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Aragón, pueblo a pueblo

Huesa del Común: el futuro apunta a lo más alto

La rica historia de Huesa del Común desde el medievo, con mención en ‘El Cantar del Mío Cid’, da paso al nuevo afán local, el turismo deportivo, con las ferratas como pieza fundamental.

Pablo Ferrer / Laura Uranga 19/08/2018 a las 05:00
Huesa del Común, en imágenes

La historia es una montaña rusa. Para Huesa del Común, por ejemplo, los vaivenes de los siglos la han llevado de diversas ocupaciones a ejercer la preeminencia en la comarca, de la cuasi despoblación a la recuperación. Ahora, convertida en un enclave muy valorado por los aficionados a la escalada y limitada a la mínima expresión la parcela agrícola, busca nuevos horizontes. La vista del castillo de Peñaflor preside el casco urbano desde lo alto. "Estaba un poco dejado de la mano, sobre todo en los accesos –apunta Jerónimo Gracia, alcalde del municipio– pero se han mejorado y ahora estamos pendientes de Patrimonio para consolidar el torreón. Las cuerdas de seguridad y el nuevo camino ha supuesto algo muy bueno: gente que ya se había despedido de poder subir al castillo ha regresado, y se ha recuperado la procesión en Viernes Santo".

El otro modo de subir al castillo es por los cortados de la parte posterior, bien equipados con arnés y el material necesario para la escalada vertical: una de las vías ferratas más populares del municipio llega hasta las torres tras 145 metros de subida, que suelen hacerse en unos 20-25 minutos, con otros 10 de aproximación. La profusión de alternativas para la escalada es impresionante, lo mismo que el paisaje que las alberga; hay más de ochenta identificadas y la mitad de ellas están certificadas con sus niveles de dificultad, de 5A a 7A+.

Las ferratas se equiparon en 2006 y se han reequipado este mismo año. El pionero de la actividad, Daniel Maz, fue quien desató la afición local y corrió la voz entre la comunidad montañera aragonesa. Se ha dado su nombre a la zona principal de ferratas; por desgracia, falleció en un accidente de escalada en hielo, pero la huella que dejó en Huesa es indeleble. Luego siguió Toño Moya y grupos de montaña darocenses; el trasiego de aficionados (también hay diez o quince fijos entre la población local, con abundancia de gente muy joven) por las paredes calizas es constante todos los fines de semana del año.

Antes de subir, también resulta agradable pasear. Se llega a la zona de las paredes encordadas por un bonito camino, que cuenta con merendero para la pausa posterior a la escalada o el acopio de fuerzas previas; en uno de los pequeños huertos vecinales llama la atención el rudimentario (y efectivo, al parecer) sistema de ahuyentar ratones consistente en varias botellas vacías de refresco con hendiduras abiertas, coronando palos delgados, que se mueven con el viento y asustan a los roedores.

También es notoria la afición a la bicicleta de montaña y el senderismo. La Asociación Cultural Castillo de Peñaflor se encarga de desarrollar diversas actividades en este contexto a lo largo del año. En esta pasada semana han lanzado propuestas tan diversas como un concurso de tapas, confección de pirograbados, certamen de dibujo, torneos de futbolín, baloncesto y hoyetes (juego popular de puntería en toda la zona) o talleres de baile. El pueblo también cuenta con bar.  

Jerónimo Gracia mantiene la ilusión por seguir dando salida a ideas relacionadas con el impulso turístico del municipio; un planteamiento que compartía su antecesor, Pedro José Millán, fallecido a los 43 años a principios de 2016 a causa de una cruel enfermedad. "Además de ser una gran persona, tenía muchas buenas ideas para el pueblo; ojalá nunca me hubiera tocado coger el relevo en estas circunstancias. Me ilusiona el futuro turístico de Huesa; ahora que restauramos el Peirón de San Miguel, que data del siglo XVIII y es el de mayor altura en todo Aragón con siete metros largos, quiero acondicionar esa zona y hacer un parque en el área contigua, donde hay dos manantiales; uno de agua templada y otro mineromedicinal".

El castillo de Peñaflor

Junto a una bota en el espacio inferior, sus torres presiden el escudo de Huesa del Común. La fortificación está asentada en la cumbre de un espolón rocoso. Los restos que quedan a la vista se centran principalmente en dos torres cuadradas en los extremos este y oeste del monte, separadas por unos 30 metros. La occidental es más alta, y se cree que fue la torre del homenaje. La oriental conserva los arranques de la bóveda de crucería de ladrillo que la diferencia de todo el resto, de mampostería. En el camino que conduce a la fortaleza se encuentran los restos de una torre cuadrada de sillería y puerta en arco.

Retazos de historia

Javier Martínez, profesor de Historia jubilado, no es de Huesa pero se casó aquí y lleva más de dos décadas de presencia activa en el pueblo. Mantiene el temple de sus años académicos, y en el tono de voz se le nota la pasión con la que, sin lugar a dudas, ejerció su profesión. "Huesa del Común siempre ha sido una villa importante en el cauce alto del Aguasvivas; ya desde la época celtibérica estaba relacionada con la ceca de Ossa, que acuñaba moneda, y de ahí se cree que derivó el nombre del pueblo. En la época musulmana siguió marcando el paso con su castillo-fortaleza, influencia en toda la zona y control de los núcleos de alrededor".

Huesa aparece mencionada en ‘El Cantar del Mío Cid’ en el año 1082. En el medievo se constituyó una comunidad de pueblos que dependían de Huesa: Muniesa, Josa, Blesa, Salcedillo, Plou, Cortes de Aragón, Anadón y Maicas estaban en esa comunidad. El señor de la villa administraba justicia y recogía las rentas reales de todos esos pueblos; también había cárcel e inquisición aquí".

Javier recuerda que en el siglo XVI, Huesa y sus aldeas pagaron por su liberación de la señora del lugar, María de Luna y se incorporaron a la comunidad de aldeas de Daroca, que optimizaba más los recursos y no exigía el aporte de rentas a un señor concreto. "La expulsión de los musulmanes fue un duro golpe para Huesa, porque supuso la marcha de unas 700 personas del pueblo, que constituían el 80% de la población: apenas había 100 cristianos. Antes habían salido los judíos, que también dejaron huella", recuerda. "Ahora somos pocos, pero todos colaboramos para un futuro mejor". 

LOS IMPRESCINDIBLES

La alfarería

Fue una verdadera industria en la localidad, con brillo especial en el siglo XVI en todo Aragón, especialmente por los originales cántaros. En los años 90 del siglo pasado murió el último alfarero local, Pablo Benedicto. 

K-Mina en septiembre

El sendero turístico PR-TE 110 de las Cuencas Mineras se inaugurará oficialmente el 16 de septiembre con la séptima edición de la andada K-Mina. El paseo será de 19 kilómetros y unirá Segura de Baños con Huesa del Común. 

La leyenda

La historia local de los amantes y el señor de la Bota se atribuye a la imaginación del pintor blesino Salvador Gisbert; la oposición del señor feudal no impidió finalmente la felicidad de los mentados amantes: no hay final trágico.

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