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Aragón

Longás: ... y los taparon con pez

La localidad de las altas Cinco Villas, que año tras año arregla su pista montañosa hasta Bailo en espera de una carretera de verdad, pide compromiso para esta obra reclamada por todo un valle.

Más imágenes de Longás en 'Aragón, pueblo a pueblo'
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Laura Uranga

En Longás acaba la carretera; concretamente, la A-2603 que conecta esta localidad de las altas Cinco Villas y la Bal D’Onsera (área de la que es el municipio más oriental) con Navardún. De Longás a Bailo hay 13 kilómetros de pista forestal de grava practicable de Semana Santa a verano, gracias al esfuerzo de los vecinos, y complicada de utilizar en cuanto caen las primeras lluvias de consideración. Conectando por las comarcales con la nacional 240, se llega a Jaca –centro neurálgico de servicios para el pueblo– tras 90 kilómetros de rueda; una hora y media de trayecto. Hasta hace nada, el acceso a Longás desde el pueblo vecino, Lobera D’Onsella, también era criminal: una obra concluida en diciembre de 2016 ha mejorado notablemente las cosas para vecinos y visitantes por ese lado.

Aparte de lo que llega en venta ambulante –el pan y la repostería vienen de Sos dos veces a la semana– la gente hace sus compras grandes en Jaca, centro de referencia para esos menesteres. El problema es la comunicación; la mentada pista desde la última casa del pueblo conecta Longás ‘de aquellas maneras’ con el puerto de Santa Bárbara y Bailo. "La arreglamos con grava cada año –aclara Javier Castán– a la espera de una solución mejor, es decir, una carretera; llevamos años pidiéndola, y no es solo cosa nuestra, sino de todos los pueblos de la Bal D’Onsera".

El asunto es como la condena de Sísifo, o casi. En vez de empujar eterna y cíclicamente una roca hasta la cumbre y ver cómo cae de modo indefectible, aquí se trabajan el acceso a sabiendas de que se estropeará la obra de parcheado, y habrá que hacerla de nuevo un año después. "Cada Semana Santa –explica Javier– nos pegamos tres o cuatro días dándole al camino; yo salgo con una máquina pequeña que tengo, el ayuntamiento trae ocho camiones de grava y pone otra máquina, y repasamos toda la pista. Con cinco kilómetros de Zaragoza y ocho de Huesca en el tramo, tenemos que pedir permiso en ambos lados y mosqueamos a los forestales; con cada lluvia fuerte se va estropeando. Fíjate que con eso en buenas condiciones hay 40 kilómetros a Jaca, que se convierten en 90 si hay que ir por Navardún, Ruesta, Berdún y Puente la Reina; además, hay muchos tramos de esas carreteras que están realmente fatal".

La vida social

Manuel Aragüés sirve una consumición a Matías en Os Tablaus, el centro hostelero del pueblo que regentan con su hermana Teresa y su cuñado, Javier Castán. Teresa es la responsable de los fogones, y su pericia cocinera es tan valorada en el pueblo como en el resto de los pueblos integrados en la Bal D’Onsera. Allí asoma también Urbano Saracoiz, cartero jubilado de Longás; cuando no había carretera hasta el pueblo se hacía a pie los nueve kilómetros de ida (y otros nueve de vuelta, claro) hasta Lobera D’Onsella, donde llegaba el correo de sus vecinos. También cuidó vacas y ovejas, y se aventuró en otros trabajos. "De oficina no, eso nunca –musita con una sonrisa– porque prefería las andadas, el campo. Había que cruzar varias veces el río por pasarelas, y los días fríos era duro, pero valió la pena".

Buen yantar

En el término municipal hay setas. El museo micológico de Isuerre no está lejos: es cosa de toda la zona. "Tenemos localizadas –puntualiza Javier– unas setas muy buenas, que se mueven al salir apenas veinte metros cada año: isanas le llamamos nosotros, en Navarra son perrechicos y en los libros ‘Calocybe gambosa’". También hay buenas colmenillas: Teresa hace con ellas un cardo para chuparse los dedos en Os Tablaus; también borda los arroces, la brasa, las migas y las verduras que prepara con productos de su huerto. "Ya sabes como es esto, hay que hablar poco –apunta Javier, volviendo a las setas– de dónde salen. La gente espía; los hongos royos, rebollones les llaman, no me gustan tanto. Hoy saldré a buscar con mis amigos Domingo y Ramiro Campos".

Al pasar por el Ayuntamiento está la furgoneta del panadero. "No te pierdas las palmeras de chocolate –apunta Manuel– porque son buenísimas". El empedrado de la calle parece sonreír ante sus palabras: lo mejor de la vida, a veces, es gratis... pero si no es el caso, suele estar al alcance de cualquier bolsillo.

Los peceros hacen pez; el gentilicio popular del pueblo tiene que ver con la resina horneada

A los de Longás les llaman los peceros, y la razón nada tiene que ver con siglas políticas, posesión de branquias o artesanía del metacrilato. Viene de la pez, ese tesoro negruzco que supuso antaño una fuente considerable de ingresos para el pueblo gracias a su exportación a los astilleros gallegos –para impermeabilizar las quillas– y a los boteros, para revestir el interior de los tradicionales recipientes vinícolas.

Hace algo más de una década, Javier Castán se propuso recuperar la práctica en el ámbito local, y contó para ello con el apoyo de su sobrino Javi. El Ayuntamiento abrazó la idea y aportó los materiales. "Sabíamos que se hacía la pez aquí en Longás hace cien años, y quisimos probar, aunque no había muchas pistas del método y a los mayores se les había olvidado ya, porque se llevaba mucho tiempo sin hacer. Unos expertos de Quintanar de la Sierra (Burgos) nos visitaron para contarnos su método, ya que por allí aún la hacen. Así que hice un horno nuevo con mi sobrino, y los burgaleses nos trajeron zocas de pino de allá cortadas de la manera adecuada para hacer las teas. Esas teas se meten al horno y se encienden por arriba: entonces se derrite la resina del pino y cae a una losa de piedra, donde se cuela el líquido dorado y va cayendo a una grieta poco a poco. La tea tiene que ser buena para que funcione. En esa grieta se quema un poco más el líquido, que se ennegrece; con un palo largo se va recogiendo y se vierte en forma de caldo en unos cuadradillos de gravilla limitados con tablas; se enfría y ya está lista".

LOS IMPRESCINDIBLES

Paco Berges en América

Este hijo de Longás fue uno de los más significados representantes de la migración de borregueros aragoneses a Estados Unidos ( Rocosas y Nevada). Lo cuenta Carlos Tarazona en el libro ‘Borregueros, desde Aragón al Oeste americano’.

Un pueblo de cine

El francés Armand Cazaux de la Hera, francés residente en Olorón, pasa largas temporadas en Longás. En el verano de 2013 filmó aquí ‘Los desaparecidos del pueblo perdido’, también hizo otra de vampiros, y actuó medio pueblo.

Sierra de Santo Domingo

Este Paisaje Natural Protegido (desde abril de 2015) se reparte entre los términos municipales de Luesia, Biel y Longás. Es un paraíso senderista; en el lado de Longás destaca el bosque de pino silvestre y los hayedos.

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