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Aragón

¿Disparo frío y a medio metro o forcejeo y tiro fortuito?

Los forenses discrepan sobre cómo se produjo el crimen de Ricla y sobre el estado mental del acusado.

El acusado, Francisco Canela Grima, delante de sus abogadas, Soraya Laborda y Laura Vela, y la fiscal, en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
El acusado, Francisco Canela Grima, delante de sus abogadas, Soraya Laborda y Laura Vela, y la fiscal, en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Oliver Duch

La tarea de los jurados que deberán decidir si Francisco Canela Grima, de 47 años, tenía o no intención de matar a Robert Racolti, de 23 años, no será fácil. El tribunal pudo escuchar este jueves a profesionales de solvencia y prestigio ofrecer versiones totalmente opuestas sobre cómo se produjo la muerte del joven. También discreparon acerca del estado mental el acusado y el dominio que tenía de sus actos en el momento del crimen, ocurrido el 10 de enero de 2016 en la bodega del acusado en Ricla.

Ambas cuestiones tienen enorme importancia, puesto que de optar por una o por otra dependerá que sea condenado a 20 o a 5 años de prisión.

En el juicio se ventila si Francisco Canela, conocido como Curro, disparó un tiro en la cabeza de su víctima cuando esta trataba de ocultarse en el baño y apretó el gatillo cuando se encontraba al menos a medio metro de distancia, como mantienen las acusaciones, o si, por el contrario, el proyectil salió fortuitamente de la pistola cuando ambos forcejeaban y Robert Ricolti trataba de quitarle el arma.

Los tres médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de Aragón que comparecieron para explicar las conclusiones de la autopsia no pudieron ser más claros: no hubo signos objetivos de forcejeo y el disparo se produjo a un mínimo de 50 centímetros.

El examen de las heridas reveló que el orificio de entrada del proyectil estaba junto a la sien izquierda, encima de la oreja, y que llevó una trayectoria rectilínea y horizontal. A su juicio, la víctima estaba enfrente del acusado, siempre mirando el arma, cuando fue alcanzada por el proyectil.

Por el estudio de los residuos, descartan que fuera a cañón tocante o a bocajarro. “No estaba tan cerca como para producir quemaduras”, expusieron. Añadieron que tampoco hallaron residuos de gases de pólvora en las manos del fallecido, lo que demuestra que no estuvo en contacto ni cerca del arma cuando se disparó.

El proyectil le causó gravísimos destrozos en el cerebro, ya que rebotó dentro del cráneo y se fragmentó en tres trozos, uno de los cuales salió por detrás de la cabeza e impactó en la pared. A pesar de que fue trasladado con vida al hospital, los daños eran irreversibles y murió al día siguiente.

Los médicos forenses Paulino Querol, José Antonio Coello y Javier Azpeitia explicaron que, además de por la distancia, descartan que hubiera forcejeo porque la víctima no tenía ninguna lesión en los nudillos, ni otros golpes o hematomas distintos a los causados por la bala. Solo apreciaron unas pequeñas heridas en dos dedos, en forma de puntitos, que atribuyeron al contacto con una cremallera.

Conclusión distinta extrajo el médico forense madrileño Santiago Delgado Bueno, que hizo su informe a petición de la defensa del acusado, a cargo del despacho Laborda Vela. El doctor habló de una lucha “cuerpo a cuerpo” y de un disparo “fortuito” que se produce en medio de la lucha, que calificó de “brutal”. Explicó al tribunal que su deducción obedece al estudio de las ropas del acusado, que tenían desgarros en las axilas, a las lesiones que presentaba Canela en un ojo, una oreja, el antebrazo derecho y en un muslo, a las que tenía Ricolti en dos dedos y a los cristales rotos de una puerta que había en la bodega.

Las discrepancias con sus colegas zaragozanos también fueron importantes respecto a la proyección de las manchas de sangre en la pared del baño donde se produjo el disparo, pero este análisis será objeto de valoración en la próxima sesión del juicio, en la que la Guardia Civil del laboratorio de Criminalística presentará un estudio en tres dimensiones del escenario del crimen.

En cuanto al estado mental de Francisco Canela, la forense Teresa Roca explicó que cuando se entrevistó con él no presentaba ningún signo de enfermedad mental ni de que estuviera bajo los efectos de sustancias tóxicas. Añadió que le llamó la atención que recordara todo tipo de detalles de lo sucedido aquel día, lo que indica que no estaba influenciado por el alcohol o las drogas, a pesar de lo que mantiene el acusado, y que era dueño de sus actos. “Estaba nervioso, ansioso, como cualquier persona que ha sido detenida por haber cometido un delito, lo que es totalmente acorde con la situación”, manifestó. En cuanto a su estado mental, señaló que no tiene patologías ni sus capacidades cognitivas disminuidas. Los análisis del cabello han revelado que consumió cocaína y cannabis en los dos meses anteriores al homicidio, pero para los expertos esos resultados quieren decir que tomó drogas durante ese periodo de tiempo, pero no sirven para afirmar si consumió o no el día de los hechos ni la cantidad en qué lo hizo.

La médico forense sí que apreció lesiones leves, típicas de lucha y defensa, y en esto fue en lo único en que coincidió con el doctor Delgado. No obstante, la fiscal apuntó después que hay testigos que aseguran que Canela fue agredido en la calle, tras el disparo, y que la Guardia Civil tuvo que reducirlo para poder detenerlo ante la agresividad que mostraba.

El psiquiatra José Carlos Fuertes, sin embargo, describió al acusado como un hombre “profundamente maduro e inestable” y “un niño grande sobreprotegido por su madre”. En su opinión, su conducta cambió a los 33 años con la muerte de su padre, momento en que empezó a abusar del alcohol y las drogas. “Tienen -dijo dirigiéndose a los miembros del jurado- un inmaduro dependiente, que bebe alcohol, fuma porros y toma cocaína. La escalada en este comportamiento le convierte en un adicto y en un enfermo mental grave. Su libertad está condicionada por el consumo de drogas”. Añadió que además hay que tener en cuenta que desde niño sufre un síndrome de déficit de atención e hiperactividad, algo que hace años se trataba con "bofetadas” y ahora se suministra medicación. A juicio del psiquiatra, que elaboró su informe a petición de la defensa, Francisco Canela sufría un trastorno mental transitorio en el momento de producirse los hechos. “Creo que estaba loco durante ese tiempo. Este trastorno es brusco en su aparición y de breve duración”, ilustró al tribunal.

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