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El Cabo de Andorra, un poblado íbero en el que moldear la historia

El parque arqueológico ubicado en la localidad turolense cuenta desde el pasado mes con un horno destinado a la cocción de piezas cerámicas construido por el ceramista Javier Fanlo.

Poblado íbero de El Cabo
Poblado íbero de El Cabo

El poblado ibérico de El Cabo está formado por un conjunto excavado en 1999 por José Antonio Benavente y Fernando Galve, en una zona afectada por una explotación minera a cielo abierto, en Andorra. Benavente y Galve propusieron el traslado de los restos más significativos al cerro de San Macario, donde actualmente se ubica este parque arqueológico en el que desde hace mas de tres lustros se recrea a escala natural parte de este asentamiento el que además tiene cabida la arqueología experimental.

El núcleo de población tuvo su origen a mediados del siglo V a. C. y contaba con una calle central con cerca de 50 viviendas dispuestas en torno a esta vía, con un superficie media de 25 metros cuadrados cada casa. Otros espacios de mayor tamaño se encontraban en la zona más elevada del poblado, protegidos por una muralla y destinados a almacén y vivienda de la principal familia del asentamiento.

En el actual emplazamiento se proyecta abrir en breve un centro de visitantes que contribuirá a que este espacio se convierta en un nuevo reclamo turístico para la zona. A ello también se suma la organización de diversas actividades a cargo de un grupo de voluntarios que se encarga del mantenimiento del poblado, como la jornada de puertas abiertas que tuvo lugar el pasado mes de junio, y en la que se construyó un horno de leña para dar a conocer cómo se elaboraba la cerámica durante este periodo.

“Construir un horno ibérico lleva su tiempo porque además las dimensiones eran muy grandes y era imposible terminarlo en un fin de semana. Y por ello planteé otra posibilidad. -explica el ceramista Javier Fanlo-. He trabajado mucho sobre esa época, conozco técnicas antiguas de construcción y decidí que sería más apropiado fabricar un horno como los que vi durante un viaje a Argelia. Los utilizaban las alfareras bereberes para cocer de manera sencilla y funcionan de manera similar a los hornos primitivos que empezaron a usar los íberos. Y así lo hicimos”, cuenta.

“El sábado por la tarde estuvimos elaborando las piezas y al día siguiente se realizó su cocción. Todo fue muy rápido pero salió bien. En el ámbito de la arqueología experimental se sigue un método y se extraen unas conclusiones a partir de modelos copiados de réplicas de piezas de la época que se investiga, -explica Fanlo-. Pero para llegar a realizar un determinado tipo de piezas lo primero que debe hacerse es aprender el oficio, porque difícilmente se llegará a una conclusión si no se conoce la tecnología con que se han elaborado", apostilla.

Fanlo añade que “en el periodo ibérico se da una convivencia entre las piezas que se elaboran a mano y las que se realizan con la ayuda del torno. La forma manual disminuyó en función de la tecnología”. El ceramista señala que esto también hace necesaria una cierta especialización, dominar las técnicas de trabajo y de cocción de las piezas, conocer un oficio que no es fácil y que requiere un aprendizaje”, concluye.

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