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Aragón

El mejor vino de España se escribe con 'S'

El vino S de Aylés 2015 de Pago de Aylés ha recibido este reconocimiento en los premios del Mapama. Un terreno muy especial y una cuidada elaboración son las claves del éxito.

Los hijos del fundador, Federico Ramón -en la imagen, Federico, Ana e Inmaculada-, dirigen la bodega.
Los hijos del fundador, Federico Ramón -en la imagen, Federico, Ana e Inmaculada-, dirigen la bodega.
B.A.

El vino S de Aylés 2015, elaborado por la bodega zaragozana Pago de Aylés, se ha alzado recientemente con el premio al Mejor Vino de España 2018 otorgado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (Mapama). Se trata de un galardón concedido por un jurado de reconocido prestigio que eligió a este vino como el mejor de entre los mejores ya que los candidatos son los más puntuados en Concurso Internacional Bacchus 2018, que también ganó S de Aylés 2015. «Este galardón supone un reconocimiento al esfuerzo y al trabajo que lleva haciendo mi familia desde hace casi 30 años. Es importantísimo», afirma Inmaculada Ramón, directora de elaboración de Pago de Aylés.

Los rasgos de calidad de este vino vienen dados no solo por las técnicas de vendimia y elaboración sino también por el terreno tan especial en el que se cultiva. De hecho, esto es lo que define un ‘pago’, que es el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y lo distinguen de otros de su entorno, vinculado al cultivo de los viñedos y de los que se obtienen referencias con rasgos y cualidades singulares.

«La uva que se destine a estos vinos debe proceder de los viñedos ubicados en el pago y tiene que elaborarse, almacenarse y criarse de forma separada de otros vinos. Para su control se implanta un sistema de calidad que audite desde la producción de la uva hasta su salida al mercado», explica Inmaculada Ramón.

Viñedos en clima extremo

Los vinos de Pago son una categoría que se refiere a caldos de calidad superior. De hecho, en Aragón, los de Aylés están caracterizados como Denominación de Origen propia. Sus viñedos se enclavan en una zona con un clima extremo; suelos excepcionales para la vid, profundos, pedregosos, pero también arcillosos, fríos y, sobre todo, muy antiguos; la situación del terreno, abierto al cierzo, cerrado a los vientos cálidos y protegido de los últimos rayos de sol del día, es otra de las claves del terreno donde se asientan los viñedos. A todo esto hay que añadir la escasa pluviometría y un suelo cuya composición facilita el almacenamiento de agua.

El terreno en el que se ubica este Pago de Aylés, que ocupa actualmente 47 hectáreas de viñedo, es una de las tres fincas históricas privadas más grandes de Aragón, con 3.100 hectáreas de extensión y siglos de historia, ya que desde la Edad Media habían pertenecido al clero y la nobleza.

En 1995, se plantaron 75 hectáreas de variedades tintas autóctonas como garnacha y tempranillo, así como cabernet sauvignon y merlot.

Una finca histórica que tiene su mirada puesta en el futuro. Prueba de ello es el proyecto que han desarrollado con Libelium, consistente en la colocación de una red de sensores en todo su viñedo. «Es un proyecto innovador que nos ayuda a tener un mayor conocimiento de nuestra explotación. Nos dan muchos datos objetivos sobre nuestros viñedos y esto nos permite tomar mejores decisiones de gestión. Así sabemos cuándo y cómo regar, el momento en el que es necesario tratar la planta, abonar, qué vigor es el óptimo y hasta cuál es la capacidad productiva óptima. Todo esto nos permite ajustar el desarrollo vegetativo y productivo a las necesidades de nuestros vinos y así mejoramos nuestra calidad final», indica la responsable de elaboración de la bodega.

Producen unas 120.000 botellas bajo el amparo de la Denominación de Origen Pago Aylés y unas 500.000 de Denominación de Origen Cariñena. El 70% de su producción se exporta a países como Canadá, Alemania o Malasia.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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