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Aragón

Berrueco: arte en un mundo aparte

El restaurante y sala de expresión artística que llevan Ana y Álex en el diminuto Berrueco se ha convertido en la nueva referencia cultural de los pueblos que rodean a la laguna de Gallocanta.

El camino hacia el castillo de Berrueco es empinado... y tiene premio al final: una increíble vista de la laguna de Gallocanta.
El camino hacia el castillo de Berrueco es empinado... y tiene premio al final: una increíble vista de la laguna de Gallocanta.
Laura Uranga

Están cada uno a 569 kilómetros de su casa. Ella es de Jaén y él de Mieres; alucinaron al verlo en el Maps cuando llegaron a las inmediaciones de la laguna de Gallocanta, concretamente a Berrueco. Ana Galán y Álex Blanco llevan menos de un año en este pueblo que en su día corrió serio peligro de acabar en despoblado; este invierno, de hecho, ellos son dos de los ocho adultos que viven regularmente en Berrueco. Ahora su familia tiene tres miembros con la reciente llegada del pequeño Lope. Están al borde de la carretera con su Restaur-Arte La Huella, un establecimiento que aúna la vocación culinaria con las artes escénicas y expositivas, y que mira desde el pie la bella estampa de un pueblo en cuesta, con el perfil de la iglesia de Santa Ana y sus casas de piedra, en un casco urbano cuidado con esmero desde la alcaldía que ostenta Carmen Ballestín desde 2011.

"Abrimos en Semana Santa del año pasado –apunta Álex– y poco después tuvimos un bebé; vino con algunos problemas y durante cuatro meses nos concentramos en cuidarlo, hasta que estuvo mejor. Entonces reabrimos; coincidió con el día del Pilar. Lope va a hacerse lagunero, ya está de maravilla". Mientras Álex habla en el salón comedor, de la cocina emana un aroma a cabrito asado que quita el sentido, y que irá poniendo a punto durante toda la mañana; tiene trece personas a la mesa.

Oportunidad a la vista

Lo de caer en Berrueco le vino a la pareja por amistades instaladas en las cercanías. "Trabajé en su día con la gente que lleva ahora El Molino de Burbáguena; fue en el Pirineo, en Benasque, hace casi veinte años. Me hablaron de las posibilidades que ofrecía Berrueco, vinimos a ver el pueblo y nos decidimos.La alcaldía nos dio facilidades, pero no en formato teleclub; pagamos nuestro alquiler y los gastos son similares a los de un negocio en una ciudad. Coincidimos con la alcaldesa en que no nos gusta la idea de la repoblación a cualquier precio; somos gente concienciada, que viene con ganas de trabajar. Vivimos en la casita contigua al restaurante, antes estas casas eran la escuela y la residencia del maestro. También nos gusta la armonía que hay entre los vecinos, son gente maja y sana, cuidan los unos de los otros".

En La Huella se come y se disfruta de exposiciones en su modesto (pero coqueto) espacio hábil."Abrimos el viernes por la noche, el sábado y el domingo al mediodía –aclara Álex– y si se hace reserva previa, cualquier día de la semana. El resto del tiempo lo tenemos libre para disfrutar del entorno y, ahora, para ver crecer a nuestro hijo tal y como queremos. Ana es actriz profesional, aunque ahora toca centrarse un tiempo en La Huella y en el peque. La idea es atraer a la gente hasta aquí con una propuesta que exceda lo culinario, aunque esa es mi profesión y la cuido al máximo".

Álex ha trabajado en media Europa como cocinero, especialmente en el Reino Unido, y también ha cocinado para la jet de las mejores playas españolas, pero en Berrueco ha encontrado un paraíso. Por su parte, el interés de Ana por la cultura va más allá de su propia especialidad escénica. "Vimos que un proyecto como el que hemos puesto en marcha era perfecto para conjugar nuestras pasiones; probamos en otros pueblos antes, pero Berrueco nos pareció ideal. Tenemos un montón de amigos que nos han ido ayudando a poner esto como queremos; José Azul, escultor, y Carlos Pardos, pintor, son dos de ellos. Las representaciones teatrales que hemos disfrutado también vienen de contactos personales; el otro día tuvimos a Carlos de Austria, actor de ‘Puente Viejo’, y Silvia Acosta, de la compañía El Perro Negro, que venían de actuar en teatros inmensos de Sevilla y Madrid; nos brindaron un gran espectáculo, que encantó a la gente del pueblo y de la comarca. Hace poco, Carmen Franco también presentó aquí un libro sobre la laguna de Gallocanta".

Cocina honesta

En la parcela estrictamente culinaria, Álex deja claro que la calidad del producto y el mimo a la hora de trabajarlo es fundamental para él. "Aquí hay cocina de mercado y trabajamos al día, porque no manejamos congelados; se hace la compra para cocinar en un plazo mínimo y nos gusta ofrecer lo mejor. El pescado es de Guetaria gracias a un colega, hacemos potajes, asados... por la noche ofrecemos un menú degustación de siete platos maridado con vino a 25 euros. En La Huella se hace cocina honesta: nunca pondría nada en tu plato que no le pusiera a mi madre. La apuesta de batalla no traería gente hasta aquí, así que la descartamos desde el principio: esta es la zona más despoblada de Europa, después de Laponia". Aquí se escucha cada sonido; la idea es que siga sonando armonioso.

De Irlanda a Argentina por vía musical

La Huella ha gozado de invitados muy interesantes en el plano musical desde su apertura. La primera visita señalada vino de Irlanda, vía San Martín (tiene allá una casa) con el dublinés Kyron Bourke.Se trata de toda una estrella en Irlanda, respetado por los grandes y con una veintena de álbumes editados. Forma además un matrimonio de artistas con la diseñadora de interiores Fleur Jackson, una de las más prestigiosas de las islas británicas. En La Huella actuó al piano con el apoyo de Martín Caló, músico habitual de Calle 13 y Orishas; Su caché fue la hospitalidad de Ana y Álex, junto a un rato de buena charla. También ha pisado Berrueco el músico argentino Capitán Bombay, que actuó con banda, y la cantante de tango Valeria Hernández, que viene de Mar del Plata. La programación musical promete nuevas sorpresas en este inicio de 2018.

La Casa del Verdugo y la de los Infanzones

La recuperación de la llamada Casa del Verdugo en Berrueco es uno de los asuntos capitales de la arquitectura urbana local. Tanto esa edificación (de dos plantas) como la de los Infanzones (justo encima del magnífico pabellón/salón de actos en piedra) se encuentran en la zona alta del pueblo; están adosadas. En la de los Infanzones se encuentra un escudo de armas y en la del Verdugo, se ve ‘el hacha y el tropiezo’. La tradición cuenta que en casa del Verdugo era donde castigaban al delincuente –especialmente a los que sacaban ilegalmente la sal de la laguna de Gallocanta– y que, al encontrarse juntas, puede que se construyeran a la vez. Afirman que el infanzón era la autoridad y el verdugo ejecutaba las órdenes del superior. Los infanzones estaban en Daroca, en Báguena, en Anento... y eran un grupo de virreyes de la misma familia. Tenían el título de infanzón que les había sido dado por el rey de Aragón y gozaban de todos los privilegios de tal condición.

LOS IMPRESCINDIBLES

Casa Turismo Rural

Se trata de un empeño de la alcaldesa Carmen Ballestín, y la satisfacción de sus clientes es elevadísima en los medidores de impacto más populares en las redes. Un excelente enclave para disfrutar del entorno de la laguna.

Repaso histórico

Escrito por David Pardillos y Nieves Traid este volumen editado hace un lustro por el ayuntamiento local repasa en 142 páginas los aspectos más reseñables de la historia del pueblo, desde la patrimonial a la vivencial.

El Castellar

Este yacimiento arqueológico celtíbero estuvo ocupado entre los siglos II y I antes de Cristo. De tamaño relativamente pequeño, destaca la doble muralla de sillares de piedra, rellena de cantos y tierra y rodeada por foso.

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