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Rubielos de Mora: vino de altura con vocación internacional

El empresario Jesús Romero ha puesto en marcha una bodega que aprovecha las características singulares de un caldo obtenido de viñas plantadas a mil metros de altura.

Raúl Hernández y Eduardo Martín, en su fábrica de cerveza artesana.
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La excepcional calidad del vino obtenido, el deseo de invertir en su tierra y la tendencia emergente a producir vino en altura animaron a Jesús Romero, un turolense afincado en Valencia, a invertir en 2010 en Rubielos de Mora en la producción vinatera, un sector entonces inexistente en el municipio tras la extinción de las viñas tradicionales en la primera mitad del siglo XX. Romero se muestra muy satisfecho de su "aventura" enológica en una localidad que en principio parecía poco propicia a este producto debido a su altitud, a 929 metros sobre el nivel del mar, y su duro clima invernal.

El empresario, que procede del sector hostelero, trabaja ya en la ampliación del negocio con su traslado a una nueva bodega, más amplia y acogedora, con un proyecto que rondará los 70.000 euros de inversión. Explica que el contacto estrecho que mantiene con el vino como propietario de un restaurante y el recuerdo de su estancia infantil en la comarca vinícola de Utiel (Valencia) le han convertido en un amante de la viticultura.

Rubielos de Mora: vino de altura con vocación internacional

"Tenía muy claro que quería terminar mi vida laboral produciendo mi propio vino", explica. Se encarga de todo el proceso de producción, desde la poda de las vides y la vendimia hasta la vinificación, donde cuenta con la colaboración del enólogo de raíces turolenses –en este caso en la vecina Olba– Juan Vicente Alcañiz, socio en este proyecto.

Romero conocía Rubielos de Mora por su cercanía a Teruel y también como destino vacacional. La posibilidad de comprar varias parcelas para plantar viña le decidió a probar suerte con las vides y los toneles. Cultiva tres hectáreas de distintas variedades –garnacha, sirach, tempranillo y cabernet– con una producción anual de 12.000 litros de vino tinto, equivalentes a 16.000 botellas. Los resultados le animan a ampliar su proyecto con una plantación de garnacha que batirá el récord de altura, por encima de los 1.000 metros.

Este bodeguero tenía muy claro que su sueño vinícola debía hacerse realidad en su "tierra". Tras seis añadas en el mercado, ha conseguido abrirse hueco en el mercado nacional, con distribución en Teruel, Valencia y Zaragoza, además de destinar el 30% de la producción a la exportación con destino a Reino Unido, Irlanda y Bélgica. Además, mantiene contactos para llegar a los Estados Unidos y Canadá. Su mercado más exótico hasta ahora es, con diferencia, Hanoi, la capital de Vietnam, donde exportó una pequeña partida.

Garnacha de Burbáguena

La excelente valoración del prestigioso crítico de vino estadounidense Robert M. Parker, que le otorgó una puntuación de 90 puntos sobre un máximo de 100, fue una palmada en la espalda que empujó a Jesús Romero y Juan Vicente Alcañiz a metas más ambiciosas. Entre otras vías de crecimiento, comprarán garnacha de "muy buena calidad" en Burbáguena. "Es tan especial que vienen a comprarla desde La Rioja", destaca Romero.

La instalación de la Bodega Jesús Romero ha reverdecido los recuerdos vitivinícolas de Rubielos de Mora, donde la producción de vino para el autoconsumo se mantuvo durante siglos hasta que las plagas –la famosa filoxera–, la difícil climatología local y la despoblación acabaron con las vides. "Los agricultores están asombrados ante la aparición de un proyecto comercial a partir del vino local", señala el empresario, que también detecta "orgullo" entre los vecinos tras constatar que un producto autóctono se consolida en el mercado internacional con marchamo de calidad.

La producción vinatera en altura está marcada por las cosechas tardías y el riesgo de heladas, aunque este último inconveniente solo ha comportado un contratiempo en las seis vendimias realizadas. A Romero le preocupan más las granizadas, como la que el pasado 23 de julio se desató sobre el pueblo con un pedrisco del tamaño de pelotas de tenis. Para proteger la viña, ha instalado unas telas de material plástico que cubren las cepas. El pasado julio, como todos los sarmientos que sobresalían del escudo protector quedaron machacados, tuvo que eliminar parte de la cosecha para compensar porque los racimos necesitan una dotación de hojas para madurar correctamente.

La cosecha arranca con la variedad tempranillo a finales de septiembre y no se cierra hasta noviembre con la garnacha. Un equipo de cuatro personas trabaja durante 20 días en la vendimia. El resultado es un caldo tinto, que gracias a la altura, es "fresco y afrutado" con 14,5 grados de alcohol. El bodeguero, que vive a medio camino entre Rubielos y Valencia, afirma que su apuesta por el vino de altura no es un caso aislado sino que responde a una tendencia generalizada. Apunta a que puede estar influida por el tan temido cambio climático, que, en Rubielos de Mora, de momento, da buenos frutos, concretamente uvas.

Llegados desde la gran ciudad para cambiar de vida y fabricar cerveza artesana

Eduardo Martín y Raúl Hernández, dos amigos procedentes de Valencia y Barcelona, decidieron hace dos años liarse la manta a la cabeza y cambiar el modo de vida urbano e instalarse en Rubielos de Mora, localidad con la que mantenían estrechos lazos familiares, para dedicarse a la producción de cerveza artesana como actividad laboral. Invirtieron sus ahorros, 70.000 euros, y han empezado a comercializar su producción en las provincias de Teruel y Zaragoza. Su reto inmediato es abrirse paso en el mercado valenciano con los tres tipos de bebida que elaboran.

Eduardo quería "volver al mundo rural con un plan de vida nuevo" y eligió Rubielos, un lugar "privilegiado" para residir con su familia porque dispone de un buen nivel de servicios y está bien comunicado. "Sin idealizar" la vida rural, está satisfecho de su elección. Tras constatar el "auge" de la cerveza artesana, los dos socios optaron por este sector para generar su propio puesto de trabajo. Raúl se formó como cervecero antes de embarcarse en el proyecto. Como materia prima, utilizan el agua de Rubielos, de primera calidad y otro motivo para instalarse.

Uno de los pueblos más bonitos de España iluminado con resplandores de chocolate

El rico patrimonio histórico y monumental de Rubielos de Mora y su buen estado de conservación unidos a una potente oferta hotelera y gastronómica le valieron su inclusión en la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, a la que pertenecen también otras cinco localidades turolenses. Entre las joyas arquitectónicas del casco urbano, destacan el convento de Carmelitas Calzados –reconvertido en centro cultural–, el portal de San Antonio, la excolegiata de Santa María la Mayor y el Ayuntamiento, así como numerosas casas palaciegas repartidas por la localidad. Los estilos artísticos representados van desde el gótico al modernismo.

El cuidado con el que Rubielos preserva su legado monumental le valió el premio Europa Nostra en 1983 y también fue decisivo para que, las pasadas Navidades, fuera elegido para una espectacular acción publicitaria de la conocida marca de bombones Ferrero Rocher bajo el eslogan de ‘Pueblo más bonito y bueno de España’ que inundó la localidad de una llamativa iluminación navideña. La iniciativa tuvo además una amplia repercusión mediática gracias, en parte, al divertido ‘lipdub’ promocional en el que participó gran parte del vecindario

LOS IMPRESCINDIBLES

José Gonzalvo

El prestigioso escultor del hierro José Gonzalvo nació en Rubielos de Mora en 1929 y falleció en 2010 en Valencia. Dejó ejemplos de su quehacer en las calles del pueblo, que le dedicó una vía y le nombró Hijo Predilecto.

Afición taurina

Las fiestas no son aquí fiestas si no van acompañadas de algún festejo taurino. El más característico es el toro jubillo, cuando la res sale a la calle con fuego en los cuernos, pero también hay toros de soga y embolados.

Museo Salvador Victoria

El Museo Salvador Victoria, dedicado a este pintor natural de la localidad y uno de los renovadores de la pintura española durante el franquismo, ocupa un gran caserón. Constituye un referente estatal de la pintura vanguardista.

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