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Aragón

Jotas y redobles ponen el broche a la Semana Santa en la plaza del Pilar

Cientos de personas se acercaron ayer a la basílica para ver a la salida de la hermandad de Cristo Resucitado, que protagonizó la última de las 53 procesiones.

Las tallas de la Virgen de la Esperanza y Cristo Resucitado compartieron escenario con los joteros durante la mañana de ayer en la plaza del Pilar
Las tallas de la Virgen de la Esperanza y Cristo Resucitado compartieron escenario con los joteros durante la mañana de ayer en la plaza del Pilar
Raquel Labodía

Un sol reluciente caía ayer sobre una plaza del Pilar abarrotada de personas, que no se querían perder el Encuentro entre Cristo Resucitado y la Virgen de la Esperanza en el último día de la Semana Santa. Allí, los tambores y las jotas se mezclaron con los acentos de muchas partes de España e incluso del mundo.

A las 11.15, las puertas la iglesia de Santa Isabel se abrieron por última vez esta Pascua para que saliera la hermandad de Cristo Resucitado en la procesión del Encuentro Glorioso, que anuncia que el Señor ha vuelto a la vida. En esta ocasión, los hermanos lo hicieron con la cara descubierta y el tercerol celeste apoyado sobre su hombro izquierdo, portando claveles en lugar de velas y las camareras de la Virgen con mantillas blancas para celebrar el milagro. Con ellos, y tras los consabidos guiones y flameros, apareció el paso de la Virgen de la Esperanza de Jorge Albareda –que data de 1981–, llamado a protagonizar el emotivo Encuentro con su hijo –del mismo autor pero de 1978–, que salió de la basílica del Pilar al son de los tambores y ante la mirada de cientos de curiosos. A la cita asistieron también el arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez Zamora, y el agustino Tomás Marcos Martínez, quienes desearon una «feliz Pascua cristiana» a los fieles y a las decenas de niños con la capelina celeste que participaron en la procesión.

Minutos después, el folclore aragonés tomó el relevo a las imágenes y acaparó todo el protagonismo. Los joteros cantaron a viva voz y celebraron la Resurrección con bailes, mientras los turistas no paraban de hacer fotografías, encandilados por el ‘punta-tacón’ y las castañuelas.

Tras varios ‘aleluyas’, la procesión continuó por la calles de Don Jaime I, Arquitecto Magdalena y San Ignacio de Loyola en su camino de regreso hasta el colegio de San Agustín, en cuyo patio sonaron los últimos redobles de la Semana Santa cuando el reloj rozaba las tres de la tarde.

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