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Aragón

San Martín, donde se recogen setas al ritmo de la música

La banda La Moncaína cuenta con una enorme tradición en la localidad zaragozana, que desde hace quince años se ha subido también de manera entusiasta al tren de la micología.

El director de la banda La Moncaína, Paco Lamata.
El director de la banda La Moncaína, Paco Lamata.
Nora Bermejo

Si preguntas en la comarca de Tarazona y el Moncayo qué es lo que identifica al pueblo de San Martín de la Virgen de Moncayo, la respuesta será sin duda la música. Y desde hace más de una década, también la micología se ha convertido en una seña de identidad del municipio. Es algo excepcional que en un pueblo tan pequeño, de unos 280 habitantes, haya más de cincuenta integrantes en la banda de música La Moncaína, y que los niños que estudian en la escuela de música superen la veintena. "Rara es la casa en la que no hay algún miembro vinculado a la música", asegura Paco Lamata, director de la banda desde hace ya veintiocho años.

Empezó a tocar en este conjunto con doce años y la trompeta era su instrumento hasta que lo cambió por la batuta. "Mi padre me inculcó el amor por la música y desde niño la he vivido como algo propio de San Martín, yo no entendería este pueblo sin la música", afirma Lamata.

La banda la componen instrumentos de percusión e instrumentos de viento, "tanto viento madera, con clarinete, flauta y saxo; como viento metal, con trompeta, fliscorno, trompa, bombardino, tuba y trombón", matiza.

La Moncaína tiene una apretada agenda de actividad; sólo en San Martín actúa entre doce y quince veces cada año, "más conciertos en pueblos de toda la comarca y otras zonas limítrofes". Además, La Moncaína puede presumir de ser la banda más antigua de la comunidad: el primer documento en el que se habla de ella se encontró en la iglesia parroquial, y data del año 1853. "Cuenta cómo el párroco enseñó a siete u ocho pastores unos toques religiosos con unas flautas artesanales que se fabricaron ellos mismos para salir en una procesión", explica el sanmartinero.

Sin barbechos

Algo que la caracteriza y la diferencia es que nunca ha dejado de existir, y es que muchas bandas de música desaparecieron durante la Guerra Civil española. "En otros casos no desaparecieron, sino que se dividieron en dos: una para el bando nacional y otra para el bando republicano. Aquí no, en San Martín la banda siguió unida", afirma Paco, orgulloso.

Como complemento musical, hace unos siete años se creó en el pueblo la asociación Entrambasaguas, ya que era necesaria más gente para "dinamizar todo el tema musical". Cuenta con más de un centenar de socios y sus responsables se encargan de "trabajar la música actual, investigar música antigua, o colaborar con otras asociaciones, porque yo ya no podía hacer más", explica Paco Lamata.

La asociación organiza el Moncayo Music Fest, que este año incluye por primera vez un concurso. "Se han presentado veinticinco grupos de todo el territorio nacional. y la verdad es que ha sido una sorpresa", reconoce Paco Lamata. Los ganadores se conocerán en el festival, que se celebra esta semana, durante el puente.

Micología todo el año

Se da la circunstancia de que el hermano de Paco, Jesús Lamata, preside la asociación micológica del pueblo, el otro eje vertebrador del municipio. Desde el año 2003 se celebran las Jornadas Micológicas de Otoño, y fue en 2007 cuando nació la asociación que cuenta con un Centro de Micología gracias al Ayuntamiento que cedió y rehabilitó un local.

"Existe un fuerte potencial gastronómico y turístico en la micología", señala Jesús, algo que sin duda han sabido aprovechar... y no sólo en otoño, ya que presumen de que hay setas todo el año y por eso decidieron lanzar también las Jornadas Micológicas de Primavera.

Ha llovido mucho desde que la micología empezó a abrirse camino en San Martín. "Realmente, cuando empezaron las jornadas yo sabía un par de cosas de setas; ahora sigo aprendiendo cada año más", reconoce el presidente que confiesa que se "enganchó" a la micología de casualidad. "Hace años me operaron de varices un mes de octubre y para la recuperación era necesario caminar mucho, así fue cómo me encontré con las setas, me di cuenta que era atractivo y ahí empezó mi gusanillo", recuerda Jesús Lamata.

La asociación estudia las especies de Moncayo, y está en contacto permanente con grupos de la península y otros micólogos. "Estamos creciendo; es un motor potente de dinamización", asegura Jesús Lamata.

La micología está en auge; por eso no está de más recordar cuál es la forma correcta de practicarla, para evitar destrozos en el medio ambiente. "Tenemos que convivir: las plantas, los animales, los hongos, nosotros… todos tenemos que disfrutar del monte desde el respeto", insiste el micólogo. Un mensaje que siempre está presente en sus multitudinarias actividades para lograr una enseñanza y un aprendizaje respetuoso.

Una panadería que respeta con mimo las tradiciones y no para la actividad en todo el año

En el pueblo se trabaja sin descanso en la Panadería Lara. Isidro y su mujer Chus siguen el negocio iniciado por el padre de él hace unos sesenta años. "Es algo que me gusta y no he hecho otra cosa desde niño, así que decidí seguir con la tradición familiar", recuerda Isidro Lara.

Ser panadero es de por sí un trabajo sacrificado y esclavo, con horarios inasumibles para el común de lo mortales en activo, pero en San Martín todavía se siente más esa realidad, "ya que cuando hay fiesta, más trabajo se tiene". Y es que son unas cuantas las tradiciones religiosas que están asociadas a costumbres gastronómicas. "Muchos santos tienen postre, y además, hago la culeca en la fiesta de La Cruz y roscos para las fiestas de los pueblos de alrededor, además de las de San Martín", repasa el panadero. En las fiestas patronales, los seis mayordomos preparan cada año con él los roscos y el pan bendito, "un bollo dulce con baño blanco y confites". Los fines de semana, y a diario en los meses de verano, Panadería Lara aumenta también el volumen de la producción.

El municipio que tuvo cuatro nombres diferentes

En el año 1951, la localidad de San Martín de Moncayo modificó su nombre añadiendo la coletilla ‘de la Virgen de Moncayo’ tras la votación de los habitantes del pueblo. El cambio se hizo como contraprestación, tras la decisión del Cabildo de Tarazona de dejar guardada en el pueblo la Virgen de Moncayo durante el invierno "en atención a su religiosidad y su devoción".

Desde aquella disposición, hace ahora 67 años, el pueblo custodia la Virgen y sus vecinos se comprometen a subirla a su santuario el último sábado de junio, ya que el primer domingo de julio se celebra la romería del Quililay de Tarazona. La Virgen regresa a San Martín a finales de agosto y se guarda en la iglesia parroquial, cuando todos los pueblos del Moncayo la han visitado en romería.

Hay que tener en cuenta que no es la primera vez que el municipio cambiaba de nombre, ya que su denominación original era San Martín de Entrambasaguas, palabra que eligió la asociación musical como nombre. Después, desde principios del siglo XIV, se optó por la versión corta y fue sólo San Martín; posteriormente, ya en el siglo XIX, pasó a llamarse San Martín de Moncayo.

Los imprescindibles

La Cruz

Un camino desde el casco urbano llega hasta La Cruz, un lugar en alto desde el que se divisa el pueblo y se obtiene una gran vista del Moncayo. Es un espacio que cuenta con gran tradición para los vecinos del pueblo.

Parque de las piscinas

Subiendo de las piscinas municipales se encuentra este parque con diferentes espacios arbolados en los que los vecinos se reúnen las tardes de verano ‘a la fresca’, mientras disfrutan con las vistas que desde allí se obtienen.

San Martín de Tours

Iglesia de nueva construcción, levantada donde la montaña alcanza el mayor relieve en el casco urbano del pueblo. Las obras se iniciaron en 1931, y el templo fue consagrado en 1959. El retablo mayor está realizado en mármol blanco.

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