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Aragón

Una plaga del siglo XXI

Son cada vez más las personas mayores de 65 años que mueren solas en sus viviendas y son encontradas por los servicios de emergencias días después del deceso.

Lucía e Isidro –en el centro de la fila derecha–, en el bar de Formiche junto a otros vecinos.
Lucía e Isidro –en el centro de la fila derecha–, en el bar de Formiche junto a otros vecinos.
Jorge Escudero

Son cada vez más las personas mayores de 65 años que mueren solas en sus viviendas y son encontradas por los servicios de emergencias días después del deceso. En Aragón, en los últimos ocho meses, se han conocido una decena de fallecimientos en estas circunstancias, aunque esta cifra podría ser aún mayor. Hay que poner las bases para abordar lo que diferentes estudios han denominado ya la epidemia del siglo XXI: la soledad

Unas 83.000 personas mayores de 65 años viven solas en Aragón y a muchas más de la mitad les gustaría estar acompañadas porque se encuentran desatendidas, pero sus circunstancias familiares lo hacen imposible. En la Comunidad, como en el resto de España y de Occidente, cada vez hay más gente que vive sola, y de ella la mayor parte son personas mayores. En los países más desarrollados principalmente, la anomalía ya es epidemia y un problema que afecta cada vez más a las sociedades y a los Gobiernos, que ven cómo se disparan los gastos de dependencia. Las estructuras de apoyo familiar han ido cambiando y desintegrándose sin que la sociedad o los Estados hayan sabido responder a ese vacío. Las condiciones a las que el trabajo obliga, más que la conversión de la virtud de la compasión en rémora, ha hecho que desde hace ya tiempo los ancianos hayan sido apartados del centro de la vida y desprovistos de la atención de sus familiares.

Contra esa soledad que puede ser fatal, caben al menos dos tipos de soluciones. Por una parte, la inversión en servicios sociales. Por otra, iniciativas como crear proyectos comunitarios en los barrios de las ciudades que funcionen a modo de ‘redes de convivencia’, dinamizadas por los propios vecinos y con recursos públicos o privados. El problema de la soledad está adquiriendo tal envergadura que tiene que ser la sociedad en su conjunto, no solo las instituciones, la que le ponga remedio.

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