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Villel: aguas indómitas para un pueblo a la sombra de un castillo y una ermita

Villel ha hecho de su paisaje agreste y sus barrancos bravíos una ruta en la que el caminante descubre manantiales cristalinos. En uno de sus muchos desfiladeros se esconde una joya, el santuario de la Fuensanta.

Juan José Gómez, en la rambla del Tranco, un paraje en el que confluyen tres manantiales de aguas cristalinas
Juan José Gómez, en la rambla del Tranco, un paraje en el que confluyen tres manantiales de aguas cristalinas
Jorge Escudero

Villel es una caja de sorpresas. A primera vista, parece que su casco urbano no vaya más allá de un par de hileras de casas alineadas a ambos lados de la tortuosa carretera Nacional 330, que recorre esta población, situada a 17 kilómetros de Teruel, de norte a sur. Pero una vez dentro, las calles empiezan a serpentear por todas partes y aparece una localidad que tiene una soberbia casa consistorial, una sólida y enorme iglesia de estilo barroco y una población que conserva con mucho cariño el único torreón que queda de lo que fue durante la Edad Media un castillo templario.

Es un municipio muy activo. De hecho, a su alcalde, Juan José Gómez, carpintero jubilado, no le falta trabajo a pesar del modesto número de vecinos a los que tiene que atender, 350. "Si quisiera, estaría ocupado en el Ayuntamiento todo el día. ¡Y sin cobrar!", comenta con mucho humor. "Unas veces son cuestiones de obras, otras, averías que surgen y otras, simplemente, cosas de vecinos", explica.

Villel: aguas indómitas para un pueblo a la sombra de un castillo y una ermita

El pueblo, golpeado, como muchos de la provincia turolense, por la emigración, está muy ilusionado con la puesta en marcha de una industria que fabricará camas de virutas de madera para caballos y que –aquí viene lo importante– creará 14 puestos de trabajo directos y 25 indirectos. La fábrica, que exportará su producción a Arabia Saudí y Estados Unidos, además de vender a establos de la propia Península Ibérica, supondrá una buena alternativa laboral para la población de Villel, que tradicionalmente ha vivido de la agricultura cerealista y de la ganadería.

"Será la salvación para este pueblo", afirma sin rodeos Juan José, que ve cómo cada vez más gente, encuentra su trabajo en la capital turolense y acaba por instalarse allí. Como en muchos otros casos, el apego a las raíces fue determinante para que una industria eligiera una pequeña localidad y es que sus promotores descienden de Villel. "No podemos dejar perder este tren", propugna el alcalde.

El pueblo ha encontrado un buen filón turístico en torno al agua. Los muchos barrancos que rodean a Villel y que aportan a este municipio aguas salvajes e indómitas, al tiempo que modelan su paisaje, han permitido diseñar una ruta senderista muy atractiva y que cada vez más visitantes se atreven a recorrer. Son dos horas de caminata entre rocas, montañas y huellas del paso del agua al otro lado de la archifamosa sierra de Albarracín.

El circuito arranca en la ermita de la Virgen de la Fuensanta, a la que tienen una gran devoción once municipios: Villaspesa, Valacloche, Villastar, Rubiales, La Aldehuela, Tramacastiel, Cascante, El Campillo, Cubla, Libros y el propio Villel. Una gran fiesta cada mes de agosto hace que este lugar encajado entre desfiladeros de montañas se llene de gente que comparte sus viandas y disfruta de un día de romería a la antigua usanza. La gran afluencia de romeros convierten a este santuario en uno de los enclaves religiosos más visitados de la comarca.

"Queremos un montón a este santuario y a su Virgen", asegura Juan José mientras destaca la belleza del altar, de su coro, de sus muros y de su techo, cubierto con bóvedas de crucería estrellada. El edificio, apoyado sobre la roca madre, data de 1561 y encierra una fuente natural de la que mana agua solamente aquellos años con lluvias más copiosas. La tradición cuenta que en 1238 la Virgen se apareció a un pastor en una pequeña construcción no lejos de allí que ha sido bautizada como ‘La Aparecida’.

La ruta con el agua como hilo conductor continúa por caminos de tierra flanqueados a ambos lados por los cultivos típicos de la zona, como la vid, el trigo, la cebada y los árboles frutales. El recorrido culmina en la Rambla de Tranco, un paraje de exuberante vegetación regada por alguno de los tres manantiales de agua cristalina que salen de la roca, todos ellos muy cercanos entre sí. Desde aquí se abastece a la población, que no suele tener problemas por falta de suministro ni en los días de verano en que el número de vecinos se triplica. A pocos metros hay un embalse para riego, de unos cuatro metros de profundidad, que aporta al paraje una intensa sensación de frescura.

De regreso al pueblo, la vista alcanza el caserío, dominado por el torreón del castillo templario. Encaramado a una enorme y pintoresca roca, fue restaurado hace unos años siguiendo fielmente el aspecto que esta fortificación debió tener en su origen. El único acceso abierto en sus muros está elevado sobre el suelo, para impedir que los invasores entraran en el recinto una vez retirada la escalera de madera que serviría a los del lugar para entrar a la construcción defensiva. "La idea es seguir recuperando esta fortaleza –señala Juan José– de la que, lamentablemente, nos quedan solo unos pocos restos, pese al esplendor que tuvo durante la Edad Media".

LOS IMPRESCINDIBLES

Un santuario del siglo XVI

El interior de la ermita de la Fuensanta, con bóvedas de crucería estrellada pintadas en vivos colores, es una visita obligada en Villel. El edificio, apoyado en la roca, es el enclave religioso más famoso de la zona.

Embalse entre montañas

Muy cerca de los manantiales de El Tranco hay un embalse cuyas aguas llenan de color y frescor el paraje montañoso y seco. Tiene entre tres y cuatro metros de profundidad y se utiliza para el riego de los campos próximos.

Una iglesia con 2 patronos

La iglesia parroquial de Villel, levantada entre los siglos XVI y XVII, está dedicada a Nuestra Señora de las Nieves, pero tiene en su interior capillas en honor a Santa Otilia y San Roque, los dos patronos de la localidad.

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