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Heraldo Joven

Nunca es tarde para empezar a bailar

Cada vez son más los que se animan a disfrutar de la danza y también los que se enganchan a esta modalidad artística tan beneficiosa para la salud.

Entre otros beneficios, el baile ayuda a mejorar la concentración y la disciplina.
Entre otros beneficios, el baile ayuda a mejorar la concentración y la disciplina.

Nunca es tarde para hacer lo que nos gusta, y aunque a veces la vergüenza o los propios prejuicios retrasen el momento de hacerle frente, al final, con un poco de valor, todo llega. El baile es una de esas modalidades que encantan pero que, cumplidos unos años, muchos se ven incapaces (aunque se mueran de ganas) de aprender, pues el qué dirán o la sensación de ridículo los tienen muy presentes. Sin embargo, la danza tiene múltiples beneficios para nuestro cuerpo y mente independientemente de la edad que se tenga.

Cinco motivos para bailar y dejar de lado la vergüenza

Uno de los principales motivos, y puede que uno de  los más importantes, es por la alegría que contagia esta modalidad artística. Cierto es que al principio hay que esforzarse y aprender los pasos básicos para poder hacer las primeras coreografías pero, una vez interiorizados, solo queda disfrutar de la música y de los pequeños avances que se han conseguido. Metas diarias que nos harán sentirnos más fuertes, seguros y confiados, y que ayudarán a que cada clase sea aún más divertida y agradable. Si algo bueno tiene la felicidad, es que ayuda a ahuyentar los problemas, aunque sea durante unas horas. La danza es, para conseguirlo, la actividad ideal, ya que permite desconectar de la rutina debido a la concentración que exigen los calentamientos y las coreografías. Además, después del ejercicio muchos de los quebraderos de cabeza que nos rondan parecerán coger distancia y podremos enfocarlos desde otra perspectiva más positiva, dándoles, incluso, solución. Al bailarín (sea profesional o amateur) se le reconoce por la elegancia y el estilo que pone en cualquier tarea diaria (ya sea caminar o coger una taza de café), y eso es gracias al trabajo físico que requiere su práctica. Ayuda a ganar flexibilidad, a aprender a controlar todos los grupos musculares, aumenta la fuerza de nuestro cuerpo y la resistencia… Múltiples beneficios que repercutirán directamente en nuestro físico y nos ayudarán a sentirnos muy bien con nosotros mismos; pero también serán internos: un corazón más fuerte y una memoria más entrenada. Después de pasar horas y horas frente al espejo de la clase de baile ensayando cada paso, los complejos y temores físicos comienzan a desaparecer. Cada día de ensayo hay una mejora física: músculos más tonificados, posturas más erguidas, más amplitud de movimiento y agilidad… El baile enseña al bailarín a querer su cuerpo, pues, al fin y al cabo, es la herramienta principal para poder disfrutarlo. Bailando aprendes a conocer tu cuerpo, y es que esta modalidad no se trata de imitar y repetir hasta la saciedad cuatro movimientos mecánicos: cada paso es un mundo y hay que encadenarlos hasta conseguir un total fluido y artístico, que sea capaz de transmitir todo lo que el bailarín siente o quiere. De este modo, podremos descubrir cuáles son nuestras flaquezas, pero también nuestras virtudes, y trabajarlas en la medida en la que consideremos necesario.Ir al suplemento de Heraldo joven

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