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Aragón
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La amenaza de las deudas

El Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza tienen un grave problema de financiación a pesar del aumento de ingresos.

Javier Lambán, en una imagen de archivo
Javier Lambán, durante su visita al centro Manuel Artero de Atades, en Huesca.
Rafael Gobantes

El Gobierno de Aragón bate de nuevo el récord de deuda y el Ayuntamiento de Zaragoza es la única gran ciudad que se ha endeudado de forma notoria. Las dos mayores administraciones públicas de la Comunidad tienen un grave problema de financiación a pesar de la bonanza económica y del aumento de ingresos

La DGA y el consistorio de la capital tienen un serio problema presupuestario: gastan bastante más de lo que reciben, a pesar de que han mejorado las vías de ingresos. Les ocurre lo mismo a otras muchas comunidades y municipios. No obstante, la conjunción de varios hechos explica la relevancia de esta dificultad en Aragón. Primero, la coalición PSOE-CHA ha disparado en 1.604 millones la deuda del Pignatelli pese a haber ingresado 1.279 más en tres años por el aumento de la recaudación fiscal y de la financiación autonómica. Segundo, el Ayuntamiento de Zaragoza es la única de las ciudades españolas de más de 300.000 habitantes que ha aumentado significativamente su endeudamiento en el primer trimestre del año. Y tercero, Pedro Sánchez ha desvelado su incapacidad para renovar el sistema de financiación autonómica en esta legislatura.

El aumento constante de la deuda constituye una debilidad que puede convertirse en riesgo ante la posibilidad, remota pero no descartable, de que estallase una nueva crisis financiera. La economía aragonesa mantiene una progresión firme, pero, como todas, depende de la evolución de factores externos. Así, hoy existe un riesgo de que se eleve la inflación por el encarecimiento del petróleo. Y, además, hay que ser conscientes de que la economía global entra en un periodo de incertidumbres: tensiones geopolíticas, ascenso insólito del proteccionismo y final de los bajos tipos de interés. Por ello, la política más prudente de los dirigentes aragoneses es actuar donde pueden, como planear reducciones sistemáticas del endeudamiento.

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