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Perdiguera

Perdiguera: cuarenta años de milagro cotidiano a través del grifo

Perdiguera celebra este 2017 cuatro décadas de agua corriente en las casas; un complejo trasvase del río Gállego desde La Sotonera hizo posible este hecho capital para el pueblo.

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El pasado 6 de abril, Perdiguera celebró el cuadragésimo aniversario de la llegada de agua corriente y potable a sus casas. Un mes después se convocó una charla al respecto en los salones de La Casa del Parque con el actual alcalde, José Manuel Usón, el alcalde en 1977, José Cruz, y el investigador local Costán Escuer. Hasta entonces, el abastecimiento se efectuaba con bidones y cubetas en dos grandes aljibes y dos balsas en el pueblo, que se nutrían de agua de lluvia. Las casas tenían pozo negro y tinas. Antaño, el viaje a por agua era más largo: hasta las acequias de Villamayor y Peñaflor. El trasvase desde la balsa de San Mateo obró el prodigio que cambió diametralmente la vida del pueblo y dinamizó su economía.

Un año antes se habían inaugurado las piscinas locales, en cuya construcción contribuyeron directamente multitud de vecinos; cada uno aportó sus recursos o herramientas en la medida de sus posibilidades; el agua se ‘pinchó’ de un pozo cercano. "El pozo que llenó las piscinas era de agua dura, no potable, así que nos sirvió para la piscina y el campo de fútbol. El agua potable se trajo desde La Sotonera –recuerda José Manuel Usón– a través del canal de la Violada. Se conecta con la balsa de San Mateo y de ahí va a Leciñena, a la depuradora. Hasta Perdiguera, que está más alto, llega por impulsión, y desde aquí baja hasta Farlete y Monegrillo. Estros cuatro pueblos estamos hermanados en el tema del agua con una Mancomunidad. Durante todos estos años, la ganadería en general y el porcino en particular han aumentado mucho. Ahora tenemos una concesión de 3.000 metros cúbicos diarios; en verano hay verdaderos problemas por el aumento de población, así que acabamos de reunir la junta de la Mancomunidad para valorar nuevas infraestructuras, porque este año hemos tenido que tirar de cisternas".

 

 

 

Leciñena y Perdiguera están mejor que sus dos socios en este asunto. La gran meta, que ya se ha hablado con la Confederación Hidrográfica del Ebro, es crear una nueva balsa en Perdiguera que haga acopio en invierno y surta a las cuatro poblaciones en verano por medio de tuberías.

En la Expo 2008, el caso de Perdiguera y de los cuatro pueblos monegrinos mancomunados fue una de las experiencias ejemplificantes más llamativas entre los casos locales, por la explicación del aprovechamiento de recursos anterior y posterior a los trasvases. "Fue una charla interesante −afirma José Manuel− y se hicieron promesas de apoyo, pero uno siempre se queda con la sensación de que podría hacerse más". Una iniciativa local que ha salido adelante con gallardía es Ecoguaral, la finca trabajada por los hermanos Fernando y Gerardo Lavina, que trabaja con agricultura ecológica y ofrece cereal de secano, almendras, aceite, cebollas, distintas variedades de patatas y diversas hortalizas. Llevan sus productos cada matinal de sábado al Mercado Agroecológico de la plaza José Sinués de Zaragoza.

Otro enclave importante para el agua de Perdiguera es el remozado pozo de hielo, originario del siglo XVI. En su interior se guardaba el hielo cogido en las umbrías cercanas y la Balsa de la Pez (llamada así por su fondo impermeabilizado) para su distribución con fines medicinales. Los trabajos para acarrear el hielo solían realizarse ‘a vecinal’. Ahora está tapado, para evitar posibles accidentes.

En un paseo por la zona de los dos grandes aljibes que servían de punto de aprovisionamiento a Perdiguera, Usón recalca que su uso actual se circunscribe al ganado. En las cercanías se han efectuado diversas obras de mejoramiento social y urbano: un nuevo paseo, una pista de pádel, acondicionamiento de parque y merendero... además, el campo de fútbol de Perdiguera (muy cercano a los aljibes) se ha sembrado este verano y el césped está agarrando con fuerza, para que el equipo local (que milita actualmente en la Segunda Regional pueda usarlo, pronto, quizá incluso antes de Navidad.

El Rosario de Cristal

Perdiguera es pía, y tiene en el 29 de julio un día muy especial, dedicado a su patrona Santa Beatriz. En esa fecha se efectúa el El Rosario de Cristal, presidido por la Cruz de Guía. Se compone de quince faroles, coincidentes con los misterios del rosario, y dos pasos. El Rosario sale de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico mudéjar, levantada por el Maestre Alonso Lesmes a finales del siglo XV.

Entre las tradiciones sacras (concretamente, insertada en una de ellas) hay una laica muy popular: la Subida a la Bola que se celebra cada Viernes Santo. En Perdiguera hay afición a la bici, materializada en un Club Ciclista muy activo, que convoca a los entusiastas a una ascensión centrada en el Monte Oscuro (a las afueras de la localidad) coronada todos los años con una comida posterior.

Javier Arruga: el caminante que escribe lo que ve y ningunea a la rutina con éxito

Javier Arruga (Perdiguera, 1970) es antropólogo y debutó editorialmente con el libro viajero ‘En el país de los cucutes’. Cucute es el nombre local que se da a las abubillas. Arruga ganó el premio Desnivel en 2012 por su obra ‘De la montaña y el amor’. Dijo de él Antón Castro a raíz de su primer trabajo editado que es un caminante, un observador y un conversador paciente. "Allá donde va busca al paisano que le puede contar historias de cada lugar: ya sea el herrero que le recuerda cómo compró la casa solariega de los Torres-Solanot y le enseña sus piezas de forja, ya sea un cura asombroso (cureta lo llama él) que fue capaz de crear una carpintería con las gentes del pueblo, ya sea un labrador que podría tener un remoto parentesco con su propia familia o incluso se enamora de una impresionante mujer de ojos azules que es, en realidad, una sabina. A Javier Arruga todo le sirve. Atrapa la vida en pocos días. Y lo hace con un gran sentido del humor. Le gustan las palabras aragonesas, la sintaxis popular. Le gusta toparse con esos paisanos que tienen alma de filósofo y que le orientan en el camino".

El Monte Oscuro, vigía del horizonte aragonés, refugio de guerra y radar meteorológico (J. J. U.)

El llamado Monte Oscuro, a más de 800 metros sobre el nivel del mar, preside el perfil de Perdiguera. Se llamaba ‘Monti Nigro’ hace siglos por el color oscuro que, desde la lejanía, presentaba este paraje debido a la abundancia de sabinas. Es una oportunidad única en cuanto a magnitud de vistas, porque en la localidad se afirma que es uno de los sitios de Aragón donde más Aragón se divisa, dada su posición geoestratégica. Son divisables desde la cumbre la térmica de Andorra, la sierra de Guara, el Moncayo, los Pirineos... en el Monte Oscuro se asentó en la segunda mitad del siglo XII una granja cisterciense, Asteruelas, que dependía del monasterio de Juncería (margen derecha del río Gállego, entorno de la actual Villanueva de Gállego); quedan restos del asentamiento poblacional (entorno de la ermita de Santa Engracia) y de la ermita de Santa Cruz, alejada de la anterior y magníficamente ubicada en la entrada del Monte desde el casco urbano. La tradición oral dice que el Cristo de la Iglesia bajó de esas ermitas, que fueron refugio de guerra de las tropas del capitán Perena y del general Palafox en los sitios de Zaragoza, como reflejan los asientos de defunciones de la época.

LOS IMPRESCINDIBLES

La huella de Félix Navarro

El que fuera arquitecto del centenario Mercado Central de Zaragoza diseñó el edificio del Ayuntamiento de Perdiguera en 1882. Hace 31 años, en 1986, fue sometido a una rehabilitación completa, respetuosa con su esencia.

El farinoso

Un dulce típico de la zona, que puede encontrarse magníficamente hecho en El Horno de Perdiguera. Otras especialidades muy buscadas son las tortas secaneras, empanados de calabaza, dobladillos de cabello de ángel o culecas.

Agitación cultural

La Asociación Monteoscuro nació en 2010 y cada año, entre otras actividades, organiza un concurso fotográfico y numerosas charlas de contenido literariom y sociológico, con especial atención a la preservación de la naturaleza.

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