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Aragón

Sabiñánigo llora a Naiara, la niña que pagó con su vida la ira de un psicópata

El asesino confeso cumple su primera semana en prisión, donde podría pasar el resto de su vida en caso de condena. Los investigadores tratan de componer un puzle que no tiene precedentes en la historia criminal de Aragón. El padre biológico, que vive en Chile y no veía a su hija desde hace 5 años, ejercerá la acusación particular.

Cientos de vecinos condenaron en la calle el horrendo asesinato.
Cientos de vecinos condenaron en la calle el horrendo asesinato.
Verónica Lacasa

Iván Pardo Pena cumple hoy su primera semana en prisión. Y todo apunta a que será la primera de muchas, porque si el jurado que habrá de juzgarle por el atroz crimen de su sobrina Naiara lo condena por asesinato podría pasar el resto de su vida entre rejas. La pequeña vecina de Sabiñánigo tenía tan solo 8 años, y para los casos de víctimas que no han cumplido los 16 el Código Penal contempla ahora la pena de prisión permanente revisable. De hecho, este sería el primer caso en el que se aplicaría este castigo en Aragón desde que entró en vigor la reforma legal de 2015.

Cuando los sanitarios del 061 se presentaron el pasado 6 de julio en la casa de este hombre de 33 años –de profesión vigilante y que aún vive con su madre, viuda de guardia civil– les contó que su sobrina –hijastra de su hermano– había sufrido un accidente. Según este, la niña estaba pasando unos días en su casa y se había resbalado por las escaleras cuando jugaba con sus primas, de 12 y 15 años y de las que la abuela tenía la tutela. Pero aquella primera versión no se sostuvo ni 24 horas, ya que la extrema gravedad de las lesiones que presentaba la menor apuntaba a un origen mucho más violento. Lo que nadie podía imaginar en ese momento era el calvario al que Iván Pardo había sometido presuntamente a una sobrina de la que se ha sabido después que renegaba y a la que repetía que no era de su familia.

Como adelantó HERALDO, mientras la pequeña agonizaba en el hospital Miguel Servet de Zaragoza –al que fue trasladada de urgencia en helicóptero–, la Guardia Civil detenía a su tío en Sabiñánigo como supuesto responsable de las lesiones. Aunque este había dicho el día anterior que Naiara se había caído, no tardó en reconocer a los agentes que aquel supuesto accidente era en realidad un acto de puro sadismo. Porque eso fue lo que constataron los investigadores durante la reconstrucción de los hechos practicada ese mismo viernes durante más de tres horas. De hecho, fue en el transcurso de esta diligencia cuando la Guardia Civil supo que la niña acababa de fallecer y comunicó a Iván Pardo que pasaba a ser investigado por asesinato.

Con frialdad y sin derrumbarse en ningún momento. Así relató el homicida confeso cómo transcurrieron las horas que tuvo encerrada a la menor en una habitación de la casa, sometiéndola a todo tipo de torturas.

Llegó de trabajar a las 8.00

El vigilante trabajó durante la madrugada del 6 de julio, por lo que no fue hasta las 8.00 cuando llegó al domicilio familiar, en el número 12 de la calle de Yebra de Basa. Cuando lo hizo, su madre ya se había ido a trabajar a la vecina localidad de Escarrilla, por lo que en la casa solo quedaban las tres menores. Todo apunta a que, nada más regresar, Iván Pardo sacó de la cama a Naiara y comenzó a infligirle toda una suerte de castigos. Según una de las primas de la víctima, las torturas se prolongaron hasta las 11.00, cuando el tío salió del cuarto y les amenazó con hacerles daño si contaban algo. Porque parece que las menores escucharon lamentarse a su prima pequeña y le preguntaron qué estaba pasando.

Las consecuencias de aquella brutal e inhumana agresión ya se conocen. La niña tenía el bazo roto, las rodillas en carne viva y golpes y magulladuras por todo el cuerpo, pero fue el edema cerebral que sufrió como consecuencia de una larga parada cardiorrespiratoria el que pudo provocar el fatal desenlace. La razón de esta anoxia se vincula con el largo tiempo que el tío tardó en pedir asistencia médica, aumentado el sufrimiento de su sobrina. En cualquier caso, será el informe de la autopsia el que confirme este extremo y concrete los padecimientos a los que el presunto asesino sometió a Naiara.

Con el atestado de la Guardia Civil en la mano y tras escuchar cómo Iván Pardo Pena volvía a confesar el horrendo crimen, la juez de guardia decretó a última hora del 8 de julio el ingreso en prisión provisional sin fianza del sospechoso. Por cuestiones logísticas, no fue hasta el pasado domingo cuando este llegó a la prisión de Zuera, a la que accedió tranquilo y como si no hubiera sucedido nada.

Sin signos de arrepentimiento

Los responsables del centro penitenciario pusieron un preso de apoyo a Iván Pardo para evitar un posible intento de suicidio. Sin embargo, todo apunta a que este no ha mostrado ningún signo de arrepentimiento o sentimiento de culpa. De hecho, no se descarta que el investigado pueda terminar retractándose de lo dicho y dando una nueva versión de lo sucedido. De momento, el vigilante sigue asistido por un abogado de oficio, pero el foco mediático ha hecho que el ya conocido como caso Naiara cobre notoriedad y en cualquier momento podría aparecer un letrado que le plantee una nueva posibilidad de defensa.

El que ya ha anunciado su intención de ejercer la acusación particular es Manuel Briones, padre biológico de la menor. El hombre, que tiene 30 años y vive en Chile, no veía a su hija desde los 5 años, pero asegura haber aceptado el ofrecimiento del abogado Marcos García Montes para llevar el caso. La madre de la víctima, que agradecía esta semana la solidaridad de los vecinos de Sabiñánigo y negaba cualquier maltrato previo a la menor, se personará también en la causa.

La que sigue trabajando para componer todas las piezas de este complejo puzle es la Policía Judicial de la Guardia Civil, que se afana en no dejar cabos sueltos que faciliten una escapatoria al presunto asesino. Sobre todo, porque aunque podría creerse que con la confesión del detenido el caso está resuelto, son todavía muchas las pruebas e interrogatorios por practicar. Aunque posiblemente ninguno explique cómo pudo suceder algo así.

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