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Juan José Omella: "Tengo claro que los bienes deben volver a Aragón"

El turolense Juan José Omella, recién nombrado cardenal por el Papa, dice que "la otra parte" debe tener la misma convicción que Aragón para que entregue las obras de arte.

El arzobispo de Barcelona, el turolense Juan José Omella, será nombrado cardenal por el Papa el 28 de junio.
Juan José Omella: "Tengo claro que los bienes deben volver a Aragón"
LLUIS GENE/AFP PHOTO

Con usted y Santos Abril, de Alfambra, Teruel cuenta con dos cardenales en activo. ¿Simple casualidad?

Es una alegría para Teruel tener dos cardenales, pero solo es una coincidencia. No creo que haya ninguna intención en este hecho ni que el Papa, al nombrar cardenales, mire de dónde son.

¿Pueden influir dos cardenales en beneficio de la provincia?

No, para eso están los políticos y las asociaciones civiles. Nuestro trabajo es eclesiástico, aunque también trabajamos en la acción social y por el bien común. Santos Abril está en Roma y yo en Barcelona, pero si podemos echar una mano a nuestra tierra de origen, se la echamos.

¿Es compatible ser la voz de la Iglesia catalana, a la que usted representa, y de la aragonesa, a la que pertenece por origen y trayectoria?

Yo me encargo de la diócesis que me han encomendado, en la provincia eclesiástica de Barcelona. Aragón tiene su propia organización. Podemos colaborar pero cada cual trabaja en su ámbito. Yun cardenal está por encima de demarcaciones. Es un colaborador directo del Papa. No representa a ningún territorio.

¿Se considera una persona cercana al Sumo Pontífice?

Todos los obispos tenemos contacto directo con el Papa, somos sus colaboradores. No tengo un trato privilegiado con él.

¿Se siente en sintonía con los nuevos aires que impulsa el Papa en la Iglesia católica?

Sí. Comparto la nueva evangelización del Papa Francisco, que dice que tenemos que estar cerca de la gente y caminar con ella. Da una imagen muy acertada del obispo, que describe como un pastor que debe estar delante del rebaño, en medio y detrás. Es decir, tiene que estar con la gente como ocurre con los curas de pueblo, no encerrado en un palacio.

¿La Iglesia se había distanciado del pueblo?

Siempre es necesario el acercamiento para ser un buen pastor. Si el pastor se queda en casa, sus ovejas se pierden o se las comen los lobos. Es necesario estar con el rebaño ahora y siempre. Aunque a veces la cercanía depende del carácter de cada cual.

¿Distancian de la sociedad las reiteradas denuncias de abusos a menores por parte de religiosos?

Siempre ha habido pecados en la Iglesia, porque también los curas somos pecadores. Pero hay pecados más graves, como este, que escandalizan más y que estaban un poco tapados. Al descubrirse, no se pueden tolerar porque las víctimas son niños y es un hecho gravísimo. El Papa ha dicho que esto no se puede permitir. Pero no es un pecado exclusivo de los sacerdotes. Los abusos se dan entre los maestros, los médicos y en todas las profesiones. Los periodistas focalizan el problema en los sacerdotes, y yo lo entiendo porque los religiosos tenemos que dar testimonio del Evangelio y de santidad, pero el pecado forma parte de nuestra vida. Eso no significa que no estemos radicalmente en contra de estos casos. Alabo al Papa por decir que esto hay que cortarlo y pedir perdón.

¿La Iglesia ha pecado de permisividad?

¿La sociedad ha pecado de permisividad?, pregunto yo. Todos somos causa y víctimas de este ambiente que se ha creado en la sociedad. La Iglesia tiene que hacer un esfuerzo, que es lo que pide el Papa, pero también hay que actuar en la familia, en la escuela... Es un problema a afrontar entre todos.

¿Le preocupa la situación política catalana, marcada por las tensiones soberanistas?

Los obispos catalanes hemos escrito hace unos días un documento en el que pedimos un esfuerzo de diálogo para evitar la confrontación y que se tengan en cuenta todas las opiniones para caminar todos juntos.

¿Emitir esta nota colectiva indica que la Iglesia catalana está alarmada?

Los gozos y los sufrimientos de la gente de nuestra sociedad son los gozos y los sufrimientos de la Iglesia. Nos preocupa lo que preocupa a la gente.

¿Quedan resquicios para un acuerdo entre el Estado y Cataluña?

Nosotros pedimos diálogo, pero se trata de un problema político más que eclesiástico. Yo no tengo las respuestas porque si las tuviera sería político. Como Iglesia, los obispos pedimos, por favor, diálogo y concordia por el bien común.

¿Como aragonés catalanoparlante, cabeza de la iglesia catalana y ahora también como cardenal, mediará para resolver el viejo conflicto de los bienes aragoneses retenidos en Cataluña?

Hacemos lo que podemos. Trabajamos para que haya paz y diálogo. Ojalá se puede resolver. Es un tema que llevan directamente los obispos de Barbastro y Lérida, pero, siempre que mi palabra pueda ayudar a resolver la situación, ayudaré. Me gustaría que lo más rápido posible llegara una solución. Lo deseo.

¿Y cuál es la solución?

El retorno de los bienes a Aragón, pero lo que yo tengo claro también lo tiene que tener la otra parte. Es un tema que se arrastra durante tanto tiempo que uno duda entre echarse a reír o a llorar. Es un problema difícil y requiere tiempo.

¿A pesar de este largo conflicto entre las dos comunidades, se ha sentido bien acogido por la Iglesia catalana?

Sí, sí. Estoy muy contento con la acogida. Siempre ha habido muy buena relación y sintonía entre Aragón y Cataluña y yo lo he experimentado personalmente. No he detectado ningún rechazo, sino al contrario. Estoy muy a gusto. Saben que no soy catalán pero dicen: ‘Como usted es de la Franja, nos entendemos bien’. Los catalanes son acogedores y buena gente.

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