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“En una catástrofe, lo que queremos es ocupar el sitio que nos corresponde en primera línea”

Recién llegado de Galicia, el batallón zaragozano de la UME se prepara para empezar la campaña de inundaciones.

Subgrupo táctico del Batallón IV de la UME que se desplegó en Galicia bajo las órdenes del capitán Enrique Bascuas (segundo por la derecha).
Subgrupo táctico del Batallón IV de la UME que se desplegó en Galicia bajo las órdenes del capitán Enrique Bascuas (segundo por la derecha).

Sus uniformes todavía huelen a humo pero ellos ya han cambiado el chip y están listos para meterse de lleno en la campaña de inundaciones. Esta semana arrancan las maniobras de instrucción específicas en Pradilla de Ebro y todo el batallón (unas 450 personas) refrescarán sus conocimientos para saber cómo intervenir en caso de que las inevitables riadas causen algún estrago. Son el cuarto batallón de la Unidad Militar de Emergencias. El que tiene base en Zaragoza y la semana pasada envió 188 efectivos para ayudar a apagar incendios en el norte. Al mando del subgrupo táctico que operó en Galicia se encuentra el capitán Enrique Bascuas, un valenciano que siempre ha vivido en Zaragoza. Tiene 39 años y lleva un año en la UME liderando la compañía de ingenieros del cuarto batallón.

-Le avisaron el domingo y ese mismo día tuvo que poner rumbo al norte, sin saber muy bien a dónde, con 94 hombres bajo sus órdenes.

-A mí me llaman por la mañana, sobre las 11.30, y en menos de una hora estoy en el cuartel avisando a mi gente para que suban a la mayor brevedad posible y preparen todo el equipo para salir de inmediato. No sabíamos si íbamos a Galicia o a Asturias. Lo importante era ponerse en marcha y ya de camino nos dirían a dónde nos dirigíamos. A las 17.15 salía el primer elemento: dos vehículos todoterreno, tres camiones autobomba, un equipo de transmisiones y un camión con material. Media hora después el segundo: lo mismo pero con personal de sanidad y policía militar. Veinte minutos más tarde partía el último, un autobús repleto de personal para garantizar los relevos de gente cada doce horas. Hasta las 20.30 no sabía a dónde íbamos. Entonces recibí la orden de presentarme en Galicia y llegamos a Orense a las 9.00.

-Muchas horas en la carretera pensando en lo que se encontrarán cuando lleguen y en cómo estará la situación…

-Sí. De camino miras por el retrovisor y ves una columna de vehículos y un montón de personas y lo que sientes es una enorme responsabilidad. Es gente que va a exponer su vida y lo único que quieres es que no pase nada, no cometer ningún fallo. Íbamos escuchando la radio: ahora dos muertos en Galicia, luego tres, luego que parece que han sido provocados… Y vas pensando “aguantad que ya vamos”. Y tenemos que estar a la altura porque somos la respuesta del Estado ante este tipo de calamidades. A la vez ves vídeos de gente intentando apagar las llamas con cubos de agua, exponiendo sus vidas para no perder sus casas y lo que quieres es llegar lo antes posible para ocupar ese sitio en primera línea que es el que nos corresponde a nosotros.

-Hay que tener cierta sangre fría para tomar decisiones acertadas sobre el terreno.

-Son momentos tensos. Una vez llegamos, en este caso a Bayona, dejamos los vehículos aparcados y el subteniente evalúa por dónde es conveniente meterse. No conocemos el terreno y necesitamos algunos minutos para estudiarlo, garantizar la eficacia en el uso de los medios y no arriesgar la vida de las personas. Pero claro, los civiles que están allí, que están perdiendo sus casas o propiedades, lo que quieren es que actúes de inmediato. A un hombre que ve cómo arde su pajar le va a costar entender que el director de extinción nos pida que actuemos en otro frente, pero es que quizás su pajar ya está perdido y de esta manera evitamos que las llamas lleguen a un pueblo entero.

-¿El director de extinción es quien decide qué hacen en cada momento?

-Es un civil del organismo que tiene las competencias allí y experto en la zona. Yo cuando llego a un lugar me pongo bajo las órdenes del director de extinción, le ofrezco los medios que tenemos y él me asigna cometidos. Nos dice dónde actuar y si prefiere un ataque directo o indirecto, y yo le voy dando novedades y contando cómo evoluciona la situación. En Bayona nos encargó cometidos de ataque directo y liquidación porque, aunque el día anterior la situación había sido muy grave, cuando llegamos ya estaba remitiendo. La meteorología era muy favorable, había aumentado la humedad, no había viento y habían bajado las temperaturas.

A las 19.00 ya estaba aquello muy estable y recibimos órdenes de desplazarnos a Lugo, a otro incendio que había en Cervantes. Replegamos de inmediato, nos despedimos del director de extinción de Bayona, pasamos por el cuartel de Figueirido para hacer el relevo y a las 2.00 llegamos a Cervantes. La gente estuvo toda la noche enfriando el terreno y todo el martes vigilando la zona y apoyando a la población.

-¿La situación era tan dramática como imaginábamos desde aquí?

-En las zonas en las que nos tocó actuar las llamas habían afectado a casas aisladas, graneros, parideras… pero a ningún núcleo de población. De todas formas, estando en intervención no vemos tanto como ve el resto de España porque hay mucha gente con cámaras mostrando al mundo lo que pasa y nosotros solo vemos el sitio en el que estamos: mucha masa forestal quemada.

-¿En qué otras emergencias ha participado en este año en la UME y cuál ha sido la más difícil como responsable de una compañía?

-Este verano estuvimos también en el incendio de Yeste, en Albacete, pero para mí la de esta semana ha sido la situación más exigente hasta ahora. Mover a una columna tan grande hacia una zona desconocida, con las noticias que llegaban… Es lo más difícil de gestionar: saber que hay doce horas de camino y que al llegar te va a tocar intervenir en un sitio del que no conoces la orografía del terreno. Si decides meter a semejante columna de vehículos por el camino equivocado, con fuegos por todos lados y tienes que dar la vuelta no la das. Por eso hay que tener mucho cuidado, para no precipitarse y no meterse en una zona en la que puedas quedar atrapado.

-¿Por qué la UME?

-Ya de teniente me seducía la unidad. Aunque todas las fuerzas armadas están al servicio de la sociedad, quizás la labor de la UME es la más evidente, la que la población identifica como más cercana. Me atraía que fuese un servicio tan cercano al ciudadano y poder estar al mando de una compañía. Además, en la UME hay muchas oportunidades de formación: en emergencias, en dirección de extinción, en riadas… Un gran abanico de posibilidades que encima pones en práctica con trabajo real porque por desgracia siempre suceden cosas. Me instruyo con las quitanieves y este invierno me tocará subir al Pirineo a limpiar rutas y evacuar a gente. Me instruyo en inundaciones y por desgracia nos tocará actuar como tocó el año pasado en Los Alcázares.

-Incendios, inundaciones, nevadas… Es un ritmo frenético en áreas muy diversas.

-Sí. Dos días antes de ir a Galicia había estado personal de todo el batallón en el incendio de Ezcaray. Hubo gente mía que repitió y se vino directa a Galicia. Cuando nos íbamos, había personal de mi batallón que todavía no había llegado de La Rioja. En el subgrupo que fue a Asturias, el que salió algo más tarde bajo las órdenes de la teniente Reynols, iban muchos que enlazaban directos.

Allí no paramos en tres días y el miércoles a las nueve de la noche, recién llegados, tuve que empezar a prepararme porque me tocaba estar de servicio de inundaciones por si ocurría algo. Y además, el fin de semana estamos preparando todo lo de las maniobras porque el lunes nos vamos a empezar la instrucción de inundaciones. El trabajo y el ritmo son muy exigentes pero a la vez es my gratificante porque estar en una unidad tan movida te obliga a exigirte mucho a ti mismo. Acaba de acabar la campaña de incendios y empieza la de inundaciones. Y luego vendrá la de nevadas y así sucesivamente. Y siempre van a pasar cosas.

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