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Aragón

Monroyo: tradición y vanguardia al servicio del viajero

La fama del Consolación es notable en toda España a la hora de analizar hospedajes con un punto especial, pero Monroyo también presume de la veteranía y el grado de la Posada Guadalupe.

Para un espíritu que conserva la capacidad de sorpresa, los descubrimientos son vitaminas. Monroyo guarda varios retos interesantes en este terreno, pero el más conocido en el panorama nacional es, sin duda, el hotel y restaurante Consolación, uno de esos sitios en los que el término diferente no atina a la hora de calibrar el peso semántico de lo que califica. Va un poco más allá de eso.

Contextualicemos. Situado a las afueras, en pleno monte, se asienta en el entorno de la ermita de la Consolación, del siglo XVI que no pertenece al complejo (es propiedad de la iglesia) y, al mismo tiempo, forma parte indisoluble de su esencia. Una gran cúpula, el fresco de Felipe Pellicer y la propia virgen que da nombre al edificio son las señas de identidad de la edificación religiosa, que sigue perteneciendo a la iglesia y despertando el fervor de los vecinos. A la ermita se acude en romería dos veces al año, en la Virgen de agosto y el lunes de Pascua, fecha en la que el hotel abre sus instalaciones a los monroyenses y brinda una fideuá para cuatrocientas personas.

La barcelonesa Olga Franco es la responsable del hotel, que dirige una hija del pueblo, Gloria Blanc. "El hotel –explica Olga– lleva abierto desde 2009: cumplimos nueve años esta Semana Santa. La filosofía aquí es dotar a los clientes de un sitio donde puedan relajarse y desconectar, contando con todas las comodidades y, al mismo tiempo, generando una sensación de no necesitar demasiadas cosas para obtener lo que han venido a buscar. De hecho, muchos televisores están ocultos aquí".

Olga y Gloria sustentan en el día a día la visión y esfuerzo inicial (en constante renovación) de los tres dueños: Daniel Delgado, Covadonga Folgueras e Ignacio Mas. Son tres admiradores confesos del arquitecto estadounidense Craig Ellwood, que brilló en la década de los cincuenta por sus estructuras paneladas. Ellwood, que se retiró a los 55 años y vivió quince más disfrutando del rédito generado por sus creaciones, creía en la planta modular como medio de control, una base creativa con infinitas posibilidades.

Para el proyecto del Consolación, el trío de emprendedores confió en Estela Caprubí y Eugenia Santacana para desarrollar una idea rica en carga arquitectónica y mesurada en la decoración. Su trabajo colmó las expectativas de los socios. "Cuando los dueños conocieron el lugar y entraron en la ermita, enseguida se dieron cuenta de que querían hacer algo en este terreno".

En el edificio que alberga la recepción, el restaurante, las otras áreas comunes y dos de las habitaciones vivía en su día un ermitaño:era Casa Licio. "Las otras diez son cubos en la ladera del monte. La gente se sorprende mucho –afirma Olga– y la verdad es que están concebidos para fundirse con su entorno, una mínima invasión". Son construcciones simples e idílicas: casetones con cama espaciosa, bañera en piedra y un ventanal que da al monte.

El restaurante es otro valor. Se maneja con productos selectos de cercanía: Teruel, Castellón, Tarragona. Se trabaja en cocina abierta, para un número limitado de comensales. La sorpresa final está en mitad de las rocas: un sofá que recuerda poderosamente al de la serie ‘Friends’. "Siempre nos lo dicen –ríe Olga– y la verdad es que con un poco de cuidado para llegar, el disfrute está garantizado: leer, mirar el horizonte... y para muchas parejas, un lugar idóneo para prometerse en matrimonio:hay varios casos".

El Guadalupe

En el centro del pueblo, la posada y restaurante Guadalupe marca la alternativa clásica para el visitante en Monroyo. Ocho décadas de vida contemplan a este negocio con calado en toda la zona, menús para todos los bolsillos –el de degustación es para chuparse los dedos, pero las alternativas no desmerecen la opción estelar– y un ambiente familiar. En un día cualquiera, una pareja de veteranos motoristas belgas convive con trabajadores de las granjas del pueblo, familias o ejecutivos en tránsito por la zona.

El alcalde José Ramón Guarc lleva tres años en el cargo, ha impulsado y mezcla el optimismo con la postura cauta a la hora de valorar el presente y el futuro del pueblo. "Llegué de casualidad y vengo haciendo todo lo posible para estar a la altura de la confianza recibida: tenemos ilusiones puestas en un centro BTT para los excursionistas que nos pondrá en el mapa deportivo de la zona. Ahora mismo tenemos un tema que va a condicionar mucho el futuro: la nueva carretera que ya no pasará por el centro".

El jamón de Monroyo, coleccionista de premios

La tienda de Jamones Roquet es una de las señas de identidad de Monroyo, una visita muy popular entre los que acuden al olor (y el sabor) de uno de los productos procedentes del cerdo más premiados dentro de la D. O. Teruel. El productor del preciado manjar está un poco más retirado del pueblo; en el mismo desvío del hotel Consolación está el secadero de Soincar, perteneciente al Grupo Arcoíris (con sede central en Valderrobres) y responsable del Jamòn de Monroyo. En 2009 y 2010 fue, además, el mayor productor de la D. O. en volumen, con el matadero de Valderrobres como referencia directa. En cuanto a los premios, fue reconocido como el mejor jamón de la D. O. en 2000, 2004 y 2013. Los productos de Soincar se distribuyen en países de toda Europa y varios destinos en Asia, con una curva de crecimiento muy importante en este último continente.Eso sí, el aplauso en casa sigue garantizado y, naturalmente, es el primero que valora la empresa.

LOS IMPRESCINDIBLES

Casa Morera

También conocida como Hostal Vell, es uno de los edificios más bonitos y fotografiados de Monroyo, que atesora otros buenos ejemplos en su casco antiguo. Fuera del casco urbano, las masías y masicos son las estampas más habituales.

Iglesia y ayuntamiento

La parroquia de la Asunción es una reforma del siglo XVI sobre la construcción gótica original del XIII, de la que se conservan los arcos. Una hermosa escalera (imagen) la separa del imponente edificio del ayuntamiento.

El Survival Zombie

Dentro de siete días (el sábado 26) Monroyo se convertirá en un pueblo de ‘no muertos’ con el Survival Zombie, un divertido encuentro que incluye una representación actoral e involucra a grupos de inscritos en una aventura.

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