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Aragón

"Tenemos todo el libro de Naturaleza resumido en nuestro huerto"

Caudé (Teruel), Azanuy (Huesca) y Arándiga (Zaragoza) son tres escuelas rurales con menos de seis alumnos de las 45 que sobreviven desperdigadas por la Comunidad.

Tres de los 5 alumnos de Caudé, muestran el huerto. A. garcía/Bykofoto
Tres de los 5 alumnos de Caudé, muestran el huerto. A. garcía/Bykofoto
A.García/Bykofoto

Dejando aparte que cuando nieva tiene problemas para ir a dar clase por el mal estado de las carreteras, a Laura Calomarde, la maestra de los 5 alumnos del colegio turolense de Caudé, le cuesta encontrar desventajas a esta escuela tan pequeña."Tenemos al alcance de la mano el entorno natural, siempre tan didáctico, y hacemos actividades impensables en un gran centro, como un pasacalles con disfraces o una merienda con los padres".

Desde el año pasado, alumnos y profesora –con la ayuda de los padres en verano–cuidan de un huerto creado en el mismo pasillo del centro en el que ya hay pimientos, pepinos, tomates y berenjenas y que se ha convertido en la mayor afición de los niños."Tenemos en este vergel el libro de Naturaleza resumido y llevado a la práctica, así vamos más rápidos en el aprendizaje", explica Laura.

Jorge, el mayor de la clase –a punto de cumplir 8 años–, echa de menos más compañeros para poder formar un equipo de fútbol en el recreo, pero, por lo demás, se muestra encantado."Me lo paso muy bien;lo que más me gusta son las matemáticas", dice. No puede quejarse, interviene la maestra, porque ella misma juega a tirar penaltis con sus alumnos o improvisa un campeonato de salto a la comba cuando los chavales salen al patio y se quedan parados"en modo me aburro".

Organización es la palabra clave para enseñar, al mismo tiempo, a dos alumnos a leer, a otros dos a sumar y a otro a dividir."Al principio dije: ¡uff!, pero luego no es tan complicado; ellos aprenden a esperar su turno, a respetar el del compañero y además, como son tan curiosos, se interesan por lo que están aprendiendo los demás, aunque no sea de su nivel", explica la profesora."Muchas veces pregunto a un mayor y me responde un pequeño", añade.

Laura Calomarde quiere desmontar algunas ‘leyendas urbanas’ sobre la escuela rural. Una de ellas, que los chavales pasen a la ESO con menos conocimientos."Sacan unas notazas tremendas cuando llegan al instituto; todo notables y sobresalientes", afirma. Rechaza igualmente críticas que apuntan a que los colegios pequeños son utilizados por los profesores como un"trampolín" para alcanzar plazas en ciudades más grandes a los dos años."Conozco compañeros que se han jubilado en la escuela rural, encantados de su trayectoria", asegura. Laura, que afronta su cuarto curso en Caudé quiere dar las gracias"a los padres que creen en el cole rural y a los alcaldes que no dejan que mueran sus pueblos".

Azanuy

Los padres de Azanuy acuden a recoger a sus hijos al final de la jornada. Rubén Coll

"En los últimos tres años han pasado cuatro profesores por el cole"

A las 9.30, Belén Ara, profesora de la unitaria de Azanuy (Huesca), abre la puerta del local con sus propias llaves. Los padres de los cinco alumnos acercan a sus hijos a la Plaza Mayor, donde se sitúan las instalaciones en una casa restaurada. En la planta de arriba se encuentran las dos aulas, aunque una de ellas solo se utiliza para las clases de religión. En una de las estancias se hace la distribución, la zona de los más pequeños y de los más mayores, con los pupitres acordes a edad y estatura.

El colegio de Azanuy pertenece al Colegio Rural Agrupado (CRA) Estadilla-Fonz. La maestra, para quien es su primera experiencia en un aula de estas características, se encarga de impartir todas las asignaturas, salvo algunas específicas como Educación Física o Religión, de las que se ocupan profesores auxiliares del CRA. La plaza Mayor es el recreo. Las calles se convierten en el escenario de algunas clases, por ejemplo, las de matemáticas, en las que los niños aprenden a contar a través de las matrículas de los coches. La jornada de estudio concluye a las 16.30 y Belén conversa con los padres que se acercan a recoger a sus hijos.

«Estamos encantados con ella" señala una de las madres, Cristina Romero. Sin embargo, cuando acabe el curso Belén se marchará porque no tiene plaza fija en este CRA."Llevamos reclamando mucho tiempo que envíen a un profesor fijo, porque cada curso es una planificación nueva y eso afecta negativamente a la educación de los pequeños" reivindica la abuela de uno de ellos, Chari Andrades. Las reclamaciones dieron sus frutos en 2015, cuando llegó una docente con plaza fija y cuya estancia duró tres años.

A pesar de todo, la experiencia no resultó positiva."Cogió la baja en tres ocasiones, una por año, por lo que algunos de nuestros hijos tuvieron cuatro maestros en ese periodo" lamenta Romero."En el CRA ya sabían que eso podía ocurrir por la situación de la profesora, pero no tomaron ninguna medida", añade Raquel Monter, otra de las madres.

Por ello, piden estabilidad y responsabilidad con un colegio que tiene previsiones en los próximos tres años de crecer hasta los 10 niños."La educación en colegios tan pequeños es mucho más personalizada y tiene aspectos muy beneficiosos, pero tienen que cuidarla para que no se venga abajo", concluye Andrades.

Arándiga

El profesor Víctor Gumiel, con cuatro de los niños del aula de Arándiga. Macipe

"Las clases son casi individualizadas, adaptadas a cada uno"

Dispuestos en una U, los seis alumnos de la escuela de Arándiga (Zaragoza), que forma parte del Colegio Rural Agrupado (CRA) Vicor-Isuela, atienden a las explicaciones de la clase de Matemáticas que imparte su profesor Víctor Gumiel. En el aula, cuando ya llega la última hora del tramo vespertino de la jornada escolar, están las pizarras, los pupitres también hay libros, mochilas, lapiceros, materiales para manualidades, juguetes… Igual que en cualquier otro colegio.

La lista de clase está compuesta por Ziyad, de 3 años; Imán, de 6; Camila y Edel, de 8; y por Hanan (hermano de Iman) y Diego (hermano de Camila), de 10. A Gumiel, de 35 años le toca este curso hacer las funciones de itinerante, impartiendo lecciones también en Tobed y El Frasno. Esta escala de edades influye de forma determinante en el desarrollo de las lecciones. En este sentido, el docente, especializado en Educación Física, explica que "las clases son casi individualizadas, adaptadas a cada uno, pero agrupando los contenidos para que no implique estar dando materias diferentes".

Desde su punto de vista,"esto implica un doble trabajo, pero la transmisión al alumno es más cercana", valora Gumiel de su primera experiencia. Hasta ahora estaba en centros con más alumnos, como Albalate del Arzobispo. Subraya que"nunca había visto un grupo tan unido. Son una piña, no hay roces y siempre están jugando todos, porque es a lo que están acostumbrados". Para él, la gran ventaja es que "aprovechamos para que el mayor pueda repasar cosas que ya ha dado, por ejemplo en Matemáticas viene muy bien, y el pequeño puede ver a dónde va a llegar".

La mayor exigencia organizativa y las horas en la carretera son quizás la parte más dura para este docente. En lo personal, la experiencia para Gumiel es especial:"Pertenezco a Chodes, mi abuela era de aquí y mi madre fue profesora en esta escuela"."Es algo que me llena mucho, porque doy clase en el mismo sitio", remarca.

Los padres valoran aspectos positivos, empezando por tener el aula casi a la puerta de casa."Tienen una mayor cercanía con los profesores y una gran atención", dice una madre. Sobre si hay diferencias con un colegio urbano, cuenta que nadie está descontento"con el nivel que tienen al acabar primaria".

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