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Aragón

Alcañiz: 'Campanetas' y 'Pepinero', el pulso entre caballeros

La rivalidad entre los pilotos locales Mariano Sánchez y Ángel Martínez ejemplifica el espíritu que presidió durante décadas las carreras de automóviles en el circuito urbano de Guadalope.

Ángel Martínez, con algunos de sus vehículos
Ángel Martínez, con algunos de sus vehículos
Laura Uranga

El 11 de septiembre de 1965, el doctor Joaquín Repollés encabezó en Alcañiz el esfuerzo de un grupo de entusiastas de las carreras con la celebración de la I Prueba Automovilística 'Virgen de los Pueyos'. El trazado, urbano, se bautizó como Circuito Guadalope. Al año siguiente, la iniciativa encontró un soporte organizativo en el Real Automóvil Club Circuito de Guadalope (RACCG); ahí comenzó a escribirse la historia del Premio Ciudad de Alcañiz, que hasta 2003 llenó de pasión por el motor las calles de la villa bajoaragonesa. Fueron 33 ediciones con un desfile de estrellas nacionales, desde los pilotos de Fórmula 1 Luis Pérez Sala, Emilio de Villota o Gabriele Tarquini al mando de diversos bólidos a las espectaculares barquetas (monoplazas deportivos de chasis ligero y gran caballaje) de Juan Fernández, poseedor del récord del circuito... o el propio Carlos Sainz, doble campeón mundial de rallies.

El sueño terminó en 2003, al tiempo que tomaba forma lo que luego sería Motorland. No obstante, los nostálgicos del 'Guadalope' aún añoran aquellas carreras, con diversas pruebas que iban desde la categoría 'open' a las copas monomarca. Dos de los pilotos locales que más veces compitieron allá son Ángel Martínez 'Pepinero' y Mariano Sánchez 'Campanetas'.

'Campanetas' y 'Pepinero', el pulso entre caballeros

La suya fue una de esas rivalidades prolongadas que, a diferencia de lo que se ve actualmente en las grandes carreras, nunca se extendió a su relación personal, ni dentro ni fuera de la pista; ambos recuerdan que nunca tuvieron un problema serio en ella, ni toques ni maniobras ilegales: solamente conducción al límite y hambre de victoria.

Se lleva en la sangre

"Yo subí a trabajar a Alcañiz -recuerda Sánchez- y mi vida han sido siempre los coches. En 1977 corrí por primera vez, con un 127 que prepararé personalmente. Luego llevé un Fiesta, un ZX... diez o doce más: para estrenar Motorland, un León oficial que ahora lleva mi hijo David. Fui cada año a competir, en diferentes categorías, hasta en 2003, exceptuando el parón por el accidente de 1985. Ya no compito, hice muchas subidas y rallies; ahora voy de vez en cuando a Motorland a dar unas vueltas. Echo cosas de menos: los aplausos, el podio, el laurel (ríe). Con Ángel nunca hubo una mala palabra, aunque la gente hablara tonterías".

Jesús Baquero, actual presidente del RACCG, es consciente de que ahora mismo sería casi utópico un rescate de las carreras urbanas en Alcañiz, debido a las nuevas normativa de seguridad y a lo exigente de aquél trazado de 3.890 metros, pero reivindica su legado. "Cuando se acercaba el 50 aniversario de la puesta en marcha de las carreras, preparamos distintos trabajos de recordatorio, el detalle del guardarraíl original en la línea de meta de la Avenida Aragón y la línea de meta pintada a cuadros. También hay iconos en puntos clave del recorrido".

La cantera necesita impulso. "Hay chavales con ganas, pero la juventud -apunta Sánchez- no se entusiasma por los coches como hace veinte años, la crisis ha afectado: es un deporte exigente económicamente. Pero... en nuestros años, con 100 caballos ya disfrutabas en carrera, mientras que en un circuito como Motorland necesitas al menos 250".

"Es que es otro sentimiento -corrobora Baquero- porque correr entre guardarraíles y saber que el más mínimo error te podía dejar fuera de carrera no tiene nada que ver con un trazado de velocidad fuera de las calles: en el Guadalope se iba al cien por cien, sobre todo los de casa, que se las sabían todas".

En 1985, un piloto se salió en la curva del Portalón y atropelló a varios espectadores: uno de ellos murió. A pesar del lógico duelo, Alcañiz se volcó con las carreras al año siguiente. por aclamación popular. Cuando en 2003 ya llegó el punto y final, emergió la ilusión de Motorland. "Que esté en Alcañiz es algo muy bonito, por la tradición de motor que tenemos -afirma Baquero- y creo que nos seguirá dando alegrías. No sabemos lo que tenemos".

Ángel Martínez, como Mariano, sigue en activo dentro del mundillo desde el lado técnico con su taller de reparación a la entrada de la ciudad: los viejos rivales trabajan muy cerca el uno del otro. La saga ‘pepinera’ también continúa con los hijos del piloto, que comparten la pasión del padre por las tuercas, las bielas y las carrocerías. Su amigo y vecino de hangar Emilio Sánchez también profesa devoción por el mundillo, con nombres y apellidos automovilísticos de rancio abolengo: un Humveed de 1929, un Citroen C4 de los años 30...

Martínez valida las palabras de su gran rival. "Con Mariano he competido en Guadalope, también en los karts... y nunca cruzamos ni un retrovisor, a pesar de que íbamos con el cuchillo en a boca. Todo lo que te cuente es poco, lo pasábamos en grande. Yo empecé preparando un Fura para un amigo, Siro Calvo; al final lo llevé yo por ofrecimiento suyo, en 1987, y ya no paré. Luego fui doce años con un R5 Turbo, y después hasta el final con un Megáne de la copa monomarca. Luego, mis hijos y yo hemos disfrutado con el Clío, incluso vamos a echar algunas tandas a Motorland, pero la competición se acabó:es muy sacrificado... y caro".

Al rescate

A Ángel le pierde su pasión, y le dedica con gusto los ratos libres que le dejan el trabajo diario de reparación y mantenimiento. "Después de tantos años, tengo muchos contactos que me avisan de buenas oportunidades. Por ejemplo, tengo un biscúter que recuperamos por completo: lo mismo ocurre con el Isetta, hay apenas nueve en España. Al Alpine le tengo muchísimo cariño... en fin. Y ojo, también hay ahí atrás un tractor de casi un siglo, que es una joya y que hemos cuidado sin actualizar su imagen: no todo son coches de carreras".

Con colecciones como las de los dos viejos rivales, su amigo Sánchez u otras -Martínez cita a Ramón Magriñán- se baraja la posibilidad de hacer un museo automovilístico en Alcañiz. Baquero también expresa ese deseo. "La ilusión que tiene ahora el Club es poder armar un espacio museístico para que los visitantes del la ciudad y la gente más joven, que no vivió aquellas carreras, tenga información de primera mano sobre lo que se hizo, que se valoren las cosas y se entienda de dónde viene la esencia que hizo coherente la llegada de Motorland". El ‘presi’ y los dos veteranos del volante comparten brillo en los ojos al hablar de su añorado circuito urbano, envidiado durante décadas en otros puntos de España, el Mónaco ibérico. Un brillo de los que se heredan...

LOS IMPRESCINDIBLES

Parador en el Castillo

El suntuoso Castillo de Alcañiz alberga uno de los mejores representantes de la Red Nacional de Paradores. La vista es el primer valor del emplazamiento; la gastronomía y los detalles van a continuación. Un lugar de ensueño.

Motorland: un sueño

En 2003 comenzó a tomar forma la idea: en 2006 llegaron las competiciones en los circuitos de karts y ‘offroad’. En 2009 se inauguró el circuito de velocidad, con las pruebas de Moto GP y las Renault Series como luminarias.

Aceite del Bajo Aragón

La denominación de origen aceitera de la comarca engloba a una treintena larga de marcas de extraordinaria calidad y mucha salida en el mercado nacional e internacional. En Alcañiz están las Reales Almazaras, Aneba y Vicoliva.

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