; la preside José Miguel Pérez. Las actividades se arman entre el consistorio, la citada agrupación y las peñas –hay una decena–, amén de la comisión de fiestas. Los actos se van sucediendo a lo largo del año. "Organizamos la matacía, una jornada gastronómica en la naturaleza con un chef de Morata que hace un gran trabajo, viajes anuales alternando destinos cercanos y un poco mas alejados, y romería el último domingo de septiembre a la Virgen de los Tornos. Esta virgen nos hermana con Ciudad Real, hay una calle Ciudad Real aquí; la romería viene precedida el sábado por el Día del Velillense".

Velilla de Jiloca: devoción aragonesa y hermanamiento manchego

La Iglesia parroquial esta consagrada a San Juan Bautista y las  fiestas tienen un nombre que asombra; son en honor a la degollación del santo. "No se representa, ¿eh? Siempre choca decirlo –reconoce Luisa– pero así manda la tradición. La fiesta exacta es el 29 de agosto, pero la celebración se adelantan al fin de semana anterior por tener a más gente. San Paulino también se celebra; es en mayo".

Luisa, que vive en Calatayud pero acude al pueblo a diario para hacer compañía a su madre,  recalca el magnetismo de Velilla. "Esto engancha; la gente viene y repite. Cuando llegan las patronales, sobre todo nos preocupamos mucho por atender a los peques; así atraer a los padres. En verano hay mucho movimiento".

El día a día

En Velilla de Jiloca queda poca agricultura y nada de ganadería; el bar El Parral es el punto de encuentro a pie de carretera. María Jesús Catalán y su marido Jesús Monge lo llevan con mucho cariño; verlos tras la barra es un pequeño bodegón. "El fin de semana esto siempre anda llenísimo; entre semana también viene mucha gente a los almuerzos. A las comidas menos, solo cosas por encargo, que ya ando medio jubilado y queremos un poco menos de ajetreo", explica Jesús. En Velilla hubo tienda hasta hace nada, pero acaba de cerrar. Hay una casa rural, Ferruz. Para las compras se acude sobre todo a Calatayud.

Hace mil años, Velilla era un importante enclave musulmán, y aunque no era el Danubio quien ejercía de frontera natural, también estaba dividida –como Budapest– en tres núcleos. Los árabes construyeron tres fortificaciones de las que apenas quedan vestigios; se llamaban las tres vilullas. Dos de estas pequeñas fortificaciones estaban sobre cerros en la margen derecha del Jiloca, y el que está más al norte dio lugar a la actual Velilla. En la fortificación más meridional se levantó la ermita de la Virgen de los Tornos, que aún existe. También destaca un nacimiento de agua manantial en la zona del Campo, cercana a los pinares de San Roque. "En esta zona hay ermita de San Roque, muy sencilla, a la que subimos en romería –recuerda Luisa– para el santo, a mitad de agosto. Ya veis que hay árboles altísimos, merendero y zona de acampada natural. Hay corzo y cabra montesa por la zona. Veníamos de pequeños, y la verdad es que este año estamos pensando en volver una noche los que íbamos entonces". Además, en la misma linde del pueblo, hay cuevas muy interesantes y un hermoso aguallueve que estos días se ha revestido parcialmente de blanco. También se ha comenzado la rehabilitación de los hornos de yeso. Igualmente, se trabaja en un filtrado extraordinario del agua, una desnitrificación en el depósito para mejorar la calidad. También se construye un centro social a pie de carretera, cerca del bar.

En la subida a San Roque hay una tradición curiosa, que repite Luisa. Se trata de un montón de rocas a un lado de la pista. "Se dice que bajo ese montón de piedras hay un antiguo enterramiento, y la tradición de echar una roca es para disuadir a los muertos de salir a pasear; en realidad es una excusa para limpiar de piedras grandes el camino hacia San Roque".

En la amplia plaza del pueblo, la asociación cultural fue colocando durante varios años placas conmemorativas de homenajes al mundo rural, desde el agricultor a otras profesiones.  El homenaje al cartero rural tuvo una mayor dimensión. "Fue muy bonita aquella ocasión –recuerda Luisa– porque Avelino Pablo, nuestro cartero local, se acababa de jubilar y decidimos poner el nombre de maestro rural a una calle del pueblo en su honor. Es uno de nuestros grandes artistas; gente conocida no han venido a las fiestas, porque para artistas ya estamos nosotros. Nuestro concurso de disfraces no es el típico, por ejemplo; cada grupo lleva su propia teatralización del disfraz el sábado de fiestas en agosto. Una vez nos disfrazamos todos de entierro, al completo, con toda la comitiva; se nos había caído la olma y la enterramos oficialmente, queríamos mucho a ese árbol. Otro año se escenificó una carrera de caracoles, tuvimos a varios hombres arrastrándose todo el rato. Las peñas son tremendas, disfrazarse lo hacen tres o cuatro, pero quizá es La Tribu la que suele armarla más".

Luisa habla de magnetismo cuando se refiere a Velilla, y su entusiasmo, definitivamente, es contagioso; además de aportar en el día a día, no pierde la ocasión de disfrutar en presente y futuro inmediato.

El retablo de la Virgen de los Tornos

Situado en la parroquia de San Juan Bautista, que a su vez se alza en el lugar donde se produjo una aparición de la Virgen de los Tornos en 1013, hecho que se recuerda con una placa en un muro lateral. Además de las imágenes de la Cofradía de la Virgen de la Purísima, y de la reciente restauración de las capillas laterales, destaca el retablo del altar. Se trata de ‘La Virgen con el Niño, Santa Catalina y Santa Bárbara’, obra del gótico hispanoflamenco, creada en el siglo XV; la identidad exacta del artista se desconoce, pero la zaragozana María del Carmen Lacarra, catedrática de Historia del Arte Antiguo y Medieval, lo bautizó como Maestro de Velilla.

En datos

Comarca: Comunidad de Calatayud

Población: 100

Distancia a Zaragoza: 92 km

Los imprescindibles

Los jugadores de pelota        

El el frontal del ayuntamiento hay varias placas de reconocimiento a las profesioknes; una de ellas, que data de 2003, recuerda a los jugadores de pelota locales. En Ariza, en 1906, tres jugadores de Velilla ganaron un partido a 50 tantos.

Las zarzas y el río

Las zarzamoras en las orillas del Jiloca han mediatizado la amplitud del cauce, pero a río revuelto, ganancia de mermeladas; las dulce moras de zarzal se usan aquí para hacer confitura. También hay pera, manzana y el melocotón.

FE DE ERRATAS

La fotografía principal y la primera imagen de la página derecha en el reportaje dedicado ayer a Villafeliche en esta sección aparecieron erróneamente firmadas. El autor de ambas imágenes es Jesús Macipe.



 

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