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Aragón

Como en una novela de Julio Verne: así se ve Calomarde desde los aires

El municipio de la Sierra de Albarracín cuenta con una red de hermosos senderos fluviales y un aventurero que ofrece viajes en globo a quien pare tres o más noches en su alojamiento turístico, El Cadoncho.

Calomarde a vista de pájaro, desde la barquilla del globo que pilota Pepe Ramos.
Calomarde a vista de pájaro, desde la barquilla del globo que pilota Pepe Ramos.
Laura Uranga

Una lengua gigante de boira (niebla) se cierne sobre Calomarde a primera hora de la mañana. Pepe, Begoña y Emilio conducen un vehículo con carga adicional hacia un terreno a las afueras del pueblo mientras el sol asoma poco a poco para reclamar espacio celeste. El terceto llega a un viejo campo de fútbol, al lado de una pequeña explotación maderera: allí hay una autocaravana y sus moradores van a presenciar un espectáculo inesperado nada más despertarse.

Se abre el remolque del coche; ahí está la barquilla, los hierros, el quemador y, por supuesto, la tela plegada. Hoy se vuela en globo. Desenrollar, estirar, empezar el inflado, continuar con el quemador, amarres al suelo para que el vuelo no empiece antes de hora. Pepe Ramos, el piloto, construyó la casa rural El Cadoncho en 2001, la abrió al año siguiente, la cerró hace casi un lustro y la ha vuelto a abrir este año. Lo de pilotar globos aerostáticos ha sido el trabajo de su vida, 32 años en las alturas hasta su jubilación, hace dos. A sus clientes de tres o más noches les regala un vuelo en globo para dos personas; toda una aventura.

El globo sube suave y rápido, la barquilla no se mueve gracias al viento nulo. Pepe va aplicando el quemador para subir y bajar, pero avisa que el destino nunca es exacto, aunque sí sabe cómo buscar un terreno seguro para posar el artefacto. En esta ocasión, el viaje acaba en Torres de Albarracín, a 20 kilómetros, tras casi una hora en el aire disfrutando de la maravillosa sierra de Albarracín. Emilio Lahuerta y Begoña Polo acuden con el vehículo al aviso para recoger al piloto y los dos pasajeros con síndrome súbito de niños en la mañana de Navidad.

"Llevaba viniendo desde pequeño a Calomarde con mi amigo Tano –recuerda Pepe– y con 20 años me fui a buscarme la vida a Australia. Estuve siete años allá; a la vuelta busqué trabajo en Zaragoza, y entré en la GM".

Pepe nunca había visto un globo de cerca, pero le llamaban la atención y decidió que iba a probar. "Era 1985. Estuve un año buscando opciones para conseguir el título; un amigo encontró un anuncio en prensa en el que aparecía una empresa de Madrid que formaba gente. Llamé y me dijeron que era el primer anotado, que esperase; así seguimos seis meses y, finalmente, desistieron, pero me recomendaron que llamase a la fábrica de globos de Igualada. Allí enseguida me ofrecieron darme el curso, costaba unas 400.000 pesetas de entonces, y si compraba un globo me lo regalaban".

El curso era de 15 horas de vuelo en un mínimo de siete vuelos, lo que suponía dos o tres semanas. "Pedí un permiso de una semana en la GM, donde trabajaba en mantenimiento, y fui allí. Lo acabé en cinco días de vuelos intensivos. En mayo de 1986 acabé la preparación y en junio encargué el globo. Fui a Zaragoza y pedí un préstamo de 2 millones de pesetas en Ibercaja; el director de la oficina alucinaba, pero le expliqué que pretendía sacarle rentabilidad, y me lo concedieron. En agosto ya tenía el globo y en octubre conseguí el primer trabajo en las Fiestas del Pilar. Curiosamente, me llamó otra entidad bancaria, Cajalón. Seguro que lo habéis visto en el aire, estuve 29 años trabajando con ellos".

Pico, pala y detalles

El Cadoncho surgió del amor de Pepe al pueblo y sus ganas de echar raíces en él. "El trabajo se concentraba en los fines de semana, así que venía aquí entre semana y me iba construyendo mi casa con vistas a abrirla para turismo rural. La verdad es que ha quedado muy bien, le sigo haciendo mejoras, mi esposa la ha llevado muchos años y con sus altos y bajos como negocio, es para estar contentos".

En Calomarde hay poca gente en invierno, pero el turismo cinegético es muy activo y vienen grupos grandes. Las setas son otro imán en estos días. "Desde que el Ayuntamiento –apunta Pepe– acondicionó la zona del Barranco de la Hoz y puso las pasarelas, que son muy lamineras para los visitantes, va viniendo bastante gente. Ojalá que en el interior del pueblo también vayan mejorando las cosas".

Además de El Cadoncho, que está en la parte alta del pueblo, Calomarde tiene en La Sabina a otra excelente casa rural en las inmediaciones de la plaza del Ayuntamiento y el bar. En cuanto a las zonas de impacto del turismo orientado a la naturaleza, también hay varias rutas de senderismo y BTT; también existe un proyecto de ruta para todoterrenos.

LOS IMPRESCINDIBLES

Cascada Batida

Este hermoso salto del río Blanco está bien señalizado, cuenta con pasarelas, mirador y merendero próximo, y se trata de un excursión apta para todas las edades, aunque el terreno no permite llevar sillas infantiles o de ruedas.

La Posada de Calomarde

En el centro del pueblo, es una referencia en la zona para tomar raciones, con productos de la zona e imaginación en las elaboraciones. Paqui es la encargada desde hace dos años y medio, y le ayudan un par de empleados.

Hermanas de la Caridad

El pueblo honró con un peirón a las tres hermanas de la Caridad que atendieron durante años en Calomarde a los mayores del pueblo; hacían de ATS, practicantas... Los mayores aguantaban los meses de frío en el pueblo por ellas.

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