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Universidad de Zaragoza

Gemología, una joya de la Universidad de Zaragoza 

Se trata de una especialización que se imparte en colaboración con la Asociación Gemológica de Aragón (AGEDA) desde 2010


Hace poco más de medio siglo que los estudios de gemología llegaron a España, a pesar de que esta disciplina está presente desde hace siglos. Ejemplo de ello es que en el escudo de Navarra hay una esmeralda. “La gemología se comenzó a impartir en nuestro país en la década de los 60”, recuerda Cinta Osácar, docente de estos estudios en la Universidad de Zaragoza. Madrid y Barcelona fueron las primeras ciudades donde se trabajó.

“Dos décadas más tarde se creó la asociación de gemólogos en tierra aragonesa. Así que ahora cumplimos 38 años”, añade Miguel Ángel Pellicer, presidente de la Asociación Gemológica de Aragón (AGEDA). Hace mucho menos, en concreto ocho cursos, se comenzó a estudiar en la universidad aragonesa la especialización. “Son cuatro promociones las que se han graduado ya, una cada dos años”, calcula Osácar, del departamento de Ciencias de la Tierra. Desde entonces, han pasado por sus aulas joyeros, comerciantes, historiadores del arte, anticuarios, tasadores, arqueólogos y hasta técnicos de aduanas.

“La gemología interesa a la gente porque quieren saber qué es lo que tiene y el valor de sus piezas. Muchas veces se confunde el contenido sentimental con el material”, aclara Pellicer. Así, el objetivo de estos estudios es conocer, identificar y caracterizar las distintas gemas. También, como aparece en su guía docente, describir su naturaleza, origen o procesos a los que están sometidas, así como la talla o los tratamientos que se han seguido.

Se trata de un curso donde la teoría se enlaza con la práctica. “Los alumnos tienen contacto directo con las gemas, siempre manteniendo una prudencia, puesto que son materiales muy valiosos. Trabajan con refractómetros, espectroscopios, microscopios o lupas de diez aumentos”, concretan Osácar y Pellicer.

El último utensilio solo viable para observar los diamantes. Esta famosa piedra preciosa es de origen inorgánico, como el 90% de ellas. El 10% restante son de origen orgánico, es decir, vegetal o animal.

Dentro del grupo minoritario se categoriza el marfil o las perlas. “Si bien no es habitual que las perlas nazcan en agua dulce, en Japón hay ríos productores de estas piedras preciosas, pero intervienen también otros factores como las condiciones atmosféricas. En Aragón no es posible”, comenta Pellicer. El marfil también es casi imposible que se produzca en la Comunidad, puesto que la fauna no acompaña. Sin embargo, se puede encontrar azabache.

Se trata de la piedra preciosa más habitual en Aragón, presente por ejemplo en Escucha, en la provincia de Teruel”, manifiesta el presidente de AGEDA. “Otro lugar donde aparece es en Asturias”, añade el químico y gemólogo. “En la época victoriana se puso de moda y de Teruel se trasladaba a Asturias, y de ahí a Inglaterra”, recrea Osácar.

Pero no es la única, también se generan diamantes sintéticos. El motivo es que el desafío tecnológico ha supuesto que se puedan fabricar todo tipo de gemas. “Ahora mismo, mientras hablamos, hay laboratorios que están fabricando este tipo de diamantes”, desvelan ambos.

Tal y como se descubre, esta docencia es, al igual que el propio campo, muy específica y la cursan pocos alumnos. Es decir, una joya en bruto todavía por descubrir para muchos.

 

 





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