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Aragón

Albarracín: una institución al rescate para sacar brillo a la historia

Antonio Jiménez, director gerente de la Fundación Santa María, celebra los veintiún años de actividad con el foco en la restauración patrimonial, el aporte cultural y la gestión eficaz de recursos.

Antonio Jiménez, en la puerta de la catedral de Albarracín.
Antonio Jiménez, en la puerta de la catedral de Albarracín.
Laura Uranga

A principios del pasado mes de junio se celebró en Albarracín la Asamblea Internacional de la Federación de los Pueblos Más Bonitos del Mundo. A ese club tan selecto no se entra así como así; una cosa es la belleza natural, arquitectónica o patrimonial y otra, muy distinta, la gestión que se haga de esas bondades socioculturales y estéticas que definen la esencia de un municipio. No es osado decir que la Fundación Santa María es culpable en buena parte de la repercusión actual que tiene Albarracin: veintiún años de funcionamiento han dado para hacer mucho por el pueblo, y hacerlo bien.

La Fundación Santa María de Albarracín se creó en 1996: su Patronato, que preside actualmente Vicente Guillén, está integrado por el Gobierno de Aragón, el Obispado de Teruel y Albarracín, Ibercaja y el propio Ayuntamiento de la localidad. La misión del proyecto es la gestión integral del patrimonio, que incluye la restauración (arquitectónica y de bienes muebles), el trasfondo cultural como imán de visitantes (no se busca alimentar los catálogos de los touroperadores) gracias a exposiciones, conciertos, seminarios y cursos… y la gestión directa de espacios: desde la Casa de los Pintores o la Julianeta al Palacio, los museos abiertos…

Albarracín: Una institución al rescate para sacar brillo a la historia

Al frente de la nave, como director gerente, está Antonio Jiménez. Un timonel de la tierra que derrocha entusiasmo, sigue apasionándose con las cosas como un niño y, sin embargo, acumula galones y kilometrajes suficiente para impulsar a la institución hacia nuevos retos. "Ahora mantenemos 26 empleos directos en 13 infraestructuras: no está mal para una institución que trabaja en una localidad de 1.000 habitantes. Para que todo esto funcione, además de los recursos, hay que crear buenos equipos ‘in situ’ y no es fácil aquí, hay poca gente para reemplazos. No todo el mundo está dispuesto a pasar el invierno en estas montañas: en agosto o de vacaciones se está de cine, surgen muchas ideas... pero luego hay que darles forma".

Principios académicos

Todo empezó con una escuela-taller, en los albores de los noventa. Jiménez, licenciado en Filosofía y Letras, andaba preparando su tesis doctoral y recibió una propuesta del entonces alcalde de Albarracín: presentarse a una plaza de director de esta iniciativa de formación. El dibujante Peridis había comentado en un curso que no era posible que Teruel careciera de este formato de enseñanza, y le parecía especialmente grave que un lugar mágico como Albarracín no la tuviera. "¿Y eso que es? Recuerdo -apunta Jiménez- que le dije eso al alcalde, pero enseguida me puse al día. Visité escuelas en Madrid, Guadalajara, Cuenca… casos que habían funcionado. Había que romper esquemas".

A Antonio Jiménez le brillan los ojos al recordar aquellos días. "Formar a gente joven en casa, cuando la única alternativa entonces era hacer las maletas; crearles alternativas laborales en el territorio, recuperar el patrimonio… todo podía hacerse con un solo proyecto. Cuando la escuela-taller agotó su via útil, era necesario un nuevo marco de futuro, aunque hubiera que empezar otra vez de cero. Y nació la Fundación".

Gastar lo que tienes

Jiménez se rige por un principio de gestión muy básico, que tiene que ver con la economía doméstica: gastar lo que se tiene. Gastas lo que tienes. "¿Tengo cinco? Pues trabajo sabiendo que hay cinco, no seis. Hemos estado más de cinco años con la catedral, que se inauguró el año pasado, y no era posible correr más sin trabajar mal o endeudarse. Este año acabamos la capilla del Pilar, con su retablo mayor y sus cinco grandes lienzos. Con el actual curso de restauración de metales se va a actuar en las puertas de la catedral; también hay intercambios vacacionales de la Universidad de Granada, y también seguimos trabajando en la ermita de Carmen".

Jiménez sabe que una institución tan laureada siempre estará en el punto de mira de los críticos. "En 21 años hemos invertido 6 millones de euros en restauración de patrimonio, y creo que se han hecho rendir bien: más de 30 actuaciones en inmuebles, casi 1.400 en bienes muebles, 1.300 restauradores empleados. ¿Yo? Estoy todo el día -sonríe pícaro- pidiendo para la Fundación, es una de mis funciones, pero los resultados hablan por sí solos. El apoyo turístico, con las visitas guiadas al castillo y la catedral; la estructura de congresos, que no buscamos de manera directa y se ha consolidado sola, el apoyo al pequeño comercio y la hostelería... son muchas cosas, y queda mucho por hacer".

Premios varios, admiración de la realeza y respeto máximo desde la élite académica

La Fundación Santa María es una de las instituciones más laureadas de Aragón en los últimos años. "No nos podemos quejar -bromea Jiménez- porque Aragón nos quiere mucho, a pesar de nuestro caracter serrano". Hay tres que destacan: en 2014 llegó el premio Hispania Nostra por la tarea de conservación del patrimonio como factor de desarrollo económico y social; un año antes, el Gobierno de Aragón le había concedido la Medalla al Mérito Turístico. En 1996, gracias a la restauración del antiguo Palacio Episcopal de Albarracín -sede de la Fundación- llegó el premio Europa Nostra.

Hay otros detalles en el historial de la Fundación que dejaron huella. Don Felipe de Borbón y Doña Letizia, entonces Príncipes de Asturias, visitaron en 2004 el Museo Diocesano en su viaje de bodas. En 1995, Su Majestad la Reina Doña Sofía inauguró la restauración del Palacio Episcopal. Del lado académico, la Universidad Complutense ensalzó a la Fundación por su papel entre el desarrollo turístico en el medio rural fundamentado en la gestión de patrimonio y la agitación cultural.

Otros elementos básicos en la fotosíntesis cultural y formativa del entorno local

Julio Llamazares recorrió hace casi una década las catedrales del norte de España, y tildó a la de Albarracín como una de las más pobres. La Fundación le invitó a comprobar los progresos de los últimos años, el escritor acudió... y se sumó automáticamente a la causa de la institución serrana. José María Ballester, que obtuvo la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en diciembre pasado, es otro de los valedores de la Fundacion. El pintor Antonio López, poco amante de los desplazamientos casuales, también visitó Albarracín recientemente, atraído por el ingente patrimonio y el hervidero de actividad cultural. En el terreno de los cursos y encuentros profesionales de la Fundación, el fotorreportero y periodista de HERALDO DE ARAGÓN Gervasio Sánchez trae cada octubre a la sierra a lo mejor del gremio fotográfico; los cursos de ilustración y diseño que llevan Isidro Ferrer y Carlos Grasa convierten aualmente a Albarracín en la capital de estas disciplinas; en música, la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) ha realizado frecuentes estancias lectivas en el pueblo, y en el área de congresos son ya una nueva tradición los encuentros de la judicatura.

LOS IMPRESCINDIBLES

La Casa de la Julianeta

Data del siglo XIV y es, sin duda, uno de los puntos emblemáticos de pueblo, por su inquietante inclinación.Está en el ángulo de dos calles empinadas, la del Portal de Molina y la de Santiago. Ahora es residencia de la Fundación.

Influencia en los Baroja

Los hermanos Baroja, Ricardo (el pintor) y Pío (el novelista), tienen vestigios directos de Albarracín en sus respectivas obras. En el caso de Pío, la referencia al pueblo y otros puntos de la comarca está en ‘La nave de los locos’ (1927).

Las maderas

En la entrada a Albarracín desde Teruel está la zona conocida como ‘las maderas’, que albergó en su día a un buen número de aserraderos y constituyó (ahora ha bajado el negocio) un pulmón económico y laboral del pueblo.

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